-
+

Cambio de guardia en el Bundesbank: una oportunidad perdida

Rafael Mentges

11 mins - 13 de Enero de 2022, 17:35

Desde el sorprendente anuncio de la dimisión del presidente del Bundesbank, Jens Weidmann, el 20 de octubre del año pasado, se ha especulado mucho sobre los motivos que le llevaron a dejar el cargo cinco años antes de que expirara su contrato. En especial, los medios de comunicación conservadores alemanes han apuntado que la frustración por la política monetaria expansiva del Banco Central Europeo (BCE) puede estar detrás de la dimisión. El ex economista jefe del BCE, Jürgen Stark, llegó a declarar a Reuters que la renuncia es "comprensible y rotunda", y añadió que "nadie puede apoyar una política que va en contra de sus propias convicciones durante más de una década".

La inflación es siempre un tema candente en Alemania y el banco central del país es una de sus instituciones más fiables y respetadas. El Bundesbank se ha ganado esta confianza a lo largo de las décadas transcurridas desde su creación en 1957, ostentando un impresionante historial de baja inflación y moneda estable. Esta política orientada a la estabilidad contribuyó a la recuperación de la economía germana y estableció el marco alemán como una de las monedas de reserva más importantes, al tiempo que convirtió al Bundesbank en el segundo banco central más influyente del mundo, sólo detrás de la Reserva Federal de Estados Unidos. 

Aunque el Bundesbank ha perdido la mayor parte de su poder para fijar la política monetaria a manos del BCE, sigue siendo el banco central nacional más importante del Eurosistema, con más del doble de empleados que el BCE y una amplia gama de responsabilidades que incluyen la estabilidad financiera, la supervisión bancaria y los sistemas de pago. Todo ello, unido a la experiencia de la hiperinflación en los años 20 y a las crecientes tasas de inflación de finales de 2021, hace comprensible que muchos alemanes estén especialmente preocupados por quién dirige su banco central.

Hasta que el sucesor de Weidmann al frente del Bundesbank fue finalmente anunciado, el 20 de diciembre, se habían nombrado como posibles varios candidatos destacados. Los más prominentes eran Isabel Schnabel, que actualmente forma parte del Comité Ejecutivo del BCE, Claudia Buch y varios favoritos del SPD como Jörg Kukies y Marcel Fratzscher. Antes de que el periódico Frankfurter Allgemeine especulara con la posible nominación de Joachim Nagel como candidato de compromiso el 15 de noviembre, no había aparecido en ninguna lista corta (excepto en una). Así pues, ¿quién es Nagel?

[Recibe los análisis de más actualidad en tu correo electrónico o en tu teléfono a través de nuestro canal de Telegram]
Aunque no hay muchos comentarios del aludido sobre la posición de la política monetaria del BCE, los pocos que existen indican una visión similar a la de su predecesor. Los comentarios de personas cercanas a Nagel también sugieren que podemos esperar una continuidad. Esto significa que está siguiendo la tradición del Bundesbank de lo que se denomina como una política monetaria orientada a la estabilidad, con una interpretación estrecha del mandato del BCE. Aunque no hay nada malo en este tipo de política y de mandato estrecho (al contrario, siguen siendo dos de los conceptos más importantes para un banco central independiente), recientemente se ha convertido en sinónimo de estar excesivamente preocupado por la inflación y las normas implícitas en tiempos de riesgos de deflación y de un entorno económico cambiante que exigía nuevos enfoques pragmáticos de la política monetaria. El hecho de que probablemente tengamos otro de esos tradicionales Bundesbankers es una oportunidad perdida por dos razones.


