La crisis de Ceuta ha vuelto a mostrar hasta qué punto
la relación entre España e Italia combina intereses comunes y una competencia cada vez más visible en el norte de África. Los dos países tienen mucho que ganar de una mayor cooperación en el flanco sur de Europa, pero sus prioridades políticas y económicas se solapan cada vez más y, cuando estalla una crisis, la política interna suele empujar en otra dirección.
Madrid considera
Ceuta y Melilla partes integrantes del territorio español y, por tanto, de la Unión Europea. Las reivindicaciones marroquíes sobre ambas ciudades, aunque no formen parte de una política oficial formulada como tal, reaparecen periódicamente en declaraciones de responsables del país. Al mismo tiempo,
el control efectivo de la frontera depende en buena medida de la cooperación de Rabat. España se apoya así en Marruecos para gestionar el acceso a unos territorios cuya soberanía sigue apareciendo en el debate político marroquí.
El giro español de 2022 sobre el
Sáhara Occidental permitió recomponer las relaciones con Marruecos y mejorar la cooperación migratoria, pero también
hizo más costoso cualquier nuevo enfrentamiento con Rabat. Las relaciones con Argelia, principal rival regional de Marruecos y socio energético esencial para España, han tenido que reconstruirse tras la crisis provocada por ese cambio de posición. Madrid necesita hoy
preservar la cooperación con Rabat sin perder el terreno recuperado con Argel.
"España se apoya en Marruecos para gestionar el acceso a unos territorios cuya soberanía sigue apareciendo en el debate político marroquí"
Por su parte,
Marruecos ha celebrado unas elecciones en las que
Ceuta y Melilla han vuelto a ocupar espacio en el debate político, y las reivindicaciones históricas sobre ambos territorios han reaparecido en boca de varios ministros del Gobierno marroquí. Pero las imágenes de miles de jóvenes del país tratando de llegar a Europa tampoco favorecen a un país que lleva años proyectando una imagen de estabilidad y creciente influencia regional. Es posible que Rabat tenga razones para aumentar la presión sobre Madrid, pero la crisis también deja al descubierto frustraciones internas y dificultades en la gestión migratoria.
Todo ello hace menos convincente una lectura de lo ocurrido como una simple represalia diseñada desde el Estado marroquí.
Roma ha intensificado en los últimos años
sus relaciones diplomáticas y económicas con Marruecos, también a través del Plan Mattei, mientras mantiene con Argelia una relación histórica y energética particularmente estrecha. Una crisis prolongada entre Madrid y Rabat podría abrir nuevas oportunidades para la política italiana en Marruecos. Cualquier avance en esa dirección, sin embargo, tendría que convivir con
el peso que Argelia mantiene en la política energética y mediterránea italiana.
"Es posible que Rabat tenga razones para aumentar la presión sobre Madrid, pero la crisis también deja al descubierto frustraciones internas y dificultades en la gestión migratoria"
La expansión paralela de los intereses políticos y económicos italianos y españoles en África está
acercando cada vez más sus respectivas estrategias. El Plan Mattei italiano y la Estrategia España-África 2025-2028 tienen orígenes y diseños distintos, aunque en la práctica están ampliando la presencia de ambos países en muchos de los mismos mercados y países africanos. La migración es solo una de las áreas en las que sus intereses se solapan y, en ocasiones, compiten, dentro de una dinámica más amplia de "cooperación competitiva", o
coopetition.
Para Madrid,
Ceuta forma parte de la frontera exterior de la Unión Europea y su gestión no puede desligarse de la responsabilidad de los socios europeos. La
decisión italiana de introducir controles limitados a las llegadas procedentes de España desplaza parte de esa presión hacia el interior de Schengen. Una vez pasado un tiempo, no parece que otros Estados vayan a seguir la misma lógica, pero, si lo hicieran mediante devoluciones o nuevos controles nacionales,
una crisis localizada en la frontera exterior podría terminar generando una cadena de medidas dentro del propio espacio europeo.
"La migración es solo una de las áreas en las que sus intereses se solapan y, en ocasiones, compiten, dentro de una dinámica más amplia de «cooperación competitiva»"
En este contexto, Giorgia Meloni afronta
una presión creciente desde su derecha, donde el general
Roberto Vannacci, líder del nuevo partido Futuro Nazionale, ha situado la inmigración, la "remigración" y la identidad cultural en el centro de su propuesta política. Pedro Sánchez, por su parte, gobierna con un equilibrio parlamentario frágil; Vox tiene razones evidentes para utilizar Ceuta y la inmigración contra el Gobierno, y el Partido Popular tampoco puede dejar ese terreno enteramente a su derecha. En estas condiciones, las respuestas nacionales ofrecen beneficios políticos mucho más inmediatos que una cooperación cuyos resultados suelen ser menos visibles.
España e Italia
ya compiten en el Mediterráneo y en África, y seguirán haciéndolo. Su problema está en que, cuando esa competencia aparece, tiende a trasladarse al interior de Schengen, generando
una crisis que ninguno de los dos países puede gestionar enteramente por su cuenta.