Miércoles, 29 de julio de 2026

Crisis, sinónimo de Argentina

Gonzalo Gabriel Carranza Gonzalo Gabriel Carranza 26 de abril de 2019
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A lo largo de los últimos días, la República Argentina ha sido nuevamente centro de atención de numerosos periódicos de todo el mundo por una razón que ya casi es un sinónimo de su propio nombre: crisis. Concebir al país más austral del mundo sin su relación con este concepto resulta algo inimaginable, absurdo e inviable, ya que los recuerdos de los años de bonanza han quedado en los anaqueles de la historia y han desaparecido de la memoria próxima de sus ciudadanos.

La desesperanza del pueblo argentino se hace eco en las redes sociales, donde se entrecruzan opiniones respecto a la actual gestión del presidente Mauricio Macri y las inevitables comparaciones con la llevada a cabo por su predecesora, la dos veces presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Nuevamente, a meses de las elecciones primarias (que serán una encuesta oficial respecto a lo que ocurrirá, finalmente, en las generales de octubre), reaparece la 'grieta' que separó a los argentinos en 2015, pero esta vez encrudecida ante una realidad empobrecida y caótica, que contrasta con aquellas promesas que el 51% de la población había oído de boca de quien actualmente porta los atributos presidenciales.

La última semana volvió a ser noticia el pico al que ha llegado el riesgo-país, siguió siéndolo el avance de la brecha entre el peso y el dólar (que, jornada tras jornada, rompe récords en su cotización) y volverá a serlo en días la inflación, cuando se haga público la tasa de abril que, previsiblemente, sumará unos puntos porcentuales que acercarán ya al 20% acumulado, no habiendo siquiera pasado el ecuador del año. El valor adquisitivo de los salarios ha decrecido sideralmente, las protestas aumentan y se empieza a sentir, poco a poco, el peso de haber tocado (nuevamente) fondo. Y es que el tiempo, en el país del dulce de leche y el asado, discurre como en la antigua Grecia, como un eterno retorno del que es imposible salir, porque no hay continuidad de políticas de Estado contra la crisis económica y porque cada presidente impone su personalismo y, con ello, limita una visión de futuro tan solo al tiempo que dura su paso por la Casa Rosada.

Pero los culpables no son solamente los gobernantes. Hay que reconocer que quienes han llegado a gobernar lo han hecho porque la mayoría del pueblo ha votado a un caudillo (o caudilla), una suerte de semidiós que viene a resolver todos los problemas, a sacar al pueblo del infierno y a llevarlo a la gloria, para volver a ser la potencia mundial que fue cuando la mitad del planeta estaba en guerra y allí sobraban alimentos y tierra para trabajar. El problema es que este caudillaje se enfrenta ante un escenario en el que la corrupción ha hecho estragos, las arcas públicas están vaciadas, endeudadas y comprometidas internacionalmente a tener que realizar políticas de reestructuración constantes, tratando de encarrilar lo que está fuera de carriles desde hace ya décadas.

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El futuro próximo, sinceramente, no es prometedor. Esta semana se llegó a decir que Macri debería activar el Plan V, que le llevaría a desistir en su reelección y que, en su lugar, opte por la carrera presidencial María Eugenia Vidal, la líder mejor posicionada de Cambiemos (el partido oficialista) y actual gobernadora de la mayor provincia del país, Buenos Aires. Por otro lado, aún sigue siendo una incógnita qué hará Fernández de Kirchner, ya que en medio de sus numerosos procesamientos no ha oficializado aún su candidatura; aunque sí ha publicado un libro que, a menos de una semana de haber salido a la venta, ya supera las tres ediciones.

Junto a ellos, vuelven a sonar nombres peronistas como el de los ex candidatos a presidente Lavagna y Massa, quienes aglutinarían parte del electorado anti-K del peronismo. Claramente, la mayor incógnita es, primero, quiénes serán finalmente candidatos y, segundo, quién ganará las elecciones, lo que seguramente termine ocurriendo por un margen sumamente escaso.

Y el futuro no es prometedor porque quien en diciembre asuma (o reasuma) el control del Estado deberá lidiar con índices económicos para nada prometedores, con una desconfianza creciente de los mercados, que no invierten en el país ante la inseguridad de lo que pasará en los meses siguientes; y, peor aún, con la presión de tener que gobernar a 40 millones de argentinos que quieren, de una vez por todas, salir del averno constante en el que viven mes a mes, sumidos en una crisis estructural de la que nadie los ha podido sacar.

Gonzalo Gabriel Carranza
Gonzalo Gabriel Carranza
Investigador post-doctoral del Departamento de Derecho Público del Estado en la Universidad Carlos III de Madrid (UC3M)
Doctor en Derecho, Gobierno y Políticas Públicas con mención internacional por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM, España). Máster en Derecho Constitucional por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales. Abogado con mención por la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina). Ha sido profesor doctor y coordinador académico del Máster Universitario en Dirección en la Gestión Pública de la Universidad Internacional de La Rioja (España) y contratado FPI en el Área de Derecho Constitucional de la UAM. Ha realizado estancias de investigación en la Humboldt-Universität zu Berlin y en la Ludwig-Maximilians Universität-München (Alemania), así como en la Universität-Wien (Austria). Ha participado y participa en distintos proyectos de investigación competitivos en la Universidad Autónoma de Madrid y en la Universidad de Valladolid (España); así como en la Universidad Nacional de Córdoba y en la Universidad Blas Pascal (Argentina). Se ha desempeñado profesionalmente como asesor del secretario de Estado de Relaciones con las Cortes y Asuntos Constitucionales (Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática-Gobierno de España) y como letrado en lo Contencioso-Administrativo en la Provincia de Córdoba (República Argentina).
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