Miércoles, 29 de julio de 2026

Bueno esto es.., es.., un poco como un toro ¿no?

Pau Marí-Klose Pau Marí-Klose 22 de octubre de 2017
Añadir AgendaPública en Google

En su comparecencia del sábado Rajoy para anunciar la aplicación del 155 brindó una pequeña perla. En lo que parecía una pequeña improvisación melodramática fuera de guión para reforzar su argumento confesaba su convicción de que los independentistas "querían llegar hasta aquí". ¿Justifica esa intención manipuladora el 155?

La sospecha de Rajoy no es solo suya; la compartimos muchos. Sospechamos también que desde el bloque independentista escenificaron el 1-O con objeto de provocar una reacción desmedida del Estado y que así pudieran tomarse miles de fotos de policías aporreando a ciudadanos apostados ante sus colegios electorales o llevándose las urnas. Y lo consiguieron. Si bien entre los miembros del Govern no ha sido explicitado nunca abiertamente el carácter provocador de sus acciones – sí lo ha hecho sus socios de la ANC y Omnium, e intelectuales afines al secesionismo– no han faltado las apelaciones a actuar con "astucia".

Por ello, somos muchos los que creemos que los líderes políticos del independentismo se han embarcado en un estrategia de "cuanto peor, mejor" y tientan al gobierno central con provocaciones porque están convencidos de que, pese a los efectos colaterales de la respuesta, la causa independentista saldrá fortalecida. Es una batalla por la opinión pública, interna y externa. No hay que olvidar que la esperanza que abrigan muchos independentistas, reconocida sin tapujos por académicos afines al independentismo, es poder abrir la vía de la llamada "remedial secesion", amparando el derecho a la secesión en la comisión por parte del Estado de graves actos de injusticia, violación de derechos humanos y negación de derechos de autogobierno. Socializando costes esperan cosechar ganancias particulares.

Hace una década desparecieron de la parrilla televisiva Las Noticias del Guiñol. Seguro que la mayoría de los lectores recordarán alguna de sus parodias. Si eran asiduos seguro que no habrán olvidado al guiñol del torero Jesulín de Ubrique y la cápsulas de análisis político y social precedidas por una frase mítica: "Bueno esto es… es… un poco como un toro ¿no?". Las premisas filosóficas de la respuesta del gobierno (y sus cómplices políticos en esta aventura)  tienen mucho que ver con el encuadramiento mental que tan bien sintetizaba Jesulín. La crisis catalana es como un toro: le presentan el capote al gobierno y éste embiste como un miura. Y no sabe (o no quiere) evitarlo.

[embed]https://www.youtube.com/watch?v=XsxpfsQuNbM[/embed]

La primera embestida le valió más de un disgusto. La ejecución del 1-O resultó claramente fallida bajo cualquier prisma que se quiera utilizar, obligando al delegado del gobierno en Cataluña a pedir disculpas. El PSOE lamentó los hechos en boca de su líder y desde el principal partido de la oposición se llegó a pedir la reprobación de Sáenz de Santamaría (aunque luego se retiró).

La prensa internacional se hizo rápidamente eco del número de "heridos" provocados por las cargas policiales, confiando en las abultadas cifras que facilitaba la Generalitat. El hecho de que después se revelará que la mayoría de los heridos eran personas atendidas en centros de salud por afectaciones menores recibió únicamente atención en algunos medios y, dentro de ellos, solamente por parte de algún columnista. El daño estaba hecho. No creo que sea aventurado afirmar que en los días inmediatamente posteriores al 1-O varios editoriales y reportajes de grandes medios sobre la situación catalana generaron incomodidad en el gobierno. También la reacción de algunos líderes políticos internacionales, como el primer ministro belga, y en otro plano, Farage, Berlusconi o Putin.

A pesar de la contundente intervención del gobierno central, el Govern de la Generalitat consiguió celebrar el referéndum y proclamar unos resultados. Resulta imposible acreditar su fiabilidad y son muchos los indicios de fraude, pero incluso así, los resultados resultan verosímiles a la luz de lo que conocemos demoscópicamente sobre el apoyo social que tiene el independentismo. Con esa base tan frágil han sido capaces de apuntalar una narrativa que resulta legítima para un 40% de catalanes, según la cuál los resultados del referéndum justifican una declaración de independencia, aunque no todos crean que ésta deba producirse ahora (resultados de la encuesta de GESOP para el Periódico).

El fracaso de la embestida gubernamental tiene otra expresión en el rechazo social que ha suscitado su actuación el 1-O.  Según la encuesta de GESOP una amplísima mayoría de catalanes, con independencia de su sentimiento independentista, consideran desproporcionada la actuación del Estado para evitar el referéndum. Se trata de una visión compartida por la práctica totalidad de los independentistas y una amplia mayoría de no independentistas (70,5%). La actuación del gobierno solo convenció muy mayoritariamente a los votantes catalanes del PP (78,9%).

Sintomáticos de este fracaso de la estrategia del PP son asimismo las actitudes hacia el futuro. El 62,9% de las personas con sentimiento independentista se sienten optimistas sobre el futuro, frente al 12,8% de los no independentistas. Los últimos acontecimientos parecen haber reforzado las expectativas del bloque independentista. Aunque la mayoría de independentistas no confían todavía en que el Procés finalizará con la independencia de Cataluña, el porcentaje de los que consideran que, al final del túnel, se llegará a ese escenario se ha disparado. Mientras en setiembre de 2015 los independentistas que vaticinaban que la secesión se haría realidad eran el 21,8%, en el sondeo de este mes llegaban ya al 40,1%.

