Para empezar y antes de avanzar en el análisis de los hechos que se estudian en este artículo, debe quedar claro que quien escribe tiene fundadas dudas sobre la transparencia y la fiabilidad de los resultados electorales de las elecciones presidenciales en Venezuela. La mayoría de las democracias reclaman un recuento verificable de los resultados de las elecciones mientras la represión de la población arrecia en las calles. Pero aquí no se analiza la atrofia del sistema institucional venezolano, tema profundo y que requiere de un análisis mucho más amplio, sino un nuevo caso de estudio de cómo la política exterior se convierte en un elemento relevante para intentar conformar la diferenciación en la política interior española. Aunque sea poniendo la política exterior en la batidora de la política comunicativa basada en las acciones de impacto fast food.
Una reciente visita frustrada de una delegación de parlamentarios españoles a Venezuela me retrotrae a principios del año 2005. El que era responsable de relaciones internacionales del Partido Popular y flamante diputado elegido hacía unos meses, Jorge Moragas, anunció a través de un teletipo que embarcaba en un avión en dirección a Cuba para denunciar el régimen totalitario de Fidel Castro y reunirse con la oposición. Al llegar a Cuba no fue admitido en el país y fue devuelto en el primer avión a España. Con los años, el diputado Moragas se sofisticó hasta llegar a ser jefe de gabinete del presidente del Gobierno. Allí comprendió que muchos actos con efectos profundos y movimientos estratégicos no se comunican con un teletipo de aviso. Con los años, su dedicación transitó de la dimensión de agitación y denuncia -lo cual puede tener su sentido, sin duda- a la administración silenciosa del poder sustancial.
Me viene este episodio a la cabeza por la reciente misión de “observación electoral” de diez parlamentarios del Partido Popular en las elecciones presidenciales del pasado 28 de julio en Venezuela. Cuando los diputados embarcaron destino a Caracas ya sabían que su misión estaba dedicada a la categoría de construcción de una narrativa para consumo esencialmente interno en la política española.
Vayamos a los hechos que nos servirán para llegar a algunas conclusiones.
Venezuela impidió la entrada de una delegación de parlamentarios del Partido Popular que habían acudido como observadores de las elecciones del domingo y que no tenían permiso del Gobierno de Nicolás Maduro, que posteriormente les expulsó.
El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, anunció en las redes sociales que la delegación estaba “retenida” en el aeropuerto de Caracas y pidió su “inmediata liberación” y la intervención del Gobierno de España. “Me acaban de comunicar que la delegación del PP formada por 10 diputados, senadores y europarlamentarios está retenida en el aeropuerto de Caracas por el régimen de Maduro. Exijo su liberación inmediata y que el Gobierno de España ponga los medios necesarios a tal fin”, escribió Núñez Feijóo en la red social X.
Desde el Ministerio de Asuntos Exteriores español se dieron explicaciones a continuación: Venezuela no había autorizado la visita de una delegación del Senado y del Grupo Parlamentario Popular como misión de observación electoral y sólo el PP decidió realizar el viaje, según informaron fuentes oficiales: “Tanto la mesa del Senado como el GPP solicitaron poder acudir como misión de observación electoral a Venezuela. El Ministerio de Exteriores no vio ningún inconveniente en esta solicitud, y trasladó y realizó todas las gestiones ante las autoridades venezolanas para ello. Las autoridades venezolanas denegaron la autorización. De todo esto se ha informado al Senado y al GPP, incluida la inadmisión por parte de Venezuela de esta solicitud. Razón por la que todos los grupos políticos, excepto el PP, decidieron no realizar el viaje”, explicaron fuentes del Ministerio de Asuntos Exteriores a los medios de comunicación.
Obsérvese como en la estrategia que aquí se analiza en el caso del Senado la solicitud se formuló como institución, por tener el Partido Popular mayoría absoluta en la Cámara y por ello en la Mesa del Senado, mientras que en el Congreso de los Diputados la petición se formuló en nombre del Grupo Parlamentario Popular.
Fuentes del PP, por su parte, aseguraron que “las autoridades locales han comunicado que se les prohíbe la entrada en el país y que serán deportados”.
La secretaria general del Partido Popular, Cuca Gamarra, acusó el pasado sábado 27 de julio de 2024 al Gobierno de España de “compartir el discurso de Maduro, en vez de defender a sus compatriotas expulsados de Venezuela”.
Qué duda cabe que la secretaria general Cuca Gamarra tiene habilidades de liderazgo político desde que fue alcaldesa de Logroño hasta su posición actual como número dos del principal partido del centro derecha español.
