La economía española lleva años ofreciendo buenos resultados, pero
hay una distancia cada vez más nítida entre las cifras macroeconómicas y las condiciones de vida de muchos ciudadanos. El crecimiento del PIB y del empleo convive con las dificultades para acceder a una vivienda y
con una inflación que sigue afectando a los bolsillos.
Con esta preocupación en mente, el pasado 13 de octubre se presentó en el distrito madrileño de San Blas
Acelerando la Prosperidad Compartida,
una iniciativa que reúne a más de setenta economistas y científicos sociales para estudiar por qué una parte de la población no se está beneficiando suficientemente del crecimiento económico y proponer políticas públicas que permitan corregirlo. Para conocer mejor el proyecto, conversé con dos de sus impulsores:
Mònica Martínez-Bravo, economista y anteriormente consellera de Derechos Sociales de la Generalitat de Catalunya, y
Nacho Álvarez, profesor de Economía Aplicada en la Universidad Autónoma de Madrid y exsecretario de Estado de Derechos Sociales.
Ambos
conocen de primera mano el funcionamiento de las administraciones y comparten la voluntad de acercar la investigación académica al diseño de políticas públicas. Durante nuestra conversación, Martínez-Bravo reconoce los avances de los últimos años, aunque advierte de que todavía queda mucho por hacer:
"Estamos ante un vaso medio lleno y medio vacío". Álvarez pone el foco en las reglas del mercado que condicionan el reparto de la riqueza y en las consecuencias políticas de la falta de bienestar material.
También hablamos del auge de la derecha radical, de los resultados de las políticas económicas impulsadas durante los últimos años
y de cómo España puede contribuir a las nuevas corrientes del pensamiento económico internacional.
El proyecto nace con la vocación de que "el crecimiento llegue a la mayoría de los hogares".
¿Por qué han decidido lanzar ahora este grupo de reflexión sobre la prosperidad compartida?
Mònica Martínez-Bravo (M. M.-B.): Creo que por diversos motivos. La prosperidad compartida es una cuestión que se está reivindicando cada vez más desde diferentes esferas. El president Illa la ha convertido en una de las banderas de su legislatura, pero incluso antes, en el ámbito de la ciencia económica, cada vez más economistas la situaban como un objetivo central.
En los últimos años han aparecido corrientes cada vez más potentes que abogan por un cambio de paradigma en la ciencia económica. No cualquier tipo de crecimiento nos interesa necesariamente. La evidencia indica que el marco de "crece todo lo que puedas y después ya redistribuirás" está quedando obsoleto. Necesitamos que la prosperidad que se genere sea suficientemente compartida desde el minuto cero. Eso no significa que después no haya que seguir invirtiendo en mecanismos de redistribución, pero necesitamos actuar también desde el principio.
"La evidencia indica que el marco de «crece todo lo que puedas y después ya redistribuirás» está quedando obsoleto"
Creíamos que era un buen momento para que estas corrientes aterrizaran en España con mayor claridad. Ha habido mejoras en términos de prosperidad compartida durante los últimos siete años, y es importante ponerlas en valor. Pero también existe una gran incertidumbre sobre qué políticas pueden fomentarla, cuáles funcionan y cuáles no. Si añadimos las dudas sobre la evolución de nuestras economías y los impactos de la inteligencia artificial, resulta evidente que necesitamos un ecosistema de pensamiento y de políticas públicas que permita probar cosas innovadoras. Los economistas tenemos mucho que decir, pero necesitamos estructuras que nos permitan salir de los
papers de vez en cuando y pensar cómo aterrizamos estas ideas.
Nacho Álvarez (N. A.): Estoy muy de acuerdo. En la última década hemos visto cómo la ruptura de los contratos sociales en buena parte de los países de nuestro entorno ha generado una situación en la que, a pesar de que se producía prosperidad, esta ya no era compartida en los mismos términos que en décadas anteriores.
Los salarios reales ya no crecen al ritmo al que crecía la productividad. La vivienda y, en general, la asequibilidad se han convertido en problemas importantes. Esos mismos desafíos los vemos en España. En los últimos años, el PIB per cápita ha crecido con mayor intensidad que en los países de la eurozona, pero la evolución de la vivienda y de la inflación está suponiendo desafíos importantes para las
condiciones materiales de vida de amplios sectores de las clases medias y trabajadoras. Necesitamos pensar en cómo generar prosperidad y también en cómo repartir la que generamos. De ahí esta iniciativa.
¿En qué medida su iniciativa responde también al avance de la derecha radical en muchos países europeos? ¿Consideran que la falta de prosperidad compartida ayuda a explicar los resultados electorales de la extrema derecha?
