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La gran ampliación de la UE cumple 20 años de éxitos y riesgos

Bernardo de Miguel

9 de Mayo de 2024, 07:18

El pasado 1 de mayo se cumplieron 20 años de la gran ampliación de la Unión Europea, la respuesta geoestratégica de Europa (y EE UU) al fin de la guerra fría, el desmoronamiento de la Unión Soviética y el inicio del declive de Rusia como potencia mundial. El club europeo absorbió de golpe en 2004 a 10 países y sumó otros dos en 2007, la mayoría de ellos salidos de la órbita de Moscú.  
 
La UE había tardado casi cuatro décadas en pasar de los seis socios fundadores a 15. Pero la rápida expansión hacia el Este engulló a toda prisa hasta 12 países (Polonia, Hungría, República checa, Eslovaquia, Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania, Chipre y Malta en 2004; y Rumanía y Bulgaria en 2007), aumentó la población de la UE en unos 100 millones de habitantes, dobló el número de lenguas oficiales del club (de 11 a 22) y llevó las fronteras europeas hasta extremos orientales impensables en el momento de la fundación en 1958.
  
España, que se había incorporado en 1986, apoyó la ampliación, pero siguió con gran expectación la llegada de unos socios que, por nivel de renta, costes salariales y estructura económica, podían convertirse en peligrosos competidores en la atracción de inversión, en el desembolso de los fondos estructurales y por las ayudas agrícolas. Para Bruselas, en cambio, España era un modelo de éxito de incorporación que podría servir de espejo para los recién llegados, en particular, para una Polonia que hace 20 años tenía un tamaño similar de población (unos 39 millones de habitantes). 
 
Varsovia veía a España hasta tal punto como el socio más similar que durante la negociación en el año 2000 del Tratado de Niza, cuatro años antes de la ampliación, el gobierno polaco seguía al dedillo los regateos del ejecutivo de José María Aznar para el reparto de poder en la nueva UE ampliada. Polonia partía de que el poder que obtuviese Madrid marcaría el que ella tendría, como así ocurrió (ambos países contaron con 27 votos en el Consejo hasta que entró en vigor el Tratado de Lisboa). 
 
El tiempo, sin embargo, ha mostrado que la posición española no estaba tan en peligro como se pensó. España sigue siendo la segunda mayor receptora de ayudas de la Política Agrícola Común, por detrás de Francia. Polonia ha pasado a ser el principal destino de los fondos estructurales, pero España sigue llevándose un enorme pellizco y ha continuado como receptor neto (los que reciben más de lo que ponen) al menos hasta 2021.  
 
El indudable éxito económico de Polonia tampoco ha puesto en peligro por ahora la capacidad de influencia de España en Bruselas, en gran parte porque Varsovia se embarcó durante varios años en una travesía del desierto euroescéptico de la mano de Kaczynski. El estancamiento de la población polaca también le ha restado peso de voto en el Consejo, porque desde 2014 es proporcional a la población y Polonia sigue en unos 38 millones de habitantes mientras que España supera los 48 millones. Por la misma razón, en las elecciones al Parlamento Europeo del próximo 9 de junio España elegirá a 61 eurodiputados y Polonia a 53. 
 
La Comisión Europea también asegura que España, como el resto de socios veteranos, ha salido muy beneficiada económicamente con la gran ampliación. Y lo ilustra con un dato: las exportaciones españolas a los 10 países que ingresaron en 2004 se han doblado desde entonces
 
El balance histórico de la gran ampliación aún está por escribir y deberá añadir el epílogo de las aspiraciones de integración de Ucrania y de los países balcánicos aparcados en la lista de espera. Pero dos décadas después de la mayor ampliación de la UE se puede concluir que los beneficios de la apuesta han compensado en términos de estabilidad geopolítica para el continente y de prosperidad para los nuevos miembros.  
 
Pero el club también ha perdido por el camino parte de su cohesión política y se enfrenta a graves derivas autoritarias en su seno. En el terreno económico se ha quedado muy atrás en relación con EE UU y ve acercarse a China a pasos agigantados, pero esa caída en el podio mundial tiene más que ver con problemas estructurales europeos y con la pésima gestión de la crisis del euro (2010-2012) que con la llegada de savia nueva del este. 
 
De hecho, la Comisión Europea asegura que la adición de nuevos socios “ha impulsado el poder económico de la UE a nivel global”. El crecimiento del mercado interior ha aumentado el atractivo de Europa como destino de la inversión internacional. Y el comercio de la UE con el exterior ha aumentado 3 billones de euros desde 2004 hasta alcanzar un total de 5 billones de euros en 2023, según los datos de la Comisión. 
 
En las últimas dos décadas, además, los socios recién llegados han gozado de una convergencia económica envidiable para los países que esperan desde hace años ingresar en el club. La media de PIB per cápita de los 10 países que llegaron en 2004 se ha disparado desde un 59% de la media de la UE hasta el 81%. Polonia, el país de mayor tamaño de los incorporados, ha crecido una media anual del 7% de manera prácticamente ininterrumpida.  

La diferencia entre la suerte que espera dentro o fuera del club se hace patente en la frontera entre Polonia y Ucrania. Ambos países tenían el mismo PIB per cápita cuando cayó el muro de Berlín, unos 1.500 dólares, según el Banco Mundial. En 2021, un año antes de la invasión rusa de Ucrania, Polonia rebasaba la barrera de los 18.000 dólares y su vecino del este seguía por debajo de los 5.000. El territorio ucraniano soporta además desde hace más dos años largos los bombardeos, la matanza de civiles y la destrucción de infraestructuras esenciales, lo que condenará al país a un atraso aún mayor.  
 
Ucrania cuenta con la esperanza de una pronta adhesión cuando el presidente ruso, Vladimir Putin, ponga fin a su agresión. Alemania, que fue la gran impulsora de la ampliación de 2004, ya ha puesto en marcha los motores para la incorporación de Ucrania y de hasta otros siete países del este y de los Balcanes. “No debemos dejar escapar la oportunidad de agrandar y reforzar nuestra Unión y así hacerla más segura” ha afirmado Annalena Baerbock, la ministra alemana de Exteriores. 
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