El Partido Popular Europeo (PPE), la familia política europea a la que pertenece el Partido Popular español, lleva dos décadas gobernando la Unión Europea.
El PPE ha ganado todas las elecciones al Parlamento Europeo desde 1999 y todos los presidentes de la Comisión Europea desde 2004 han pertenecido a esta formación. Durante todo este tiempo, también ha sido el partido con mayor representación en el Consejo Europeo. Sin embargo, aunque su presencia en las instituciones comunitarias se ha reducido a mínimos, el Partido Socialista Europeo (PSE), de centroizquierda,
ha mantenido una "gran coalición" con el PPE que le ha permitido compartir el poder ejecutivo. Ahora, una derrota de Pedro Sánchez en las elecciones españolas podría poner fin a este acuerdo histórico.
"Una derrota de Pedro Sánchez en las elecciones españolas podría poner fin a este acuerdo histórico"
Incluso durante los breves periodos en los que gobernó en los países más grandes de la UE,
el PSE —al que pertenece el Partido Socialista de Sánchez— nunca llegó a tener el control. Los mandatos de François Hollande en Francia y Olaf Scholz en Alemania apenas dejarán huella en la historia. A nivel de política europea,
ambos tuvieron un peso insignificante y apenas se les prestó atención en Bruselas, especialmente en comparación con sus predecesores.
La aritmética del Consejo Europeo
Pedro Sánchez ha sido la única excepción a esta tendencia. A medida que el PSE perdía fuerza, su condición de "lobo solitario" en el Consejo Europeo lo animó a convertirse en
una voz firme e intransigente de la izquierda en una Unión Europea dominada por la derecha. Su actitud supuso un cambio notable respecto al talante conciliador de Mariano Rajoy. Pero Rajoy estaba rodeado de aliados, mientras que Sánchez no lo ha estado. Actualmente,
es uno de los tres únicos dirigentes del PSE entre los veintisiete miembros del Consejo Europeo, frente a los doce del PPE. Si se suman los líderes de otras formaciones conservadoras, la derecha cuenta con mayoría en el Consejo. Otros cuatro dirigentes son liberales y otros cuatro independientes, aunque estos últimos se inclinan mayoritariamente hacia la derecha.
Sánchez no ha ganado todas sus batallas. De hecho, ha perdido muchas, algo poco sorprendente dada su posición minoritaria.
Tampoco ha contado habitualmente con el respaldo de los otros dos representantes del PSE: la danesa Mette Frederiksen, situada en el ala derecha de la socialdemocracia y que ha mantenido las distancias con el partido europeo, y el prácticamente desconocido Robert Abela, de Malta. En Suecia,
la socialdemócrata Magdalena Andersson intenta actualmente desbancar al primer ministro de centroderecha, Ulf Kristersson, mediante la formación de un gobierno de coalición, después de que el
bloque de izquierdas lograra una ajustadísima victoria en las elecciones del mes pasado.
"Sánchez no ha ganado todas sus batallas. De hecho, ha perdido muchas, algo poco sorprendente dada su posición minoritaria"
Aunque la llegada de Andersson al Consejo podría compensar la salida de Sánchez,
el PSE quedaría reducido a tres dirigentes de países pequeños, cuyo compromiso con la centroizquierda europea está en entredicho. En la práctica, esto supondría que, por primera vez en la historia de la Unión Europea, la centroizquierda quedaría excluida del poder a escala comunitaria.
La coalición parlamentaria
Las consecuencias de una derrota de Sánchez
no se limitarían al Consejo Europeo. También se dejarían sentir en el Parlamento Europeo, elegido directamente por los ciudadanos.
Desde hace décadas, en el Parlamento Europeo
existe una "gran coalición" de inspiración alemana, similar a la que gobierna actualmente Alemania:
el PPE es la fuerza mayoritaria de la alianza y cuenta con el apoyo de la centroizquierda. Más recientemente,
el grupo liberal ALDE/Renew Europe, al que pertenecen Emmanuel Macron y
Rob Jetten, también se ha incorporado a esta histórica coalición centrista.