M. M.-B.: Lógicamente, no somos ajenos al momento político ni a las tendencias que estamos observando. La fecha del acto estaba fijada desde hacía mucho tiempo. No se trata de una reacción a la coyuntura inmediata, pero tampoco somos ajenos a ella.
Creo que en el encuentro [de presentación del proyecto, celebrado el 13 de octubre en Madrid] pudimos explicar que la situación actual tampoco es de absoluta falta de prosperidad compartida. La economía española presenta tendencias globales que hacen que la prosperidad no sea suficientemente compartida, pero también ha habido avances durante los últimos años. Estamos ante un vaso medio lleno y medio vacío. Vemos brotes verdes y queremos que haya más. De ahí la expresión que utilizamos inicialmente, "acelerando la prosperidad compartida".
En cuanto a la ola reaccionaria que se está viviendo en todo el mundo, creo que sí está siendo alimentada, en parte, por el hecho de que la prosperidad no llega con suficiente contundencia a amplios sectores de la sociedad. Precisamente por eso necesitamos identificar las brechas y acercar la ciencia económica a la ciudadanía. Tenemos que explicar qué políticas económicas favorecen
los intereses de la clase trabajadora y cuáles van en contra de ellos, aunque también debemos ejercer la autocrítica sobre algunos planteamientos de nuestra disciplina.
Me parece especialmente interesante su definición de clase trabajadora. Tradicionalmente, podemos pensar que hablamos de una clase social determinada, pero su propuesta parece dirigirse a una inmensa mayoría de la sociedad: todas aquellas personas que se ganan o intentan ganarse la vida trabajando.
N. A.: Efectivamente. Esta propuesta pone en el centro a sectores que en ocasiones han sido un tanto olvidados por las políticas económicas, pero que en absoluto son minoritarios. Son las amplias mayorías sociales. Hablamos de aquellas personas que viven de su salario, pero también de los autónomos que necesitan una mayoría social con buenos empleos y un buen nivel de vida para poder desarrollar sus negocios.
Es imprescindible poner en el centro a esta clase trabajadora porque, cuando la democracia no produce buenos resultados económicos, aparecen los monstruos que la cuestionan. Hemos visto cómo la falta de bienestar material hace que una parte de estos sectores sociales se sienta tentada a optar por proyectos políticos de extrema derecha que cuestionan abiertamente los marcos democráticos. Eso sucede cuando el contrato social se ha roto y no existe una alternativa factible sobre la mesa.
"Es imprescindible poner en el centro a esta clase trabajadora porque, cuando la democracia no produce buenos resultados económicos, aparecen los monstruos que la cuestionan"
Yo diría que en España este proceso no ha sucedido de la misma manera que en otros países porque las políticas del Gobierno de coalición han permitido mejorar las condiciones de vida y retrasarlo. La inflación diluye el dinero que los ciudadanos tienen en el bolsillo, pero también diluye la acción del Gobierno. Buena parte de los gobiernos que tuvieron que lidiar con el ciclo inflacionista derivado de la guerra en Ucrania cayeron. Al español no le ocurrió, en buena medida, por el buen desempeño de las políticas públicas durante ese ciclo. Sin embargo, los problemas de vivienda y un segundo choque inflacionista en 2026 están volviendo a poner sobre la mesa la cuestión de la prosperidad no compartida, particularmente para la clase trabajadora.
El primer encuentro del proyecto contó con una mesa redonda con varios de sus integrantes.
¿Cómo explican esta paradoja? El Gobierno y los organismos internacionales destacan el crecimiento de la economía española, pero las encuestas reflejan que muchos ciudadanos sienten que sus salarios están estancados y los precios siguen aumentando. Tras el primer choque inflacionista, afrontamos otro derivado de la guerra de Irán. A mes y medio de las elecciones, ¿existe el riesgo de que se imponga de nuevo la idea de que la derecha gestiona mejor la economía?
M. M.-B.: Como decía Nacho, este grupo tiene precisamente el encargo de profundizar en el análisis y examinar estas cuestiones con mayor detalle. Es verdad que coexisten un crecimiento económico muy fuerte y una percepción extendida de que las cosas no van tan bien. Hay, sin embargo, discrepancias interesantes: cuando se pregunta a la gente cómo va la economía, la percepción es más negativa que cuando se le pregunta cómo le va personalmente. Muchas personas consideran que su situación es bastante buena.
