Martes, 13 de octubre de 2026
INDUSTRIA

De un árbol español puede salir la pólvora de Europa

El rearme europeo mantiene una dependencia tan relevante como poco discutida: el algodón importado para fabricar nitrocelulosa militar. Álvaro Marín García, fundador de Iberian Defence Propulsion Hub, sostiene que "una parte decisiva de la autonomía europea es química" y apuesta por "producir nitrocelulosa de grado militar a partir de pulpa de madera europea". España, defiende, tiene una oportunidad industrial que debería aprovechar.

Álvaro Marín García Álvaro Marín García 13 de octubre de 2026
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Troncos de madera almacenados junto a maquinaria en un aserradero. | Ilia Bronskiy / Pexels
Troncos de madera almacenados junto a maquinaria en un aserradero. | Ilia Bronskiy / Pexels
Hay un dato que debería estar en el centro del debate europeo sobre rearme y que apenas se menciona: la mayor parte de la materia prima con la que se fabrican las pólvoras y los propulsantes de la munición europea no se produce en Europa. La nitrocelulosa, el componente energético básico de casi todo lo que dispara un ejército, se obtiene en el continente a partir de línter de algodón, y el algodón apenas no crece aquí. Se importa, se importa de pocos países, y varios de ellos no son aliados. Llevamos tres años hablando de autonomía estratégica y de llenar almacenes de proyectiles, y todavía discutimos poco de qué están hechos.

"Llevamos tres años hablando de autonomía estratégica y de llenar almacenes de proyectiles, y todavía discutimos poco de qué están hechos"
Escribo estas líneas como alguien que hace un año decidió fundar una empresa para atacar exactamente ese problema: producir nitrocelulosa de grado militar a partir de pulpa de madera europea, y que desde entonces ha podido ver de cerca cómo se mueve el resto de Europa y qué sitio puede ocupar España. Mi conclusión es optimista, con una condición: hay una oportunidad real y es nuestra si la vemos a tiempo.

Empiezo por lo que ya funciona, porque funciona más de lo que se cree. La Unión Europea ha pasado en pocos años de los documentos de estrategia a los instrumentos: el Fondo Europeo de Defensa financia investigación y desarrollo con convocatorias anuales, y el nuevo programa industrial pone dinero en plantas, no solo en papeles. La Agencia Europea de Defensa reúne a los gobiernos y a la industria en grupos técnicos por capacidad, donde una pyme española puede sentarse al lado de los grandes fabricantes alemanes, franceses o nórdicos y proponer. La OTAN hace lo mismo con sus grupos científicos. En todos esos foros he encontrado la misma actitud: cuéntanos qué sabes hacer, quién lo valida y cuándo puedes tenerlo. Y la misma prisa: nadie en Bruselas ni en la Alianza cree que haya tiempo que perder.

También he visto cómo se están colocando los países con los que competimos por los mismos fondos y por el mismo sitio en la cadena de valor. Hay gobiernos que han publicado hojas de ruta tecnológicas de munición con áreas de foco explícitas y calendario, y que convocan a su industria para preguntarle qué papel quiere jugar. Hay ministerios que han convertido su presupuesto de investigación en defensa en un porcentaje fijo y creciente del gasto total, con un objetivo a cinco años. Hay centros públicos que llevan años estudiando materias primas alternativas para la nitrocelulosa en programas multinacionales, con empresas de su país dentro. Y hay fondos de capital privado especializados en defensa que se anuncian con cientos de millones y entradas desde dos millones de euros, porque sus inversores han entendido que el sector ha cambiado de ciclo. Nada de esto es ciencia ficción: son países de nuestro tamaño o más pequeños, con menos industria de la que nosotros tenemos.

Y aquí está la oportunidad. El debate público español sobre defensa se ha concentrado, con razón, en lo digital: drones, inteligencia artificial, ciberseguridad, espacio. Es donde está el relato y donde están las startups. Pero una parte decisiva de la autonomía europea es química, y en química industrial España tiene ventajas que casi nadie está poniendo sobre la mesa. Tenemos la mayor superficie forestal de crecimiento rápido de la Unión y una industria de pulpa de madera que exporta a todo el mundo. Tenemos centros públicos de investigación de primer nivel en materiales. Tenemos una base industrial de defensa seria, con empresas que fabrican munición y propulsantes y que hoy compran su materia prima fuera. Y tenemos, por primera vez en décadas, presupuesto. La molécula que Europa necesita y no produce puede salir de un árbol español. Esa frase no la puede decir Alemania, ni Francia, ni Polonia.

