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ÁLVARO GARCÍA

Un día con Gabriel Zucman hablando de impuestos

Miguel Otero Iglesias

8 mins - 29 de Febrero de 2024, 07:00

Uno de los aspectos más injustos del proceso de globalización de los últimos 40 años es la evasión y la elusión fiscal, en gran parte, a través de los paraísos fiscales. Ya lo decía en los años 1990 Susan Strange, una de las fundadoras de la disciplina de la economía política internacional, en sus libros Casino Capitalism y Mad Money. Los paraísos fiscales son un cáncer porque, por un lado, generan enormes desigualdades y, por otro, menguan los recursos de los estados para proporcionar los bienes públicos necesarios para una sociedad estable y próspera. Algunos por lo tanto lo tenemos claro. Si queremos combatir el proteccionismo en ciernes – solo hace falta ver las tractoradas en media Europa estos días – y preservar una economía global abierta, basada sobre un nuevo contrato social más justo, tenemos que combatir la evasión y elusión fiscal.

Así lo cree también Gabriel Zucman. Uno de los economistas más brillantes de la generación del milenio. Hace poco vino a Madrid a presentar el último informe de su equipo a Elcano y en el IE y tuve la oportunidad de pasar un día con él (comida y cena incluidas) hablando de impuestos. Algunos pensarán: ¡qué tostón! Pues para nada. Fue un lujo poder discutir de este tema con alguien que está en la frontera del conocimiento y que lleva años haciendo propuestas que enriquecen el debate. Gabriel tiene la habilidad, además, de convertir un tema técnico y tedioso en una conversación amena y accesible. 

Según él, el estado actual de la lucha contra la evasión y la elusión fiscal se puede resumir en lo bueno, lo malo y lo feo. 

Lo bueno es que, gracias a la cuasi eliminación del secreto bancario y la transferencia automática de información impuesta a muchos de los países fiscales, la riqueza oculta libre de tributación se ha reducido enormemente. Hace 10 años cerca de un 10% del PIB de la economía mundial se aparcaba en los paraísos fiscales. Hoy esa cifra es similar, pero solo el 25% de esa riqueza no tributa. Por lo tanto, se ha reducido la evasión fiscal en tres cuartas partes. Esto es una muy buena noticia y demuestra que, lo que durante muchos años se decía que era imposible, no lo era. Solo hacía falta voluntad política. Después de la crisis financiera global, EEUU empezó a presionar a países como Suiza para que levantasen su secreto bancario, y acto seguido le siguieron Alemania y Francia, y así se logró este cambio estructural en la economía internacional. Aún así, no todos los países y entidades financieras aplican la transferencia automática de información de manera estricta, y mucha riqueza se ha movido de productos financieros al sector inmobiliario, que no está bajo este mismo régimen, y por eso no llegamos al 100% de tributación de esa riqueza, pero nos estamos acercando.

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La noticia mala, en cambio, es que muchas multinacionales siguen haciendo profit-shifting o trasladando sus beneficios a países con sistemas impositivos más bajos, y eso hace que cerca de un billón (en español, un trillón en inglés) de dólares, es decir cerca del 35% de todos los beneficios de estas empresas, no tributan según lo establecido. Esto significa que, a pesar de los esfuerzos de los últimos años auspiciados por la OCDE, que culminaron en el acuerdo histórico de 2021 para establecer un impuesto de sociedades mínimo a nivel mundial del 15%, no se ha logrado mucho progreso. Según Zucman y su equipo, el acuerdo final ha quedado tan debilitado, con tantas excepciones, que la recaudación ahora mismo es del 5% de los beneficios, cuando podría ser de un 9% si no hubiese tantas lagunas legales, e incluso podría llegar al 16% si el impuesto mínimo global fuese del 20%. En este tema, Zucman es atrevido. Considera que no hay que llegar a un acuerdo multilateral para lograr avances. Un país como España podría unilateralmente cobrarle a Apple ese 15% o 20% de manera proporcional a lo que representa el mercado español en sus ventas mundiales. Es decir, si el mercado español representase hipotéticamente el 3% de las ventas de Apple en el mundo, España le podría aplicar un impuesto de sociedades del 15% o 20% sobre el 3% de las ganancias totales de Apple en el mundo. Esto parece una medida bastante razonable, y por esa cantidad Apple no dejaría de vender sus productos en España. 

