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PIROSCHKA VAN DE WOUW (REUTERS)

Las repercusiones europeas de la implosión política holandesa

Sander Tordoir

8 mins - 28 de Julio de 2023, 07:00

Mientras España digiere los resultados de unas urnas que pueden dejar al país en un punto muerto político, Holanda se prepara para su propia campaña electoral. El colapso de la alianza cuatripartita de centro-derecha y liberales a principios de este mes ha desencadenado nuevas elecciones previstas para noviembre y pone fin a los 13 años de Mark Rutte como primer ministro.

El gobierno holandés cayó por culpa de una disputa sobre inmigración, pero la coalición ya se encontraba en un punto muerto irresoluble con los agricultores protestando sobre las medidas de reducción de emisiones de nitrógeno de la agricultura intensiva que convierte a los pequeños Países Bajos en el segundo mayor exportador agrícola del mundo. La coalición también cojeaba políticamente tras perder escaños en el Senado frente al partido político de los agricultores (BoerenBurgerBeweging, BBB), en auge.

El Primer Ministro Mark Rutte apostó a que saldría reforzado de unas elecciones si dejaba que su Gobierno se hundiera, pero su apuesta le salió mal porque una amplia franja del Parlamento no le apoyaría para otro mandato. Con la salida de Sigrid Kaag, Ministra de Economía, y Wopke Hoekstra, Ministro de Asuntos Exteriores, se retira de la política nacional una hornada de altos dirigentes del partido con experiencia en la UE. Timmermans, Vicepresidente de la Comisión Europea y gran esperanza de los zar de los ecologistas europeos, ha vuelto a su país para encabezar una lista conjunta de socialdemócratas y verdes en las elecciones holandesas.

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Aunque la caída del gobierno holandés sea principalmente un asunto nacional, las consecuencias también se notarán en otros lugares. Como la mayor de las pequeñas economías europeas, los Países Bajos son a menudo un actor fundamental en la escena de la UE, y mucho más durante estos últimos años.

Antes de la pandemia, los Países Bajos lideraron la llamada Liga Hanseática, una coalición de pequeños países "frugales" que se opusieron abiertamente a una mayor integración fiscal de la UE. La Alemania de Merkel apoyó tácitamente a los hanseáticos, cuyas posiciones de línea dura permitieron a Berlín presentarse como un mediador moderado con Francia y el sur de Europa. El resultado fue un acuerdo en 2019 que vio cómo el tan cacareado presupuesto de la eurozona del presidente francés Macron se reducía a un presupuesto bajo (0,14% del PIB de la eurozona repartido entre 19 países y 7 años). Sin embargo, la posterior recesión pandémica obligó a Merkel a firmar un fondo de recuperación mucho mayor, que está impulsando la inversión y despertando nuevas esperanzas en las economías del sur de Europa.  

A partir de 2021, Holanda se convirtió en un negociador honesto en la UE. Rutte ya había atenuado las periódicas notas euroescépticas que marcaron sus primeros años de mandato. Tras la solidaridad internacional que siguió al ataque ruso del avión MH17, donde fallecieron 189 ciudadanos holandeses, Rutte vio que podía resolver problemas valiéndose de la UE. En la Europa posterior al Brexit, incluso se convirtió en un constructor de puentes entre Alemania, tradicional aliada, y Francia gracias a sus cálidos lazos con el presidente Macron. Su último gobierno de coalición completó la transformación. Rutte abandonó definitivamente a los Países Bajos como "partido del no" en la UE y buscó socios ad hoc en toda la Unión, asunto por asunto, por ejemplo presionando con los Estados miembros del Este para que se acelerara y se avanzara en el suministro de armas a Ucrania.