Pero la primera reacción de los economistas no puede ser atribuir esta paradoja simplemente a un problema de percepciones. No podemos hacerlo hasta que hayamos analizado todas las brechas, todos los agravios y todos los colectivos. Quienes tenemos una tradición más microeconómica sabemos que
las cifras agregadas ocultan realidades importantes. Cuando empiezas a mirar sectores, problemas concretos, barrios o incluso secciones censales, afloran situaciones en las que la prosperidad no está llegando suficientemente a todo el mundo.
"Quienes tenemos una tradición más microeconómica sabemos que las cifras agregadas ocultan realidades importantes"
Hay casos especialmente sangrantes de personas que se han quedado fuera del sistema, que no han contado con una buena red de protección y a las que el crecimiento económico no ha beneficiado suficientemente. Quizá su salario haya aumentado cien o doscientos euros mensuales, pero les han faltado otras cosas. La inflación y la vivienda son fundamentales, pero necesitamos estudiar también si los servicios públicos de todas las comunidades autónomas han aumentado su oferta al mismo ritmo que la demanda, teniendo en cuenta el crecimiento de la población y el incremento de la dependencia.
Además, hay una cuestión clásica de justicia distributiva que quizá no estamos poniendo suficientemente sobre la mesa. Puede que los trabajadores, incluso los más humildes, estén experimentando incrementos salariales importantes en términos porcentuales, pero quizá las grandes fortunas estén aumentando su riqueza a un ritmo muy superior. Hay evidencia sobre el fuerte crecimiento de los beneficios empresariales que queremos analizar con más detalle. Los salarios también han subido, pero no tanto.
Hay otra cuestión fundamental. Esos agravios están siendo instrumentalizados para promover políticas económicas que irían precisamente en la dirección contraria a los intereses de quienes los sufren. Las primeras propuestas económicas de la derecha radical en esta campaña electoral resultan apabullantes por lo que supondrían para la destrucción de la prosperidad compartida y del Estado del bienestar. Ante esta realidad, los economistas tenemos que salir a explicar las cosas. Pero ese esfuerzo debe partir de una base de confianza.
N. A.: Hay una cuestión importante relacionada con la falta de prosperidad compartida que responde a una tendencia de largo recorrido. Durante mucho tiempo, para los paradigmas más convencionales de la economía, la distribución de la renta ha sido secundaria. Se consideraba que, una vez que el mercado había operado, las administraciones públicas podían compensar a los perdedores y redistribuir parte de la riqueza generada. Sin embargo, hemos comprobado que ese enfoque es un error.
Desde hace décadas observamos un gran desacoplamiento entre el
crecimiento de la productividad y el de los salarios. Y esto sucede antes de que las administraciones públicas desarrollen su tarea redistributiva. Es el propio mercado el que está generando una gran brecha entre las élites económicas y amplios sectores de la clase trabajadora. Es ahí donde tenemos que trabajar: en la predistribución, en las reglas del mercado que condicionan el reparto de la riqueza antes de que intervenga el Estado.
"Es el propio mercado el que está generando una gran brecha entre las élites económicas y amplios sectores de la clase trabajadora"
En España ha habido avances relevantes, como la reforma laboral y los incrementos del salario mínimo, pero queda mucho trabajo por hacer. Los paradigmas económicos han ido cambiando y nos hemos dado cuenta de que la distribución no es una cuestión secundaria.
¿Es casualidad que dos de los impulsores de esta iniciativa procedan de la ciencia económica y hayan tenido responsabilidades políticas? Recuerdo los inicios de Agenda Pública, cuando uno de nuestros objetivos era vincular el ámbito académico con el debate público. ¿Qué han aprendido de su paso por la política que les haya llevado a impulsar un grupo de estas características?
N. A.: Creo que no es casualidad. Esta propuesta viene del ámbito académico, y no solamente de dos académicos, sino de un conjunto amplio de investigadores. Pero tanto Mònica como yo tenemos también la experiencia de haber formado parte de un Gobierno y conocemos directamente cómo se elaboran y desarrollan las políticas públicas.
Lo que hemos visto es que, en ocasiones, resulta difícil construir un puente entre el ámbito académico y el de la política. No existe suficiente contacto y queda mucho trabajo por hacer. Nosotros hemos estado en los dos sitios. Tenemos muchas cosas que aprender, pero también podemos ofrecer la experiencia de haber acumulado conocimientos en ambos ámbitos y ayudar a construir ese puente.
M. M.-B.: Además de tener experiencia en los dos ámbitos, compartimos una sensación muy fuerte de necesidad. Son dos mundos difíciles de compaginar, pero es tanto lo que nos jugamos y tanto lo que la ciencia económica puede aportar para resolver los grandes retos de los próximos años que necesitamos implicar al talento académico en las cuestiones que realmente importan.
