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Jaime Villanueva

Las mujeres y la guerra en Ucrania

Ana Belén Perianes Bermúdez

7 mins - 7 de Marzo de 2022, 11:10

 Dedicado a Juan Antonio Perianes, mi padre

La desigualdad de género afecta a todos los países en el mundo, pero los contextos de guerra y post-conflicto exacerban la vulnerabilidad e inseguridad de las mujeres, niñas y niños. Ante estas situaciones, la discriminación estructural que afrontan ellas y que el estallido de la pandemia de Covid-19 vino a intensificar (derivando en problemas para acceder a la educación, la asistencia sanitaria, empleos formales, la brecha digital, la falta de representación en los procesos formales de decisión política o económica o prácticas y normas sociales nocivas para sus derechos) se ve agravada por el impacto que la violencia armada genera específicamente sobre ellas, también como desplazadas. 


La violencia sexual es, en este sentido, una de las mayores aberraciones y vulneraciones de los derechos de las mujeres que se producen en los conflictos armados y el post-conflicto. Pero las mujeres afrontan otros desafíos importantes en estos contextos, como los asuntos relacionados con su salud reproductiva o el impacto de la economía informal sobre su seguridad y bienestar.

Garantizar la protección de las mujeres, niñas y niños y, fomentar el liderazgo de las primeras tanto en los procesos formales de decisión política (como la mediación y negociaciones para alcanzar acuerdos de paz) como en las Fuerzas Armadas, operaciones y misiones internacionales por la paz es precisamente el objetivo de multitud de estados, organizaciones regionales e internacionales y de la sociedad civil en el marco de las políticas (los planes de acción nacional son un ejemplo) e iniciativas que llevan a cabo para implementar la Resolución 1325 (2000) del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de Mujeres, Paz y Seguridad. De esta forma, vemos que la paz y la igualdad de género se hallan íntimamente relacionadas

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En el caso particular de Ucrania, la primera semana de la guerra ordenada por Vladimir Putin contra este Estado independiente y soberano ha dejado más de un millón de personas desplazadas de forma forzosa a los países vecinos, según la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados-Acnur. Además, el número de desplazados dentro del país es innumerable. Si no se pone fin al conflicto de forma inmediata, se espera que hasta cuatro millones de ciudadanos tengan que huir de Ucrania y que la crisis humanitaria que sufre el país empeore de modo significativo. Se prevé, así, que la guerra agrave la vulnerabilidad de las mujeres, niñas y niños a medida que se vayan incrementando las necesidades humanitarias.


Pero Ucrania ya soportaba una intensa inestabilidad e inseguridad antes de la invasión militar dirigida por Putin y que dio inicio el pasado 24 de febrero. En 2014, el actual presidente ruso proclamó la anexión ilegal a Rusia de Crimea y la ciudad de Sebastopol. Asimismo, el conflicto armado que estalló en la región del Donbass, con sectores prorrusos controlando parte del territorio, produjo además de numerosas víctimas mortales, una acusada inestabilidad política y económica, inseguridad y un elevado número de desplazados internos, afectando desproporcionadamente a las mujeres con un incremento de la violencia sexual y de género. 

En este sentido, la violencia de género es un grave desafío que afrontan mujeres, niñas y niños en el país, incluyendo aquéllas que han vivido el impacto del conflicto durante los últimos ocho años en la zona oriental de Ucrania. Así lo revela el Fondo de Población de las Naciones Unidas-UNFPA en su estudio Well-Being and Safety of Women, en el que destaca que cerca del 75% de las mujeres del país informaron de haber sufrido algún tipo de violencia desde los 15 años de edad y, una de cada tres manifestó haber sufrido violencia física o sexual. El informe también constata que las crisis y los desplazamientos ponen a las mujeres en mayor riesgo de estas violencias. La situación empeoró en el marco de las cuarentenas decretadas en el marco de las respuestas estatales a la pandemia, con un considerable aumento de las llamadas a la línea directa nacional contra la violencia doméstica.



Otros datos relevantes sobre la situación de las mujeres en Ucrania: según el
Índice Global de Disparidad entre Géneros 2021 del Foro Económico Mundial, Ucrania ocupa el puesto 74º en la clasificación de 156 países según su evolución de las brechas de género en torno a cuatro dimensiones: participación económica y oportunidad; logro educativo; salud y supervivencia y empoderamiento político. En cada una de ellas, el país ocupa el puesto 44º en la primera, el 27º en materia de logro educativo, la posición 41ª en salud y supervivencia y la 103º en lo que concierne al empoderamiento político. En la práctica esto supone, por ejemplo, que ellas soportan la mayor carga del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado en los hogares y que la segregación vertical basada en el género ha llevado a las mujeres a ocupar posiciones más bajas en los sectores público y privado.

Por otra parte, el
Índice Mujeres, Paz y Seguridad 2021/2022 mide la inclusión, la seguridad y la justicia para las mujeres en 170 países, situando a Ucrania en el puesto 66º de su clasificación global

La desigualdad en las normas de género que afrontan las mujeres en Ucrania es, por tanto, evidente. Por ello, el trabajo de las organizaciones como Ukrainian Women's Fund es indispensable para hacer avanzar los derechos de las mujeres en el país.

Ucrania adoptó en 2016 su primer Plan de Acción Nacional de implementación de la Resolución 1325 sobre Mujeres, Paz y Seguridad, y el segundo el año pasado. Algunos de los desafíos que plantea la implementación de esta agenda en Ucrania es la falta de financiación adecuada y recursos humanos suficientes. La escasez presupuestaria y de medios necesarios para implementar la Resolución 1325 es común al resto de planes de acción nacional en todo el mundo.

También cabría destacar que la representación femenina no ha sido efectiva en las negociaciones para el proceso de paz entre Rusia y Ucrania desde el estallido de la crisis en 2013. Sin embargo, las organizaciones de la sociedad civil lideradas por ellas han estado activas fuera de los canales oficiales, promoviendo el bienestar de las mujeres, proporcionando servicios esenciales a civiles en zonas afectadas por el conflicto y manteniendo diálogos entre población de origen ruso y comunidades ucranianas.

En relación con lo anterior, Naciones Unidas ha evidenciado que los procesos de paz en los que las mujeres participaron como testigos, firmantes, mediadoras o negociadoras incrementaron en un 20% sus probabilidades de alcanzar un acuerdo de paz duradero de al menos dos años. Pero es muy importante subrayar que su participación en las negociaciones de paz debe representar los intereses y necesidades específicas de todas las que forman parte de la sociedad, no sólo las de las elites.

No sólo en el marco de la guerra de Ucrania, sino en el resto de conflictos armados y situaciones de post-conflicto que se viven en el mundo, la evaluación de las necesidades humanitarias, la planificación de las negociaciones y acuerdos, la reconstrucción, el mantenimiento y la consolidación de la paz deben garantizar la introducción de la perspectiva de género en sus objetivos y resultados en el medio y largo plazo. Deben empoderar a las mujeres en todos los procesos de decisión política, económica, social y cultural mediante la implementación de políticas nacionales de largo plazo. 

La seguridad inclusiva y la consecución de la igualdad de género no sólo redundará en beneficio de las mujeres, sino en el conjunto de las sociedades. Sin las mujeres, los derechos no serán nunca humanos.
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