Como testimonio sorprendente de este nuevo enfoque, los frugales holandeses se unieron a España, un país muy endeudado, para establecer el proyecto de la reforma en curso de las normas de la UE que rigen la deuda y el déficit públicos. El nuevo papel de los Países Bajos como el negociador de los "frugales" europeos ha estabilizado a la Unión en un momento en que el motor franco-alemán que suele impulsar las iniciativas de la UE se ha estancado. París y Berlín han tenido serias disputas sobre la política energética y las compras de armas estadounidenses por parte de Alemania, mientras que las tensiones en la coalición de gobierno en Berlín amenazan repetidamente con echar por tierra los acuerdos de la UE en el último momento.

La UE es más débil sin un papel fuerte de los holandeses.  

Las posiciones de La Haya sobre la UE no cambiarán, pero su Gobierno provisional se mostrará mucho más reticente a suscribir -y mucho menos a impulsar- iniciativas de la UE sin un nuevo mandato electoral. Se prevé que las negociaciones de coalición sean tediosas y largas, ya que podrían ser necesarios cuatro o más partidos para obtener la mayoría. Como resultado, los Países Bajos podrían estar fuera de juego posiblemente durante la mayor parte de esta legislatura de la UE que termina en junio de 2024. Esto supone un quebradero de cabeza para la UE, que se enfrenta a retos acuciantes como reponer su agotado presupuesto y preparar el terreno para que Ucrania, Moldavia y otros siete países candidatos se conviertan en miembros de la UE.

Las elecciones holandesas de noviembre pueden llevar al poder a un gobierno proeuropeo. El panorama electoral holandés es volátil y la carrera está abierta. Pero lo más probable es que veamos una Holanda disminuida y posiblemente más euroescéptica.



Por un lado, el gobierno actual llevó al límite la tolerancia política holandesa hacia el compromiso europeo. Muchos miembros del parlamento holandés se mostraron escépticos con su estrategia, subrayando que no querían dar a la UE nuevos recursos o competencias, al tiempo que han expresado dudas sobre la ampliación de la UE en el pasado. Las elecciones pueden reajustar los votos, pero es poco probable que cambien ese sentimiento e incluso pueden reforzarlo.

Además, el sucesor de Rutte al frente del People's Party for Freedom and Democracy (VVD) tendrá que reconstruir la reputación y las relaciones necesarias para dirigir el centro-derecha hacia un rumbo constructivo en la UE. Timmermans llenará el vacío si gana las elecciones. Pero necesitará socios de coalición, incluido posiblemente el VVD de Rutte. El VVD volverá a sus raíces euroescépticas hasta que sus nuevos líderes hayan aprendido de nuevo la lección de Rutte de que los Países Bajos necesitan ayudar a dar forma a la UE para que su pequeña economía abierta prospere en una economía global acosada por conflictos geopolíticos. Las disputas sobre la era posterior a Rutte ya han comenzado y las señales no son prometedoras, con un parlamentario del VVD planteando una colaboración con el PVV, de extrema derecha y contrario a la UE, para frenar la inmigración.

La salida de Timmermans de Bruselas también alterará entretanto la formulación de las políticas de la UE. Junto con la inminente marcha de la danesa Margrethe Vestager, Comisaria de Competencia de la UE, dos de las voces más importantes que se opusieron al creciente intervencionismo económico de Europa impulsado por los crecientes problemas entre China y EE.UU. -y impulsaron replanteamientos para proteger el mercado único de la UE de una carrera de subvenciones- abandonan la escena.  Ahora Alemania y Francia pueden acelerar el ritmo con el que lanzan subvenciones industriales. La salida de Timmermans del timón del acuerdo ecológico de la UE (Green Deal) también puede reforzar la posición de quienes quieren pausar los esfuerzos de la UE por legislar sobre la lucha contra el cambio climático y la protección de la biodiversidad.

Los gobiernos de la UE caen por término medio cada dos años, por lo que los ciclos electorales desalineados con los de la UE son un hecho de la vida democrática europea. Pero alteran el frágil equilibrio entre los Estados Miembros y complican la búsqueda de consenso. Tanto los Países Bajos como España tienen, por ahora, una fuerza menor en la UE. París y Berlín deberían tomar nota y trabajar seriamente en la restauración de su matrimonio, para evitar que la UE se paralice durante el próximo año.

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