Si bien Weidmann era más pragmático y jugaba más en equipo queso predecesor, Axel Weber, que dejó el Bundesbank por un grave desacuerdo sobre la dirección de la política monetaria del BCE, también tenía una interpretación demasiado conservadora del mandato del Banco Central Europeo y de sus límites legales. Ha estado en el lado equivocado de las decisiones políticas demasiadas veces en su carrera. Se opuso, por ejemplo, a las Transacciones Monetarias Directas (OMT) del BCE, fruto del discurso de Mario Draghi de "lo que haga falta" que en 2012 salvó a la eurozona de consecuencias nefastas. También votó en contra del Programa de Compra de Activos (APP), la versión del BCE de la flexibilización cuantitativa. Una y otra vez, hizo hincapié en los riesgos de inflación, cuando en realidad el mayor riesgo era la deflación. Aunque esto no impidió que el BCE tomara medidas, podía haber suscitado dudas sobre la trayectoria futura de los tipos de interés, especialmente en momentos en que se necesitaba más consenso para calmar los mercados.

Esto encaja bien con el segundo argumento: siempre ha sido una voz importante en el debate económico en Alemania. Siempre ha sido justo y objetivo en sus declaraciones a la prensa alemana cuando no estaba de acuerdo con las decisiones del BCE. Sin embargo, también dio la impresión de estar continuamente en desacuerdo con dicha política monetaria. En tiempos de creciente populismo e ira contra la política de tipos de interés negativos del BCE en Alemania, no hizo lo suficiente para explicar y defender las decisiones del banco europeo a pesar de estar en desacuerdo con ciertos detalles. En cambio, se convirtió en el campeón de los populistas conservadores que ven al BCE como un instrumento para estafar a los ahorradores alemanes en beneficio de los europeos del sur que no hicieron sus deberes.

Hay, en realidad, un tercer argumento. Debido a sus constantes desacuerdos con el resto del Consejo de Gobierno, se quedó aislado en el BCE y podía haber perdido la atención de sus colegas europeos y, por tanto, cierta influencia sobre ellos. Sin embargo, no está del todo claro si esto es cierto o sólo una exageración de los medios de comunicación, ya que también se le consideraba un compañero respetado con un alto nivel de competencia técnica.

Muchos miembros y votantes de los Verdes y del SPD probablemente habrían acogido con satisfacción un cambio de tono en el Bundesbank. Entonces, ¿por qué eligieron a Nagel? Desde el principio se especuló con que el sucesor de Weidmann debía ser un candidato de compromiso, ya que la nueva coalición incluye también a los liberales pro-empresariales del FDP, que han sido críticos con la política monetaria expansiva del BCE. Probablemente haya dos razones para su selección: él mismo es miembro del SPD y trabajó como asesor de este partido en los años 90. Además, sus puntos de vista son compatibles con los del FDP y su ministro de Economía, Christian Lindner, a quien corresponde proponer al candidato.

Ahí radica el siguiente problema. Los nombramientos para el Consejo de Administración del 'Bundesbank' parecen obedecer más a la política que a la cualificación. Tanto Weidmann como su predecesor Weber se quejaron de cómo se asignan esos puestos. Entre los actuales miembros del Consejo del Bundesbank, casi todos tienen algún tipo de conexión con uno de los principales partidos de Alemania. Hay tres ex-políticos de la CDU/CSU y un ex-asistente personal de un secretario de estado del SPD. Incluso Weidmann probablemente debe su posición (a pesar de algunas credenciales relevantes) a sus estrechas conexiones con la CDU y, especialmente, con Angela Merkel. Anteriormente, entre 2006 y 2011, fue su asesor en la Cancillería Federal. El único miembro de la Junta Directiva exento de este patrón es Claudia Buch, sin conexiones directas con el partido y con una impresionante trayectoria profesional y científica que, sin duda, la cualifica para esta responsabilidad.

Resulta especialmente preocupante que las consideraciones políticas parezcan desempeñar un papel tan importante, ya que supone un mal ejemplo para otros países a los que los políticos y banqueros centrales alemanes siempre les han dicho lo importante que es la independencia de un banco central. El Bundesbank fue el anteproyecto para la creación de un banco central europeo en la década de 1990 y su independencia fue una parte fundamental del diseño que los europeos acordaron para el BCE. Además, establece los incentivos equivocados para los economistas alemanes: saben que si quieren entrar en el Bundesbank, es útil buscar buenas relaciones con uno de los principales partidos.