"El voto de ciudadanos de origen iberoamericano cada día gana más peso en el censo electoral y en la conformación de mayorías. Pura proyección demográfica a pocos años vista”
Llegados a este punto, la pregunta que puede resultar pertinente es: ¿todo ello para qué sirvió? Sin duda que tuvo algunos beneficios para quienes ejecutaron la visita que sabían fallida de antemano. Les sirvió para incrementar la sintonía con la comunidad venezolana opositora al régimen y al Gobierno de Nicolás Maduro que vive en España. El voto de ciudadanos de origen iberoamericano cada día gana más peso en el censo electoral y en la conformación de mayorías. Pura proyección demográfica a pocos años vista. Pero les sirvió especialmente para conformar un perfil de su política exterior conectada con la oposición al régimen político venezolano para presentarlo ante la opinión pública española. Si la levedad de los actos fallidos conocidos de antemano, la inadmisión en el país era una forma burda de acción exterior poco importaba para los objetivos de política comunicativa que perseguía la acción.
Es un caso de uso de la política exterior como fast food para uso doméstico que la numero dos de un partido que tiene vocación de Gobierno como es el Partido Popular afirme que “el Gobierno de España comparte el discurso de Maduro en vez de defender a sus compatriotas expulsados de Venezuela”.
Fue a aproximadamente alrededor de 2003 cuando la política exterior de España en la actual etapa democrática dejó de ser un asunto de consensos pasivos – la oposición daba un consentimiento general a la política exterior del gobierno de turno. Fue a partir de la división que se produjo en el arco parlamentario, pero también de forma marcada en la ciudadanía española sobre el apoyo o el rechazo a la invasión de Iraq en 2003 por parte de una coalición liderada por Estados Unidos. La política exterior salía de los salones del poder para saltar a la calle y convertirse en elemento de conformación de las identidades partidistas ante los ciudadanos a la hora de conformar sus preferencias de votos. En las elecciones generales de 2004 se votó con el plebiscito del si o el no al lema “No a la guerra” (de Iraq) muy presente entre los ciudadanos. Ello se identificaba en las encuestas cuantitativas y cualitativas bastantes semanas antes de los atentados de la estación de trenes de Atocha del 11 de marzo de 2004.
La discusión sobre la entrada en la OTAN fue un episodio previo en el que la política exterior saltó a la calle como elemento de diferenciación política (1981-1986) pero fue esencialmente una querella en el perímetro de la izquierda española. Aquella nueva identidad del “no a la OTAN” fue un punto clave del nacimiento de Izquierda Unida que vino a ocupar un espacio que el Partido Comunista mantenía con dificultades y falta de reflejos para interpretar los nuevos tiempos.
La llegada al poder del presidente José Luís Rodríguez-Zapatero, llevó al candidato del Partido Popular y futuro presidente Mariano Rajoy a marcar distancias con la política exterior de José María Aznar. En el único debate electoral cara a cara entre Mariano Rajoy y Alfredo Pérez-Rubalcaba en las elecciones generales de 2011, Mariano Rajoy llegó a pronunciar la siguiente frase: “En los últimos años no hemos estado finos en política exterior. Se lo digo así en plural, mire si estoy generoso esta noche”. La política exterior de Rajoy fue mucho más prudente y adaptada a las grandes líneas clásicas y de consenso de la política exterior española. La formuló básicamente su ministro de Asuntos Exteriores en el periodo 2011-2016 José Manuel García-Margallo. Alguien escribió que Rajoy era “más de Soria que de Siria” y que no formaba parte de sus preferencias una política exterior disruptiva ni muy prioritaria en su agenda setting. Rajoy no lo negaba a la manera gallega, pero se reivindicaba como la persona que dedicó muchas horas de estudio para preparar las reuniones del Consejo Europeo de la UE y el hombre que evitó la intervención financiera de España por parte de las instituciones comunitarias en 2012. Seguramente su esfuerzo en la política europea llevó a la creación de facto de dos unidades de trabajo “exterior”: una política exterior dirigida por García-Margallo y una política europea preparada y asesorada por Iñigo Méndez de Vigo, secretario de Estado para la UE en aquellos años con autonomía de vuelo y relación directa con la Moncloa.
Rajoy calmó la política exterior como elemento enervante de la diferenciación política, pero con las elecciones de diciembre de 2015 llegaron al Congreso de los Diputados los dos exponentes de la llamada “nueva política”: Podemos y Ciudadanos. El líder de Podemos, Pablo Iglesias, había liderado con éxito una lista electoral en las europeas de 2014 que consiguió 5 escaños y 1.253.837 votos. En el hemiciclo del Parlamento Europeo, Pablo Iglesias había levantado la defensa del régimen político venezolano como una de sus elementos identificadores y diferenciadores.
