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EFE

Netanyahu tiene a Europa donde él quería

Vicente Palacio

7 mins - 19 de Abril de 2024, 07:00

Tras seis meses de destrucción en Gaza, Netanyahu tiene a Europa exactamente donde quería. Como era previsible, tras la represalia de Teherán al ataque a su consulado en Damasco, la UE ha caído en la “trampa iraní” de Netanyahu. Para el líder del Likud ahora se trata de pasar pantalla: de llevar la guerra de Gaza y la cuestión palestina al terreno donde se siente cómodo e indestructible: en la confrontación existencial con Teherán. No hay nada mejor que enterrar una catástrofe bajo el miedo escénico a otra hecatombe aún de mayores dimensiones. Entramos en una fase más geopolítica. Se aleja un poco más en el horizonte una solución integral y justa para Oriente Medio. El “Estado Palestino” se perderá por los pasillos de Naciones Unidas gracias al bloqueo de Washington.

Netanyahu está soltando una fake a la cara de la sociedad israelí y de Europa: que todos - Hamás, Hizbola, los hutíes, el Estado Islámico, Naciones Unidas, la UNWRA, los gobernantes-palomas europeos y las autocracias de este mundo - son la misma cosa: un peligro existencial para el Estado de Israel. Lo malo es que otra vez le está funcionando. 

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Israel es una democracia (puesto 30 en el ranking de The Economist, 2023, justo detrás de EEUU). Pero se comporta como una democracia teológica: se rige por unas reglas propias de otro tiempo histórico muy diferente al de Bruselas. Eso le da mucha ventaja. Ahora mismo Europa apenas puede ver más allá las elecciones de junio y de las incertidumbres del gobierno comunitario. “Bibi” (al igual que Putin) nunca se ha tomado en serio a la UE, y si algo sabe hacer es ganar tiempo. Su apuesta es el regreso de Trump a la Casa Blanca tras las presidenciales de noviembre, la división en la UE, y el fin de cualquier esperanza de una política europea para Oriente Medio y de los dos Estados. Pero incluso si vence Biden, una guerra regional pondría a EEUU de su parte (su primera reacción a la masacre de Hamás del 7 octubre fue enviar buques de guerra). Y le dejaría las manos libres. 

Netanyahu está enredando a Europa con esta lógica perversa de acción-reacción de violencia calculada: estás conmigo o estás contra Israel. Tiene todas las de ganar frente a unos líderes europeos en momento pre-electoral y haciendo tacticismo. Es relativamente sencillo explotar el miedo europeo ante una escalada y la resignación ante el statu quo. Nadie parece querer complicarse mucho la vida. Von der Lyen no ha conseguido arreglarlo desde que pidió la congelación de ayuda humanitaria a Palestina. Alemania sigue en recesión y atrapada en su doble síndrome, el de Múnich (respecto a Ucrania) y el de Auswitich (con Israel) con la funesta ministra verde-gris Baerbock al frente. Macron juega la carta de la alerta anti-islamista-terrorista para frenar a una ultraderecha de una Marine Le Pen en ascenso. El canciller austriaco Nehammer posiblemente necesita una buena sesión de psicoanálisis para explicar su apoyo incondicional a la estrategia de Netanyahu (que no a Israel). Reino Unido va por libre con el patético Cameron de portavoz. El húngaro Víctor Orban se limita a rezar por la seguridad de Israel. 

La respuesta europea a la crisis con Irán tiene algo vergonzante. Lo único que saldrá en firme del Consejo Europeo y de la reunión de los veintisiete ministros de exteriores y defensa en Bruselas es una posición común para evitar una escalada regional y una petición de alto el fuego en la franja. Es mucho si se compara con el pasado reciente. Pero es insuficiente. Por este camino se esfuma   cualquier posibilidad de presionar con sanciones comerciales o embargos de armas a nuestro aliado. Obviamente un conflicto con el deleznable régimen de Teherán y su proxys de Hizbolá en Líbano, en Irak o en Siria, deja esa opción fuera de la mesa. Ningún gobierno europeo va a mover un dedo. Eso explica que la música de la declaración de los veintisiete suene más a una súplica a Netanyahu que a una seria admonición de la “Europa geopolítica". Bravo “Bibi“ por conseguir que Israel aparezca como toda una superpotencia que no admite lecciones de nadie. Bravo por neutralizar la resistencia interna de la crítica y de la sociedad israelí. Felicidades, Europa.

Para colmo, la UE está siendo reincidente en su empleo de los dobles estándares y en una lectura sesgada del derecho internacional. ¿La posición común es explorar más sanciones a Irán; pero olvidarse de las sanciones a responsables israelíes de la masacre en Gaza?. Nueva pantalla y olvido total de que Bibi alimentó en su día a Hamas y a los halcones iraníes y que reventó el acuerdo nuclear multilateral que tanto le costó negociar a la UE en 2015. ¿Nadie entiende en Bruselas que esto no es una  mera  anécdota? Que otros tienen memoria. Que esto tiene repercusiones prácticas con decenas de gobiernos amigos de África, América Latina simpatizantes de Palestina, y también de cara a la guerra en Ucrania, la devolución de territorios o la acción de los tribunales internacionales. El doble rasero es el gusano en la manzana de la política exterior europea. Irresponsabilidad e impotencia a partes iguales. Está por ver qué consecuencias tendrá todo esto en las eleciones al parlamento europeo en junio. 

En este momento en Europa hay únicamente dos líderes que están peleando heroicamente en la dirección correcta sobre este asunto. Uno es el Alto Representante Josep Borrell (“no nos olvidemos de Gaza y de lo que esta ocurriendo allí”). El otro es el presidente español Pedro Sánchez, que ha encontrado en esta cuestión un fuerte hilo conductor para conectar política doméstica e e internacional. Ambos están intentando que esta vez sea diferente, apurando una solución razonable, en una posición algo marginal y al límite de la contradicción (digamos, desde el corazón de Europa pero al mismo tiempo al sur del Norte Global: no belicista, legalista, etcetera). 

La posición del presidente español ilustra la batalla de fondo: cómo interpretar la “Europa geopolítica” desde una posición éticamente coherente. En su línea, Sánchez está arriesgando casi en solitario una nueva corriente en Europa. Pero para que esa apuesta diferenciada produzca frutos se necesitan firmes aliados, en Europa pero también dentro de España, entre la opinión pública y los fuerzas políticas. La cuestión es hasta qué punto España y otros que se vayan sumando  - Bélgica, Irlanda, Suecia -  pueden tensar la cuerda para forzar otra posición común más allá de los mínimos en que está hoy planteada. 

La partida está aún está abierta, Netanyahu puede perder si encuentra un liderazgo sostenido enfrente, fuera y dentro de Israel . La buena noticia es que hay gobiernos en la región - los saudíes, Jordania, Egipto, Emiratos  - cansados del cuento de Oriente Medio del escorpión suicida que pica a la rana y los dos se hunden. Algunos están explorando la senda entre la realpolitik, la justicia y el interés general por una prosperidad en la región. El presidente Sánchez ha interpretado que España debe estar ahí. 

Tiene pinta de que ha empezado una larga guerra de la UE consigo misma en la política exterior, donde habrá ganadores, perdedores, rehenes y algunas víctimas colaterales. 
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