La siguiente oportunidad perdida tiene que ver con la paridad de género. Si hubieran buscado a una persona para el puesto (debido a las posibles amenazas de veto del FDP) con una postura más bien conservadora en materia de política monetaria (y también de integración europea), la mencionada Buch habría encajado perfectamente. En realidad, es un ejemplo ideal de cómo tener dos candidatos con perfiles similares y, en última instancia, conceder el puesto al aspirante masculino. De hecho, en este caso se podría argumentar fácilmente que Buch es la persona mejor cualificada.

El nombramiento de al menos una presidenta en un banco central nacional europeo habría sido un importante precedente. Ahora mismo, los 19 bancos centrales nacionales de la 'zona euro' están dirigidos exclusivamente por hombres. Además, sólo ha habido una mujer gobernadora de un banco central nacional desde la introducción del euro. La única excepción es el propio BCE, cuya presidenta, Christine Lagarde, está intentando mejorar la igualdad de género en su institución. Ni siquiera es posible encontrar una mujer en el Consejo General del BCE, que está formado, además, por los ocho gobernadores de los bancos centrales de los estados miembros de la UE que no han adoptado el euro como moneda. Sólo hay un argumento en contra del nombramiento de Buch (además de su falta de afiliación a un partido): se la considera poco mediática. Pero Nagel no ha demostrado ser mejor en eso.

Cuando se trata de cualificaciones, Nagel está sin duda a la altura del cargo. Estudió economía en el Instituto Tecnológico de Karlsruhe y ha trabajado como investigador en Estados Unidos. Se incorporó al Bundesbank en 1999 y ha desempeñado allí la mayor parte de su carrera. Comenzó como jefe de mercados y más tarde pasó a ser miembro del Consejo de Administración. Pasó la mayor parte de su tiempo en el banco central alemán supervisando los mercados de capitales. En 2016, decidió dejar el Bundesbank por "razones personales" y se incorporó al Consejo Ejecutivo de KfW, el banco estatal alemán de desarrollo e inversión. En noviembre de 2020, Nagel se convirtió en subdirector de banca del Banco de Pagos Internacionales.

Pero la cuestión no es si es apto para el puesto, sino si es el mejor que podían encontrar. Aunque Nagel conoce el Bundesbank por dentro y por fuera, está más especializado en la supervisión financiera y el lado mercantil de la banca central pero tiene menos experiencia en política monetaria. Además, habría sido bueno ver a alguien en la Presidencia con un historial científico probado. También en este caso, Buch habría sido la mejor opción. Pero según parece, eso no es lo que buscaba el Gobierno alemán. De acuerdo con un informe del Financial Times, Nagel fue nombrado "en parte por el deseo de instalar a un banquero en lugar de un académico al frente del Bundesbank, para mantener la estatura y la influencia de la institución".

Aunque no es probable que Nagel, al igual que su predecesor Weidmann, cambie la actual orientación de la política monetaria del BCE (al fin y al cabo, sólo es uno de los 19 gobernadores de bancos centrales), su nombramiento puede llegar a tener graves implicaciones para la política monetaria europea cuando termine el mandato de ocho años de Lagarde. Como jefe del banco central alemán, es un candidato obvio a sucederla. Pero si resulta ser demasiado obstinado, como Weidmann o Weber antes que él, tendrá dificultades para convencer a otros países europeos de que es una buena opción para dirigir el organismo europeo. Esto es especialmente cierto en tiempos de crisis, cuando las decisiones pragmáticas requieren un poco más de flexibilidad intelectual y coraje.
 
(Aquí, la versión original en inglés
¿Qué te ha parecido el artículo?
Participación