Estamos viviendo un momento en el que los académicos también están cambiando. Quizá esta sea una de las vertientes positivas de la polarización. Cuando el debate político se desarrolla en un terreno relativamente centrado, uno puede limitarse a ofrecer recomendaciones y dejar que los responsables políticos elijan. Pero cuando la polarización llega a determinados extremos y vemos surgir proyectos como el de Trump, con políticas deshumanizadoras y contrarias al crecimiento económico y a la prosperidad compartida, muchas personas empiezan a pensar que quieren aportar su grano de arena.
Esta iniciativa es un esfuerzo más en esa dirección. Hemos reunido a más de 70 economistas, muchos de ellos con una trayectoria vinculada a las políticas públicas y otros con un perfil más estrictamente académico. Es significativo que personas con trayectorias tan destacadas se involucren en una iniciativa centrada en España. Como posible antecedente, se me ocurre la creación de
Nada es Gratis, que también respondió a la necesidad de acercar la economía al debate público. Pero no sé si aquella movilización fue tan generalizada como la que estamos viendo ahora.
Además, esta iniciativa tiene otra particularidad que creo que demuestra cierta valentía: clarificamos una función objetivo concreta. Hablamos explícitamente de la clase trabajadora. Hace diez años quizá no hubiéramos encontrado tantas personas que vieran la necesidad de aclarar para quién trabajamos. Eso también ha cambiado.
N. A.: Queremos construir un puente entre el ámbito académico y las políticas públicas, pero una de las cosas que hemos aprendido es que debe funcionar en las dos direcciones. La ciencia económica ha cambiado notablemente. Han surgido nuevas corrientes de pensamiento y existe una mayor apertura intelectual hacia cuestiones que hace unos años no estaban en la agenda. La política económica ha aprendido de esos cambios, pero también ha sucedido lo contrario.
"Queremos construir un puente entre el ámbito académico y las políticas públicas, pero una de las cosas que hemos aprendido es que debe funcionar en las dos direcciones"
Durante los últimos años, en España se han desarrollado políticas públicas que muchos académicos habrían considerado problemáticas. Por ejemplo, se decía que la subida del
salario mínimo interprofesional iba a generar importantes problemas de destrucción de empleo. También se advertía de que el ingreso mínimo vital podía provocar una falta de oferta laboral en determinados sectores sociales. Y lo que hemos visto es que no ha sucedido así. Algunas premisas académicas se han visto cuestionadas por la propia dinámica de la política económica en nuestro país.
Queremos que la política económica aprenda de las nuevas corrientes de la economía, de autores como Schumpeter, Piketty o Mazzucato. Pero también que los académicos aprendamos de la experiencia de la política económica. Durante la pandemia y después de ella hubo una innovación y una experimentación importantes en políticas públicas que han aportado mucha información a la reflexión teórica de la economía.
Martínez-Bravo es doctora en Economía por el Instituto de Tecnología de Massachusetts.
¿Cuáles serán los próximos pasos? ¿Cómo se organizarán y cómo podrá contribuir la ciudadanía a las reflexiones y propuestas que están desarrollando?
M. M.-B.: Estamos en un momento en el que vamos a ir aprendiendo sobre la marcha, haciendo
learning by doing. Hemos empezado con un primer diagnóstico de la realidad para identificar dónde tenemos que concentrar nuestros esfuerzos. Una vez que esté avanzado, queremos crear diferentes grupos de estudio centrados en las brechas identificadas y organizar conferencias y jornadas de trabajo para compartir los resultados con el resto de los miembros de la red. El objetivo final es proponer políticas concretas que se puedan probar.
También hemos lanzado el laboratorio y abierto sus canales en redes sociales. No aspiramos a tener una presencia pública de altísima frecuencia, pero sí queremos contar con canales que nos permitan transmitir a la ciudadanía lo que estamos haciendo.
Hay otra cuestión que es una de mis obsesiones: crear muchos más vasos comunicantes con las personas trabajadoras, con su vida cotidiana y con sus problemas reales. Yo vengo de la economía del desarrollo. Cuando vas a organizar un ensayo controlado aleatorizado en 600 pueblos, antes organizas grupos de discusión. Hablas con la gente, entiendes sus problemas y después haces un proyecto piloto, compruebas si ha funcionado y continúas construyendo a partir de esa experiencia. Creo que tenemos que hacer lo mismo.
"Hay otra cuestión que es una de mis obsesiones: crear muchos más vasos comunicantes con las personas trabajadoras, con su vida cotidiana y con sus problemas reales"
Es algo que echo mucho de menos de mi etapa como consellera. Ayer dimos un primer paso al celebrar la presentación en el distrito de San Blas y contar con un histórico líder vecinal. Nos habló del Gran San Blas, de sus problemas y de su transformación. Es un ejemplo de prosperidad y mejora, pero los avances todavía son insuficientes y sigue habiendo muchas personas con necesidades importantes. No podemos quedarnos únicamente en el ámbito académico. Tenemos que bajar al terreno y hablar con las personas.
