Los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea se reunieron el pasado jueves y viernes en una cumbre muy cargada, llena de asuntos que van a marcar los próximos meses de la agenda europea hasta 2027. Se habló de defensa, de Ucrania, de precios de la energía, de inmigración o de competitividad. Pero muchos ojos estuvieron sobre el debate del
próximo marco financiero plurianual (MFP), que cubrirá el periodo 2028-2034, y para el que António Costa, presidente del Consejo Europeo,
quería un acuerdo antes de que terminara el año.
Ese objetivo parece cada vez más complicado de alcanzar. La cumbre ha servido para certificar que
no hay un camino obvio hacia el acuerdo y que el equipo de Costa, que asume ahora el liderazgo de las negociaciones, va a tener que hacer muchos equilibrismos para dar con la tecla. Aunque el objetivo del portugués sigue siendo alcanzar un pacto antes de que comience 2027,
hay un creciente escepticismo alrededor de esa meta. "El Consejo Europeo invita a su presidente a que impulse las negociaciones con vistas a alcanzar un acuerdo a tiempo. Un acuerdo antes de que finalice 2026 permitiría la adopción de actos legislativos en 2027, lo cual es necesario para garantizar que la financiación de la UE llegue a los beneficiarios sin interrupciones en enero de 2028", señala el texto de conclusiones, que
evita plantear la fecha de finales de año como algo inevitable.
El bloqueo se debe a que las posiciones de los dos principales campos de la negociación parecen imposibles de conciliar. Por un lado,
los llamados frugales, países ricos y ortodoxos, mayoritariamente nórdicos, están concentrando casi todo su capital político en lograr recortes en el marco. En segundo lugar, quieren aprovechar ese recorte para concentrarlo en las partidas tradicionales del presupuesto, aquellas menos orientadas al futuro desde su perspectiva:
la política agrícola común (PAC) y los fondos de cohesión. Frente a ellos se encuentra un grupo más numeroso pero menos cohesionado, los amigos de la cohesión, que consideran que
el MFP debe tener un tamaño generoso y que deben respetarse las partidas tradicionales.
"El bloqueo se debe a que las posiciones de los dos principales campos de la negociación parecen imposibles de conciliar"
El
think tank económico Bruegel considera que unos y otros están haciendo muy complicado llegar a un acuerdo, y que si bien cada uno de los lados tiene parte de razón, sus líneas rojas hacen muy difícil avanzar hacia un compromiso. "Los 'amigos de la cohesión' están en lo correcto cuando piden
un aumento de la emisión de deuda conjunta de la UE para bienes comunes europeos, pero no están listos para aceptar recortes sustanciales en los gastos tradicionales [la PAC y los fondos de cohesión] para conseguirlo. Los 'frugales' defienden correctamente que hay que
cambiar la estructura del presupuesto hacia gasto en bienes públicos europeos, pero quieren un presupuesto mucho más pequeño del propuesto por la Comisión", lamentan Zsolt Darvas y Jeromin Zettelmeyer, de Bruegel.
El desacuerdo se hace todavía mayor porque
los frugales no están cediendo en un punto que podía acercar posturas, que es aumentar los llamados
recursos propios de la Unión, básicamente impuestos paneuropeos que van a financiar directamente el presupuesto común. Estos recursos propios podrían ayudar a
reducir la contribución nacional que deben hacer los Estados miembros, pero los frugales consideran que los recursos propios que puedan incorporarse deben contribuir únicamente a reducir las contribuciones de las capitales.
La
propuesta inicial de la Comisión Europea, conocida en verano de 2025,
elevó el próximo marco de los 1,2 billones de euros del actual periodo (2021-2027) a unos 2 billones. Parte del incremento iba destinada a pagar el servicio de la deuda común emitida a nivel europeo para financiar el fondo de recuperación, que se creó durante la pandemia de coronavirus. La presidencia chipriota del Consejo, que planteó la primera "caja de negociación" con cifras —
negobox en el argot comunitario— sobre la que los Estados miembros negocian, ya planteó recortes que parecieron insuficientes a los frugales. La presidencia irlandesa, que ha tomado el testigo de Nicosia, presentó hace unos días su propia
negobox, que
logró cabrear a todo el mundo: demasiados recortes para los amigos de la cohesión, demasiado pocos para los frugales, con el añadido de que
se metió tijera precisamente en las partidas menos tradicionales, hacia las que se quería hacer bascular el gasto.
España es un verso suelto dentro de los amigos de la cohesión: sí,
quiere un MFP grande y quiere evitar recortes en la PAC y en cohesión, pero varias fuentes del Gobierno se han mostrado muy en desacuerdo con la decisión de la presidencia irlandesa de realizar recortes en partidas "modernizadoras" del presupuesto, como en
el fondo de competitividad o en el programa de Europa Global, destinado a financiar la acción exterior de la Unión. España cuenta, además, con la particularidad de que en el próximo MFP todo apunta a que se unirá al club de los contribuyentes netos, es decir, los Estados miembros que aportan más al presupuesto común de lo que reciben de él.
"España cuenta, además, con la particularidad de que en el próximo MFP todo apunta a que se unirá al club de los contribuyentes netos"
Le toca ahora a Costa y su equipo tratar de cuadrar el círculo. Hay sospechas entre algunos diplomáticos de que el antiguo primer ministro portugués
va a ser más sensible hacia las posiciones de los llamados amigos de la cohesión, y que va a tener menos apetito por hacer recortes. Los frugales, que hace semanas pidieron recortes de
"varios cientos de miles de millones de euros", ya dejaron una amenaza velada en aquella carta, pidiendo que se escuche mucho más su voz: "Nos gustaría reiterar que las negociaciones sobre el MFP se caracterizan por una asimetría fundamental", explican. "
Nuestros seis países financian casi el 40% de las contribuciones de todos los Estados miembros. Aunque los contribuyentes netos, en su conjunto, son minoría,
asumen alrededor de tres cuartas partes de la carga financiera total".