"La molécula que Europa necesita y no produce puede salir de un árbol español. Esa frase no la puede decir Alemania, ni Francia, ni Polonia"
Para que esa oportunidad se convierta en capacidad, hace falta que las piezas se encuentren, y ahí es donde el Estado puede marcar la diferencia con muy poco. Los procedimientos actuales están pensados para contratistas con cuarenta años de historia, tres ejercicios cerrados y un departamento jurídico. Las empresas nuevas, que son precisamente las que pueden cubrir los huecos que a los grandes no les sale a cuenta cubrir, encajan mal en esos moldes. No es culpa de las personas: en cada dirección general con la que he tratado he encontrado funcionarios y militares que entienden el problema, que contestan y que ayudan. Es la estructura la que fue diseñada para un mundo en el que los programas duraban quince años y que ahora tiene que acompañar proyectos que cambian de requisitos cada seis meses.

Propongo tres cosas, y creo que las tres son razonables y baratas. La primera, un marco de doble uso claro para la industria emergente, que fije qué actividades, qué tecnologías y qué relaciones con terceros requieren qué autorizaciones, y que se pueda leer en una tarde. Hoy, un emprendedor que quiere entrar en este sector lo aprende a base de consultas, y cada consulta son semanas. La segunda, una ventanilla con plazos para las empresas nuevas del sector: un único punto de entrada en el ministerio que acompañe al proyecto desde el registro hasta la habilitación y que responda en semanas, no en trimestres, porque la coordinación entre organismos es un problema del Estado y no del administrado. La tercera, que los instrumentos públicos de financiación y las convocatorias nacionales admitan a quien todavía no tiene tres ejercicios cerrados, con las garantías que hagan falta, porque exigir historia a quien nace para cubrir un hueco es una forma educada de decir que el hueco seguirá ahí.

Nosotros hemos elegido avanzar mientras esas piezas llegan, y lo cuento como prueba de que se puede, no como mérito. Hemos validado la materia prima con un instituto público de investigación español, que es quien firma lo que una empresa de pocos meses no puede firmar sola. Hemos construido y presentado una propuesta al Fondo Europeo de Defensa con socios de cinco países, coordinada desde Madrid por una pyme. Hemos entrado en los foros técnicos de la Agencia Europea de Defensa y de la OTAN donde se decide qué se investigará en los próximos años, y en uno de ellos ocupamos un asiento que España tenía vacío. Todo eso se ha hecho en meses, con capital propio y de amigos, y con más ayuda de la Administración de la que el relato habitual sobre la burocracia haría esperar. Si una empresa recién nacida puede llegar hasta ahí, imaginen lo que puede hacer el país si decide que esta es una de sus apuestas.

"Si una empresa recién nacida puede llegar hasta ahí, imaginen lo que puede hacer el país si decide que esta es una de sus apuestas"
La velocidad es hoy una capacidad militar más, y los países que nos rodean la están tratando como tal. España tiene el bosque, la industria, el talento y el presupuesto. Lo que hace falta es decidir que la química de la defensa también es nuestra, y ponerle reloj. Esta oportunidad no va a esperar: la materia prima que Europa no produce la va a producir alguien, y hoy, por una vez, los argumentos para que sea aquí son mejores que en ningún otro sitio.
Álvaro Marín García
Álvaro Marín García
Fundador de Iberian Defence Propulsion Hub (IDPH)
Fundador de Iberian Defence Propulsion Hub (IDPH), proyecto tecnológico centrado en desarrollar nitrocelulosa de grado militar a partir de biomasa ibérica para reducir la dependencia industrial europea. Cuenta con más de siete años de experiencia en gestión y optimización de operaciones industriales. Especializado en soberanía industrial y defensa europea, actualmente cursa un Executive MBA en IESE Business School.
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