N. A.: Mònica lo ha explicado estupendamente, pero querría remarcar ese propósito de salir de la torre de marfil en la que, en ocasiones, nos encontramos los académicos. Ya hemos mantenido reuniones con las organizaciones sindicales y el contacto con ellas es fundamental, porque siguen siendo actores esenciales en la representación de la clase trabajadora.
Al mismo tiempo, uno de los proyectos de la red y del laboratorio es presentar un informe el próximo año. Queremos trasladar al conjunto de la ciudadanía el trabajo de los distintos grupos y formular propuestas de políticas públicas que promuevan la prosperidad compartida. Creo que ese informe puede convertirse en un hito relevante para el debate político en España.
Quisiera terminar con la dimensión internacional de su iniciativa. ¿De España al mundo o del mundo a España? Durante los últimos años se han impulsado desde nuestro país políticas y reflexiones importantes. ¿En qué medida su propuesta quiere contribuir a esa experiencia española y conectarla con las nuevas corrientes del pensamiento económico internacional?
M. M.-B.: Yo diría que en las dos direcciones: de España al mundo y del mundo a España. Queremos traer a nuestro país las nuevas corrientes internacionales de pensamiento económico. Pero estamos también en un momento de gran incertidumbre y abriendo una nueva frontera en la gestión de la política económica.
Recuerdo que, cuando hablamos con Dani Rodrik, le pregunté qué políticas creía que podían fomentar una economía de buenos empleos, una
good jobs economy. Su respuesta fue que teníamos que probar, experimentar y ensayar cosas nuevas. España cuenta con iniciativas en las que es puntera, por ejemplo, en la economía social y en el ecosistema cooperativista. Tenemos que probar, evaluar y aprender. Y creo que España puede ser punta de lanza en el proceso de identificar qué políticas públicas funcionan.
"España cuenta con iniciativas en las que es puntera, por ejemplo, en la economía social y en el ecosistema cooperativista"
Hasta cierto punto ya lo hemos hecho. Hemos reivindicado que subir el salario mínimo y aprobar la reforma laboral eran medidas importantes, también porque podían contribuir al buen funcionamiento de la economía. Pero necesitamos buenas evaluaciones. Nacho lo explicaba ayer al hablar de
los PERTE. Hay indicios de que han contribuido a transformar el modelo económico, pero necesitamos evaluarlos.
Quizá ahí esté una de las aportaciones que España puede hacer al resto de las economías europeas y avanzadas: ayudar a identificar qué políticas funcionan y cuáles no. Necesitamos que los académicos nos ayuden a evaluar, a formular las preguntas adecuadas y a comprender su trascendencia. Quizá eso implique dejar de lado algunas cuestiones menos relevantes para concentrar nuestros esfuerzos en las que realmente importan.
N. A.: Estoy muy de acuerdo con Mònica. Un buen ejemplo de ese intercambio en las dos direcciones puede ser la
política industrial. En España, durante los últimos años, se ha desarrollado una política industrial notablemente novedosa respecto a nuestra historia reciente. Hace unos años se decía que la mejor política industrial era la que no existía, la que hacía el mercado.
" En España, durante los últimos años, se ha desarrollado una política industrial notablemente novedosa respecto a nuestra historia reciente"
Sin embargo, los fondos Next Generation y los PERTE han permitido incorporar parte de las nuevas corrientes de política económica planteadas internacionalmente, en la línea de Dani Rodrik o Mariana Mazzucato. Al mismo tiempo, España está devolviendo al entorno internacional una experiencia que puede resultar muy valiosa: el intento de desarrollar misiones en torno a grandes proyectos tractores, como propone Mazzucato y como se ha intentado hacer aquí, con mayor o menor éxito según los PERTE.
Ahora toca evaluar esos proyectos. Tenemos que comprobar cuáles están transformando nuestro modelo productivo, impulsando la productividad, reduciendo el consumo de combustibles fósiles y permitiendo un abaratamiento energético. Y también identificar cuáles no han conseguido esos resultados.
Creo que el intercambio ha funcionado en las dos direcciones. Hemos incorporado nuevos planteamientos de política económica y, al mismo tiempo, estamos generando experiencias que pueden ser útiles para el debate internacional. En algunos ámbitos claramente hemos tenido éxito, pero también tenemos que analizar dónde hemos fallado.