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El día de la jornada electoral se instalaron más de 156.000 casillas en todo el país, con la participación de 1,4 millones de ciudadanos que fungieron como parte de los centros de votación. Además, fueron otros 44.000 quienes se encargaron de capacitar a los anteriores. En total, participamos el 63,42% de los mexicanos inscritos en el Listado Nominal. Otro dato importante. Fueron los mismos ciudadanos quienes contaron los más de 56 millones de votos para la Presidencia y los más de cinco para la Jefatura de Gobierno. En la elección del Ejecutivo federal se contaron los resultados de las 156.840 actas, de las cuales pasaron a recuento 117.634 paquetes electorales. Y es digno de mención que, pese al número de recuentos, las tendencias no cambiaron y el ganador siguió siendo el mismo. Hay dos notas que destacar de esta jornada cívica. La primera de ellas es el tsunami político que significó el triunfo del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador. Ganó las elecciones con más de 30 millones de votos a su favor, es decir, con el 53% de la votación. Consiguió la victoria después de que en sus dos intentos anteriores quedara en segundo lugar, a medio punto porcentual en los comicios de 2006 y a siete puntos en 2012. Esta vez, el triunfo tuvo tal fuerza que su competidor más cercano se quedó a 30,92 puntos de distancia. Además, obtuvo el 64% del voto migrante. La segunda es que, después de este fenómeno atípico en la política mexicana -una diferencia tan amplia-, la nota que trascendió en medios nacionales e internacionales fue la civilidad y el compromiso democrático con que actuaron los contendientes. Esto demuestra que en México se ha impuesto en cualquier fuerza política la aceptabilidad de la derrota cuando los resultados no le favorecen. Esto es, incluso, requisito sine qua non para que se desarrollen elecciones con integridad (Annan, 2012). En el pasado, hubo candidatos que recurrieron a la movilización o a la violencia. Hoy la realidad es diferente. Pero esto es tan sólo la punta del iceberg. La jornada electoral, el cómputo y escrutinio de los votos y demás actividades no fueron algo improvisado o espontáneo. Al contrario, hubo 10 meses de planeamiento, preparación y simulacros. Sobre todo, se puso en marcha en el momento oportuno y bajo reglas operativas claras y transparentes. Durante casi un año, bajo un esquema de esfuerzo conjunto entre las autoridades locales y la nacional, se logró que la maquinaria electoral caminara cual reloj suizo. Un México institucional-electoral Dentro del marco jurídico mexicano existen diversas funciones dirigidas a la conservación del orden público, el bienestar de la población, el ejercicio pacífico de las libertades fundamentales y la preservación de las instituciones democráticas. En el ámbito electoral, hay organismos federales y estatales encargados de organizar comicios, resolver conflictos electorales, perseguir delitos electorales y fomentar la cultura democrática. Todos ellos ejercen sus atribuciones a partir de un conjunto de principios jurídicos que rigen su actuación. En este esquema de colaboración entre las autoridades electorales, las administrativas son las que tienen la función primordial de organizar y desarrollar estos procesos. Sin embargo, la vida de las instituciones electorales es relativamente corta. Son casi tres décadas de una autoridad con autonomía técnica y orgánica la que se encarga de planear y desarrollar las elecciones. Ha sido un logro tan importante que se replicó en cada entidad federativa del país para la elección de los cargos locales y municipales. Bajo un esquema nacional, donde el Instituto Nacional Electoral (INE) dicta las medidas que habrán de adoptar los institutos locales, se ha logrado desarrollar el ciclo electoral más complejo de la historia de nuestro país. El trabajo realizado da cuenta de ello, pues hubo elecciones simultaneas con las federales en 30 de las 32 entidades para elegir a más de 1.800 personas en un solo día. Tan sólo en los comicios federales se contaron 168 millones de votos si se suman la elección de presidente, los senadores y los diputados federales. Estas instituciones cumplen, además, con dos funciones muy importantes: 1) son el medio para garantizar la paz social y 2) son la vía para demostrar el descontento con los gobiernos emanados de los procesos democráticos. Las elecciones en México no sólo nos han permitido a los mexicanos elegir gobernantes y los proyectos que su opción política representa, sino que son verdaderos vehículos de la confianza ciudadana en los procesos políticos y electorales. Ciudad de México Una de las 30 entidades federativas que renovó sus poderes públicos fue la Ciudad de México. En esta ocasión, se eligieron a la titular del Ejecutivo Local, a los diputados del primer Congreso de la Ciudad de México, así como a las mujeres y hombres que habrán de dirigir a las recientes alcaldías (quedaron atrás las jefaturas delegacionales). Cabe mencionar que es la primera vez en la historia del órgano legislativo que habrá paridad de género (33 mujeres y 33 hombres). Es digno de mención que la base para la organización de estas elecciones fue la reforma de 2014. Esto implicó el trabajo conjunto entre autoridades locales y nacionales. Además, requiere de colaboración y cooperación para temas tan básicos como la casilla única, la administración de tiempos para candidatos en radio y televisión, el voto migrante y la fiscalización de los recursos, entre otros. Bajo el sistema nacional de elecciones, cada instituto local tiene la facultad de crear nuevos materiales, nuevas prácticas y mejoras para que el sistema electoral en su conjunto tenga mejores insumos para organizar las elecciones. Muestra de lo anterior es la re-certificación en la norma internacional ISO-Electoral 17582:2014 del Instituto Electoral de Ciudad de México (IECM), única autoridad a nivel subnacional que cuenta con ella. Esto da certeza de que nos apegamos a los más altos estándares internacionales en materia electoral. Cabe mencionar que dicha distinción se consiguió durante el desarrollo de la jornada, es decir, el domingo 1 de julio fuimos auditados y conseguimos el mejor resultado. Algunas de las medidas que permitieron al IECM ser punta de lanza fueron:
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