El día 23 de marzo de 2013 Pablo Iglesias, el que en pocos meses se convertiría en el líder de Podemos y en aquellos momentos ya era una de las caras visibles del movimiento de los “indignados” del movimiento 15-M, concedió una entrevista al canal Venezolana de Televisión, la principal televisión pública venezolana, en la que, entre otros asuntos, afirmó a la luz de la muerte del presidente Hugo Chávez: "Lo que ha ocurrido en Venezuela y lo que está ocurriendo en América latina es una referencia fundamental para los ciudadanos del sur de Europa. Lo que está ocurriendo aquí es una demostración de que sí hay alternativa”. Y añadió: "
Qué envidia me dan [los españoles que viven en Venezuela], es muy interesante vivir en un país como éste, en el que se están produciendo bastantes cambios y transformaciones que pueden convertirse en un ejemplo democrático para los ciudadanos del sur de Europa".
Así mismo se manifestó “emocionado” ante la muerte de Hugo Chávez y afirmó que Venezuela era “una de las democracias más avanzadas del mundo”. En marzo de 2015, ya como eurodiputado, Pablo Iglesias se manifestaba en sede parlamentaria contrario a las sanciones económicas y políticas de la Unión Europea a Venezuela por violación de los derechos humanos afirmando: "Nosotros pensamos que las sanciones no son los mecanismos más eficaces en política internacional para resolver los problemas, sino que creemos en las vías de diálogo".
Siendo vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias rectificó su posición sobre Venezuela y reconoció un “error de diagnóstico y valoración”. Previamente Podemos había renunciado a prácticamente a la totalidad de la política exterior contenida en su programa electoral para firmar el acuerdo de gobierno de coalición PSOE-Podemos de diciembre de 2019.
Pablo Iglesias no quería presentar el proyecto político que lideraba ni como una evolución de Izquierda Unida (la desbordó y la impugnó) ni mucho menos como un continuador del Partido Comunista. Sus orígenes políticos y los de sus colaboradores habían frecuentado ambos espacios políticos, pero no los querían reanimar, querían encontrar una nueva narrativa y unos nuevos referentes. Por razones que escapan el perímetro de este artículo, decidió poner la llamada “revolución bolivariana” de Hugo Chávez como emblema de su identidad política en lo tocante a la política exterior. Parecía algo rompedor, extravagante para muchos, llamativo. ¿Realmente era el proyecto “bolivariano” su propuesta para la gobernación de España o estábamos ante otra entrega de política exterior como fast food de consumo interno? Básicamente para diferenciarse del PSOE y su elaborada política exterior, tan elaborada como canónica. El “atrevimiento” de Zapatero en 2004 con la retirada de las tropas españolas de Iraq (18 de abril de 2004) ya quedaba lejos.
"La visita frustrada de una delegación de 10 parlamentarios del Partido Popular a Venezuela se enmarca en la dimensión de la política exterior como marcador simplificado de identidad política en el debate de la política interior"
Volviendo a la visita frustrada de una delegación de 10 parlamentarios del Partido Popular a Venezuela el fin de semana de las elecciones presidenciales. Su actuación se enmarca en la dimensión de la política exterior como marcador simplificado de identidad política en el debate de la política interior. Su práctica ha tenido episodios muy brillantes en otras latitudes. Emma Bonino durante muchos años aglutinó una identidad del Partido Radical Italiano basada en una narrativa de la política exterior defensora a ultranza de las democracias liberales, los derechos humanos y la Corte Penal Internacional. Bonino cultivó un campo en el que la opinión pública italiana tiene una notable sensibilidad y formación: la política exterior. Bonino apoyó con los votos de su partido el primer Gobierno de Silvio Berlusconi (1994-1995)) a cambio de ser nombrada Comisaria Europea de Salud y protección de los Consumidores (1995-1999) poniendo singularmente el acento en la ayuda europea en las guerras de los Balcanes de los años 90 del siglo pasado. A ningún partido político español se le ha pasado por la cabeza dar su apoyo a una investidura de un presidente del Gobierno a cambio del puesto de comisario europeo propuesto por el Gobierno español. Desde 1986 ha habido como mínimo seis negociaciones de una investidura en las que habría podido ser posible plantearlo. La finezza italiana en política en general y en política exterior en particular no se ha contagiado a lo mejor de la política española.
¿Tiene la actual dirección del Partido Popular una narrativa fuerte de política exterior que resalte como elemento de identificación de su identidad política? ¿Cuál sería potencialmente el ministro de Asuntos Exteriores en el shadow cabinet de Feijóo?
El Partido Socialista ha reaccionado preguntando al Partido Popular si la misión de observación electoral frustrada a Venezuela ha sido sufragada con fondos públicos de las Cortes Generales. ¿Una pregunta con fundamento u otro elemento para introducir más ruido en la dinámica de la política exterior como fast food del consumo político interno?
Los años y las digestiones me han desaconsejado tajantemente el consumo del fast food, sobre todo para el propio bienestar, pero incluso también para una cierta reputación.