Por cierto, las empresas que más beneficios trasladan a los paraísos fiscales son las estadounidenses, cerca de un 50% del total de sus beneficios, representando el 40% del profit-shifting mundial, y, aunque hay países en la UE que se benefician – principalmente Países Bajos e Irlanda – muchas de las economías de la Europa continental son las grandes perdedoras de este proceso. Esto nos lleva, irremediablemente, al debate sobre una posible unión fiscal en la UE. Tanto Irlanda como Países Bajos se suelen oponer a una mayor mutualización de la deuda, pero en cambio son los que más se benefician del mercado único. Lo de Irlanda es particularmente sangrante. Sus ingresos por el impuesto de sociedades han aumentado enormemente en los últimos diez años hasta llegar al equivalente de 4.500 euros por ciudadano. Eso es cinco veces más de lo que recaudan Alemania o Francia. También en este caso Zucman tiene una propuesta. Si España no quiere aplicar un impuesto de sociedades más alto y efectivo sola, que se una a Alemania, Francia e Italia. Incluso podría unirse a este grupo Polonia. Estos cinco países tienen una población total de casi 300 millones de habitantes. Ninguna multinacional puede enfrentarse a eso. 



Las próximas décadas van a plantear enormes desafíos para la UE. La transición verde y digital van a generar tensiones sociales (ya lo están haciendo). La rivalidad geopolítica va a demandar destinar recursos públicos para la política industrial y de defensa. Los estados van a tener que recaudar más y la UE va tener que aumentar su presupuesto común. Esperar a acuerdos multilaterales, tanto a nivel global o incluso dentro de la UE, no va a ser ya una opción. Se formarán coaliciones de los convencidos (coalitions of the willing), porque no quedará otra. 

Lo que nos lleva a lo más feo de la actual evasión y elusión fiscal, según Zucman. El hecho más injusto, si cabe. Que la mayoría de las grandes fortunas paguen muy pocos impuestos. Hay muchos años en los que billonarios como Jeff Bezos, Elon Musk o Warren Buffet no pagan impuestos sobre la renta, porque alegan que no han recibido ingresos porque no tienen un salario como tal. Esto lleva a Zucman a proponer un impuesto anual del 2% sobre su patrimonio. Otra vez, esto no parece una cifra exorbitante. Además, Zucman dice que, si venden acciones, por ejemplo, un año concreto, y llegan al 2% de impuestos, no tendrían que pagar más ese año.

De nuevo aquí surge alguna duda. ¿Qué país se va a atrever a introducir una medida así sabiendo que los billonarios y millonarios son móviles y pueden cambiar su residencia? Pero también en este tema Zucman tiene respuesta. Dice que ese impuesto se podría aplicar por unos años incluso si esa persona deja el país. Ya hay países que siguen cobrando impuestos a sus ciudadanos y residentes por un tiempo incluso siendo no residentes. La lógica es que se han beneficiado de los servicios públicos de ese país y tienen que contribuir en su justa medida.   

Zucman tiene otras propuestas a valorar, cómo crear un registro internacional de activos financieros, así como hay catastros o registros de la propiedad. Eso facilitaría la justa imposición. También piensa que necesitamos impuestos verdes progresivos, y predice que en algún momento pagaremos impuestos según nuestra huella de carbono que se determinará por nuestros hábitos de consumo. Las autoridades tendrán acceso a los movimientos en nuestras cuentas bancarias y al ver que cogemos muchos aviones y vamos a comer a restaurantes caros, nos aplicarán impuestos más altos. 

Para muchos esto sonará distópico. Pensarán que la agenda de Zucman creará un estado intrusivo y confiscador. Otros son menos críticos, reconocen que vienen tiempos de “más estado” pero temen que tantos impuestos desincentivarán el emprendimiento y el crecimiento. En los debates en Madrid, algunos participantes expresaron justamente estos temores. Zucman respondió con firmeza. El crecimiento viene de la buena educación, de unos hospitales bien dotados, de unas infraestructuras de primer nivel. El crecimiento necesita de la paz social derivada de unos bienes públicos adecuados. Zucman fue tajante en este tema, y casi nadie se atrevió a replicarle. 

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