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ANDREW KELLY (REUTERS)

En Derecho las cosas son lo que son y no lo que se dice que son

Paulina Astroza

6 mins - 1 de Abril de 2024, 12:00

Mayúscula fue mi sorpresa al leer el artículo de la corresponsal de El País en Nueva York, María Antonia Sánchez Vallejo, donde daba cuenta de la interpretación que Estados Unidos ha dado a la resolución 2728 adoptada por el Consejo de Seguridad de la ONU sobre el cese al fuego en Gaza y en que este país se abstuvo. Como lo sostuvieron las fuentes mencionadas en el artículo, hoy Estados Unidos estaría calificando dicha decisión del Consejo de Seguridad de “Una proposición no vinculante”. Así lo señalaron la embajadora de este país ante la ONU, el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca y el portavoz del Departamento de Estado. Insólito, por decir lo menos.
 
Para poder comprender por qué varios especialistas en Derecho Internacional y varios Estados han manifestado públicamente su oposición a esta interpretación de Estados Unidos sobre el alcance jurídico de la resolución 2728, tenemos que empezar por explicar lo más básico que se enseña en cualquier curso de Derecho Internacional en todas las Universidades del mundo.
 

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Las fuentes del Derecho Internacional, es decir, donde emanan los derechos y obligaciones internacionalmente exigibles, se encuentran principalmente en el art. 38 del Estatuto de la Corte Internacional de Justicia: tratados, costumbre, principios generales de Derecho, doctrina, decisiones judiciales y equidad. Hoy, no hay ninguna duda que existen en el Derecho Internacional Contemporáneo otras fuentes que han surgido con posterioridad al Estatuto, dentro de ellas, encontramos la legislación internacional. Esta fuente dice relación con las decisiones o mandatos adoptados por las organizaciones internacionales.
 
Para comprender esto, debemos señalar que las organizaciones internacionales intergubernamentales (en que son los Estados quienes forman parte) dictan las llamadas “resoluciones”, las que pueden ser “recomendaciones” o “decisiones”. Estas últimas, al producir efecto jurídico vinculante para los Estados miembros de la organización internacional, son fuentes del Derecho Internacional.
 
En el caso del Consejo de Seguridad, existe las resoluciones que se refieren a aspectos procedimentales y las que se refieren a las otras materias. Esas otras materias, las más importantes, son las que tienen que ver con la paz y seguridad internacional. Para adoptar una resolución, cualquiera de las dos que mencionamos, se requiere tener a lo menos 9 votos de los 15 miembros del Consejo de Seguridad. En el caso que no sean materias de procedimiento, se requiere además que ninguno de los Estados permanentes ejerzan su derecho de veto. Basta con que uno de los llamados P5 (Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Rusia y China), voten en contra, y la resolución no se puede adoptar aunque haya 14 votos a favor. Estos “privilegios” (membresía permanente y veto) vienen de los acuerdos logrados por Roosevelt, Churchill y Stalin en la Conferencia de Yalta de 1945. Para poder modificar éstos en la Carta … los P5 tienen veto! Como se trata de poder, obviamente cada vez que se ha intentado avanzar en esto (ha habido varias propuestas), se entrampa en la voluntad de los P5.
 
Ahora bien, cuando Estados Unidos se abstuvo, sabía perfectamente que con ello no estaba apoyando la resolución pero tampoco impidiéndola. Ejemplo de ello tenemos cuando Barack Obama, días antes de dejar la presidencia, también se abstuvo en una resolución adoptada por 14-0 en que se condenaban por ilegales los asentamiento de colonos judíos en territorios palestinos ocupados. Misma votación que obtuvo la reciente resolución 2728. Otro ejemplo, es la abstención de China cuando el Consejo de Seguridad autorizó el uso de la fuerza contra Irak cuando invadió Kuwait. 
 
Pese a que textualmente el artículo 27 de la Carta de la ONU señala “Las decisiones del Consejo de Seguridad sobre todas las demás cuestiones serán tomadas por el voto afirmativo de nueve miembros, incluso los votos afirmativos de todos los miembros permanentes”, a raíz de la “silla vacía” de la URSS en 1950, con motivo de la votación de una fuerza de interposición entre las dos Coreas en guerra, la Asamblea General de la ONU interpretó este artículo en el sentido que la abstención NO equivale a veto. El P5 que quiera vetar, debe asistir a la sesión respectiva y votar en contra. 
 
Por el contrario, la Asamblea General de la ONU, por regla general, sólo tiene poder de recomendación. Sus resoluciones no producen efecto jurídico vinculante aunque políticamente pueden ser muy importantes, en especial cuando son adoptadas abrumadoramente en un sentido como pasa con la condena al embargo de Estados Unidos contra Cuba.
 
El art. 25 de la Carta de la ONU es claro: “Los Miembros de las Naciones Unidas convienen en aceptar y cumplir las decisiones del Consejo de Seguridad de acuerdo con esta Carta”. Sus resoluciones son obligatorias no sólo para los miembros del Consejo (incluso para los no P5 que lo hayan votado en contra), sino que para todos los Estados miembros de las Naciones Unidas.
 
La materia del cese del fuego es una materia de paz y seguridad internacional. No hay ninguna duda sobre ello. Está dentro de las materias del Capítulo VII de la Carta que se titula “Acción en caso de amenazas a la paz, quebrantamientos de la paz o actos de agresión”. Si no fuera así, ¿por qué el propio EE.UU. ha vetado en tres oportunidades resoluciones sobre el cese al fuego en Gaza? ¿Por qué Rusia y China vetaron también otros proyectos de resolución sobre la misma materia? Porque saben que, de aprobarse, es una DECISIÓN con carácter obligatorio para todos los Estados miembros. Otra tema es cómo obligar a un Estado a cumplir con dicho mandato, pero eso da para otra columna. “Leguleyadas” como la que hemos observado de parte de EE.UU. son un pésimo precedente que, tarde o temprano, se le puede volver en su contra.   

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