Miércoles, 4 de noviembre de 2026
MOMENTO AMÉRICA

La oportunidad demócrata, ante la deriva republicana: el pronóstico para las 'midterms'

A la puerta de las votaciones de medio mandato, que, 'de facto', son la gran evaluación de cada periodo presidencial, los pronósticos no auguran resultados promisorios para el Partido Republicano. "Los demócratas tienen, ahora mismo, una oportunidad inmejorable para frenar a la furibunda política injerencista, plagada de escándalos e inflacionaria de Trump", analiza el periodista Mauricio Hdez. Cervantes

Mauricio Hernández Cervantes Mauricio Hernández Cervantes 3 de noviembre de 2026
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El presidente Trump en un acto de campaña en Misisipi.  | Sue Dorfman / Zuma Press / Europa Press
El presidente Trump en un acto de campaña en Misisipi. | Sue Dorfman / Zuma Press / Europa Press
En la política hay una costumbre innegociable que se repite con una disciplina casi militar: cada presidente se enfrenta a las elecciones de medio mandato, como quien se mira con conciencia —propia y ajena— ante el espejo. Le ocurrió a Barack Obama y también a Joe Biden, a Bush y a Clinton, por mencionar solo algunos, pero ahora le toca, de nuevo, a Donald Trump, quien, como ya lo hemos abordado en Agenda Pública, llega al escrutinio con la popularidad en mínimos históricos.

En la víspera de las midterms, muchas casas encuestadoras y de análisis de datos, como The Cook Political Report, Inside Elections, The New York Times/Siena University, YouGov o VoteHub, entre tantas otras, han llegado a la misma conclusión: una parte significativa del electorado parece dispuesta a utilizar estas próximas elecciones como una corrección de rumbo en lo político, lo económico y lo social, a gran escala. A eso se suma que los demócratas están situados hoy como favoritos para recuperar la Cámara de Representantes y que asoma una ligera ventaja para ellos en la batalla por el Senado —un terreno muy peleado y donde los republicanos son muy difíciles de vencer—.

"Una parte significativa del electorado parece dispuesta a utilizar estas próximas elecciones como una corrección de rumbo en lo político, lo económico y lo social, a gran escala"
En esta ocasión, como siempre que hay una cita importante con las urnas en Estados Unidos, los swing states, o "estados bisagra", son clave para definir la reconfiguración legislativa de cara a la segunda parte del mandato presidencial. Por ejemplo, las "lupas" más puntillosas no están puestas en California, Massachusetts o Illinois, donde el voto demócrata goza de una relativa comodidad; tampoco, por ejemplo, en Florida, que lleva muchas elecciones determinándose como un estado fuertemente republicano (aunque Angie Nixon, una de las demócratas más aguerridas, puede dar la sorpresa). El verdadero pulso se concentra en una geografía más estrecha y reveladora: Míchigan, Texas y Georgia. Allí se mide algo más que una elección: se mide la capacidad del Partido Republicano para conservar la coalición electoral que hizo posible la vuelta de Donald Trump a la Casa Blanca, a la vez que las capacidades del Partido Demócrata para reconstruir una alternativa competitiva fuera de sus bastiones tradicionales.

Comencemos por el primero: Míchigan. Si hay un político en Estados Unidos que ha cobrado una relevancia preponderante en la recta final de estas elecciones, es Abdul El-Sayed: médico, hijo de inmigrantes egipcios, musulmán, de presencia impecable y excelente orador, alguien firme en la apuesta por la sanidad pública (un tema tan espinoso como necesario en el debate político estadounidense). Recientemente recibió un ataque por parte de Trump; el presidente lo acusó de estar del lado de los terroristas. No ha sido el único dardo que le lanza. Y es que no es difícil imaginar la rabia que suscita su figura en la Casa Blanca, cuando alguien con una fuerza política como la suya, y más en un estado clave como Míchigan —que, como ya hemos expuesto en este medio, funciona como un laboratorio político a nivel nacional—, ha consolidado el discurso de la izquierda frente a la tradicional moderación. Dicho sea de paso, más notable aún es la elegancia y contundencia con la que ha respondido a los ataques de sus adversarios republicanos. Aun así, la ventaja con la que llega a las midterms, frente al republicano Mike Rogers, no es la suficiente como para confiarse. Los pronósticos de Reuters, The New York Times y NBC News, entre otros, le han dado una ligera ventaja. Una encuesta reciente la sitúa en siete puntos porcentuales; de momento, nada está escrito.

Si nos centramos en Texas, encontraremos algo muy inusual: el Lone Star State (el estado de la estrella solitaria) ha dejado de ser un territorio previsible. La disputa por el Senado entre James Talarico (demócrata de 37 años) y Ken Paxton (republicano, de 63 años) aparece prácticamente empatada en varios de los modelos de análisis (incluso, hay alguno que le otorga una ligera ventaja al candidato demócrata). Y eso sí que es noticia, porque ese hecho por sí solo revela lo que mucha gente sabe y dice, dentro y fuera de ese estado, es decir, que Texas funciona, prácticamente, como un país independiente. Nada tienen que ver la forma de vida ni, por supuesto, las preferencias electorales de rincones tan dispares como las grandes ciudades, como Austin, Dallas o Houston, con las de las localidades que colindan con México, con Nuevo México o con Luisiana. Hasta hace dos años, los republicanos de Texas podían permitirse ciertas distracciones, incluso mirar para otro lado; hoy, eso es imposible, porque mañana tendrán que defender un territorio que siempre creyeron suyo. El porcentaje de gente que aprueba la gestión de Trump ya se encuentra en el 42%, y las grietas internas del partido rojo han hecho saltar las alarmas para estas elecciones.