En estas circunstancias, lejos de escarmentar, el gobierno se prepara para la segunda embestida tras haber considerado que, con sus cartas (el capote),  Puigdemont no aclaró adecuadamente si se había declarado la independencia en el Parlament el 10 de octubre. A lo largo de la semana se especuló sobre la naturaleza de las decisiones que se proponía adoptar el PP en el marco de la aplicación del 155. El PSOE anunció que sería una intervención light, breve y limitada. El objetivo en torno al cuál sería posible encontrar un consenso entre los partidos que apoyan la aplicación del 155 parecía ser el de convocar elecciones inmediatas. Carmen Calvo llegó a explicitar la fecha acordada con el gobierno: enero.

Sin embargo, tras la comparecencia de Rajoy, queda claro que la embestida no será light ni se va a circunscribir a la preparación de elecciones inmediatas. El gobierno entrará de nuevo "como un toro", reservándose para sí todos los poderes que correspondían al Govern y limitando la acción del Parlament. Se encontrará en frente una ciudadanía que rechaza mayoritariamente el 155 (el 66,5% de los catalanes la ven con malos ojos, según la encuesta de GESOP).

Rajoy podría haber optado por un 155 light. Pese al rechazo mayoritario al 155, ese tipo de intervención, circunscrito a la preparación de nuevas elecciones, probablemente habría encontrado mayor comprensión en la sociedad catalana. No en balde más de dos de cada tres catalanes señalan en la encuesta de GESOP que estarían de acuerdo con la celebración de nuevas elecciones para intentar resolver el conflicto, y un porcentaje similar ve con buenos ojos la propuesta de una reforma de la Constitución que incluyera mejorar el autogobierno de Cataluña. Gracias a la encuesta de GESOP sabemos, por fin, que no solo la convocatoria de un referéndum como solución concita apoyos amplios en la sociedad catalana, como nos habían querido vender falazmente los políticos soberanistas.

Significativamente, la propuesta de reforma constitucional divide a los ciudadanos con sentimiento independentista en dos mitades casi iguales: el 49,1% la ven de forma positiva frente al 45,5% que no está de acuerdo.

Mimbres había, pues, para tejer una alternativa a la intervención dura (y probablemente haber incluso descartado la intervención inmediata) y convocar la apertura de la Comisión para  la Reforma de la Constitución, invitando explícitamente a los nacionalistas catalanes a plantear en ella sus reivindicaciones. Rajoy, con la ayuda de sus socios, podría haber apelado a esas mayorías favorables a la negociación, haber cultivado una disposición a escuchar las reclamaciones nacionalistas, haber intentado ahondar la fisura que atraviesa de cabo a rabo el independentismo catalán. Haber, en definitiva, recurrido al viejo principio de "divide et impera" u otras variantes de lo que en ciencia política se conoce como herestética.

La opción dura por la que apuesta tira este capital político por la borda, emplazándonos con ello en un escenario en que la propuesta de reforma de la Carta Magna difícilmente contará con la complicidad de ningún sector significativo del nacionalismo catalán, lo que representa un elemento de discontinuidad inquietante respecto al marco de convivencia que nos habíamos dado en 1978. En este sentido, la intervención del 155 que se plantea tiene una profundidad histórica como pocas,  y a partir de ahora se incorporará como pieza fundamental en los anales de agravios míticos del nacionalismo catalán, junto al 11 de setiembre de 1714 o la ocupación franquista de Cataluña en 1939.

El gobierno y sus socios tienen objetivos: "volver a la legalidad", "recuperar la normalidad y la convivencia", "continuar con la recuperación económica", y "celebrar elecciones en situación de normalidad en un plazo máximo de seis meses". Estos objetivos pueden fundamentar un argumentario superficial que va a ser repetido como una letanía propagandística. Pero el gobierno carece de un "marco teórico de cambio" que haga plausible que vaya a lograr lo que se propone, ni existen indicios empíricos que inviten a pensar que la alternativa por la que han optado va a generar un mínimo consenso trasversal en la opinión pública catalana, aprovechando puntos de convergencia que, como hemos visto, existen todavía entre segmentos de ambos lados. La intervención más bien parece destinada a fracturarla definitivamente con una embestida ciega y dislocada. Como un toro.

Pau Marí-Klose
Pau Marí-Klose
Profesor de Sociología en Universidad de Zaragoza
Doctor en Sociología en la Universidad Autónoma de Madrid (España), Máster en la University of Chicago (EE.UU.) y en el Centro de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales del Instituto Juan March (España). Ha sido diputado por el PSOE , alto comisionado del Gobierno para la Lucha contra la Pobreza Infantil y presidente de la Comisión de Exteriores del Congreso de Diputados Ha sido investigador en el Instituto de Políticas y Bienes Públicos del CSIC (2010-2012), profesor de la Universitat de Barcelona (2006-2010) y responsable científico del Instituto de Infancia y Mundo Urbano (2008-2010), donde fue director de los informes de la Inclusión Social en España de Caixa Catalunya en 2008 y 2009. Fue investigador principal de un proyecto del Plan Nacional I+D+I y otro de la Fundación Areces, e investigador participante en un Programa Marco de la Unión Europea y otro de la Fundación CSIC-La Caixa. Pertenece al grupo de investigación sobre Política Social y Estado de Bienestar (Poseb) en el CSIC y del grupo Analysis of Inequality and New Social Risks (AINSR), con los que investigó sobre pobreza, infancia, reformas políticas del Estado de bienestar, los perfiles edatarios de los beneficiarios de las políticas sociales, educación y políticas educativas. Es autor o co-autor de nueve libros y más de 30 artículos académicos y capítulos en obras colectivas.
Participación