"En la práctica, esto supondría que, por primera vez en la historia de la Unión Europea, la centroizquierda quedaría excluida del poder a escala comunitaria"
Según han publicado medios de Bruselas, dentro de los Socialistas y Demócratas (S&D), el grupo parlamentario del PSE,
se ha debatido internamente la posibilidad de que, si Sánchez pierde las elecciones, dejen de fingir que forman parte de una "coalición de gobierno" con el PPE y pasen a ejercer como oposición al Ejecutivo comunitario. ¿Por qué ahora? Hay dos razones. Hace tiempo que dejaron de ejercer un poder real dentro de esta alianza, y la salida de Sánchez haría imposible seguir ignorándolo. Pero hay un motivo aún más importante:
el propio Sánchez ha sido uno de los principales obstáculos para que los socialdemócratas den ese paso.
Los eurodiputados de S&D están
cada vez más indignados por los acuerdos que el PPE de Von der Leyen ha alcanzado con la derecha radical.
Las elecciones europeas de 2024 dieron lugar a una mayoría parlamentaria de derechas, pero el PPE prometió que no recurriría a ella. Podría haber gobernado junto a los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR), la derecha radical de Giorgia Meloni, y con los grupos situados todavía más a la derecha: Patriotas por Europa (PfE), de Marine Le Pen, y Europa de las Naciones Soberanas (ESN), de Alice Weidel. Sin embargo, se comprometió a no hacerlo. Pese a ello, durante los dos últimos años,
el PPE ha recurrido cada vez más a pactos con la derecha radical para sacar adelante determinadas iniciativas legislativas, a menudo relacionadas con la inmigración.
Según las informaciones publicadas,
Iratxe García, líder de S&D, lleva tiempo queriendo romper la coalición con el PPE y pasar a la oposición en la UE. Sin embargo, Sánchez la ha frenado, ya que el presidente español no quiere que su familia política sea responsable de hacer caer al Ejecutivo comunitario. El respaldo del presidente del Gobierno a los acuerdos alcanzados en el Consejo Europeo también ha facilitado que
los eurodiputados de S&D acepten, aunque sea a regañadientes, votar a favor de las posiciones conservadoras acordadas en esta institución, convencidos de que el presidente español ha contribuido a moderarlas.
Coaliciones europeas a imagen de las nacionales
A diferencia de lo ocurrido en las anteriores elecciones españolas, esta vez
el PP habla abiertamente de formar una coalición con Vox. Un acuerdo de este tipo reflejaría lo que ya está sucediendo en distintos países europeos, como Suecia, donde una
coalición entre la centroderecha y la derecha radical perdió por un margen muy estrecho las elecciones del mes pasado.
Actualmente gobiernan coaliciones de la derecha tradicional y la radical en Italia, Finlandia, Chequia y Eslovaquia, y anteriormente también las hubo en Austria y Países Bajos. En Bruselas, el PPE simplemente está siguiendo el camino marcado por sus partidos nacionales.
Si la centroizquierda acaba abandonando la coalición que sostiene a Von der Leyen,
la presidenta de la Comisión dejará de contar con una mayoría centrista para aprobar sus propuestas legislativas en el Parlamento Europeo. En ese caso,
podría verse obligada a recurrir de forma permanente a la extrema derecha para sacar adelante sus iniciativas, especialmente cuando intente aprobar sus paquetes de "simplificación" normativa y desregulación, destinados a derogar o suavizar leyes europeas aprobadas durante su anterior mandato. Esto daría lugar, por primera vez en la historia, a una mayoría parlamentaria de derechas en la UE, aunque esta siguiera siendo informal.
"Esta vez el PP habla abiertamente de formar una coalición con Vox. Un acuerdo de este tipo reflejaría lo que ya está sucediendo en distintos países europeos"
Pero los riesgos para la presidenta de la Comisión Europea van más allá. Fuentes de S&D han trasladado a medios de Bruselas que
el grupo podría incluso impulsar una moción de censura contra Von der Leyen. Para sacarla adelante, los socialdemócratas tendrían que aliarse con los grupos radicales a izquierda y derecha, con el objetivo de superar el respaldo que la presidenta conserva entre los eurodiputados de centroderecha y liberales. Según la legislación comunitaria,
la aprobación de una moción de censura supondría el cese de los veintisiete miembros de la Comisión Europea. Se abriría entonces un proceso de varios meses en el que los gobiernos nacionales tendrían que proponer nuevos comisarios, mientras los líderes europeos deberían ponerse de acuerdo sobre un nuevo candidato a la presidencia, que tendría que recibir el visto bueno del Parlamento.
En definitiva,
una derrota de Sánchez podría desencadenar un periodo de caos político en Bruselas como no se ha visto desde la dimisión de la Comisión Santer en 1999, y todo ello en el momento geopolítico más peligroso al que se ha enfrentado jamás la Unión Europea.