"El porcentaje de gente que aprueba la gestión de Trump ya se encuentra en el 42%, y las grietas internas del partido rojo han hecho saltar las alarmas para estas elecciones"
Georgia, un estado que define con claridad lo que es la identidad sureña, cuenta una historia parecida. El senador demócrata Jon Ossoff vuelve a encontrarse en el centro de una competición nacional mientras las distintas facciones republicanas intentan mantener unido a un electorado que ya no vota de forma tan homogénea como hace una década. Y aquí viene un punto clave: la evolución política en los suburbios de Atlanta, así como la de los votantes independientes, será seguida con tanta atención como los discursos de campaña. Georgia, por tantos motivos, es una suerte de experimento en donde el país ensaya su futuro político inmediato. Y, como ya también lo hemos contado en Agenda Pública, Jon Ossoff es un nombre que está redefiniendo tanto ese futuro como esa identidad.

Lo único cierto es que el veredicto final se dictará en las urnas. Los pronósticos sugieren que los demócratas llegarán con viento favorable a las urnas, pero todavía están lejos de una victoria garantizada. Los republicanos, por otra parte, que siempre presumieron de una base electoral sólida, hoy temen por las grietas que las polémicas del líder MAGA han generado: los ataques a la prensa (como llamarle "reporterilla horrible" a una periodista de NBC News o insultar directamente a un reportero de Reuters mientras le preguntaba sobre un viaje a Kansas), la negación del tema Epstein y comentarios misóginos (como el que hizo Trump en referencia al cuerpo de la cantante Nicki Minaj) son factores que se han convertido en la gran factura que el líder le pasa a su partido. La cuestión, aquí, no es si habrá un voto de castigo al presidente (y a sus incontables excentricidades arancelarias, rabietas bélicas y movidas poco ortodoxas en el tablero geopolítico); la tradición estadounidense sugiere que lo habrá. Lo importante, en esta edición de las elecciones de medio mandato, es la magnitud de ese castigo, algo que revelará, en gran medida, cómo será el resto de la administración Trump 2.0. ¿Habrá un Congreso más o menos dócil? Esa es la pregunta que recorre Washington y las calles. Por lo pronto, en la Casa Blanca hay un aire sombrío que recorre los pasillos. Al menos, así lo relata Katie Rogers en The New York Times.

Los pronósticos a detalle

Vamos a lo primero, técnicamente hablando. Las midterms son unas elecciones intermedias que se celebran el martes siguiente al primer lunes de noviembre, a mitad del mandato presidencial, y en ellas se eligen los 435 escaños de la Cámara de Representantes y, en 2026, 35 (de los 100) del Senado.

The Cook Political Report, una de las referencias de análisis electoral más respetadas en Washington, prevé que, para la Cámara de Representantes, los demócratas ganarían entre 12 y 25 escaños, es decir, un número suficiente para recuperar la mayoría (eso le daría a los del partido azul aproximadamente entre 227 y 240 escaños, encima de los 218 necesarios para controlar la Cámara). Respecto al Senado, muestra que los demócratas podrían ganar entre 2 y 6 escaños: necesitan 4 para llegar a la mayoría, por lo que no es una meta difícil de alcanzar.

Otra gran firma de análisis electoral es Inside Elections. Para ellos, la clave está en suburbios y localidades de extrarradio en donde Trump ganó apenas por diferencias mínimas. ¿Cuál es su predicción? Que el contexto generalizado de descontento con Trump podría revertir la tendencia republicana y dar una clara ventaja a los demócratas. Dan entre 4 y 6 escaños para los azules (unos números no tan optimistas como los de The Cook Political Report, pero nada despreciables). Y, respecto a la Cámara de Representantes, auguran una pérdida del control republicano.

"El contexto generalizado de descontento con Trump podría revertir la tendencia republicana y dar una clara ventaja a los demócratas"
También, a estas alturas, es necesario tomar en cuenta los datos de The New York Times/Siena University. En su reciente encuesta de septiembre, los demócratas lideraban la intención de voto al Congreso con un 51%, frente al 43% de los republicanos. Para ellos, la ventaja demócrata es clara, aunque el sondeo no permite determinar si el control del Senado quedará también en sus manos.

Puestas las cosas de esa manera, los demócratas tienen, ahora mismo, una oportunidad inmejorable para frenar la furibunda política injerencista de Trump, una que no ha hecho más que plagarse de escándalos —económico-militares, arancelarios, migratorios, de corrupción e impunidad, de opacidad financiera digital, etcétera— y cuyas polémicas praxis han dejado periodos inflacionarios que ya han deteriorado el nivel de vida de muchos ciudadanos estadounidenses.

La mesa está servida para el gran ejercicio electoral en el que Trump rendirá cuentas no solo a sus votantes, sino a todo el pueblo estadounidense. Por lo pronto, los azules llegan con varias "cartas" a su favor. Sin embargo, estos son solo los pronósticos, y, como ya se sabe, en política, hasta que las urnas no se cierran, los números (y las realidades) tampoco.
Mauricio Hernández Cervantes
Mauricio Hernández Cervantes
Periodista y escritor
Es autor del libro 'El silencio del diente que quiso ser una flor. Textos de un periodista mexicano en España: un país donde el pasado (siempre) es un tema de actualidad'. Actualmente, escribe en la sección internacional de 'El Confidencial' y en la revista 'ETHIC'. Ha colaborado en medios como 'El Mundo', 'La Vanguardia', 'La Voz de Asturias' o el diario mexicano 'Reforma'.
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