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En este contexto, el presidente Mattarella ejerció este control político el pasado domingo ante la lista de ministros propuesta por el candidato Conte. Se trata de un hecho insólito que ha despertado un gran interés doctrinal, aunque la inmensa mayoría de los constitucionalistas italianos se ha expresado en distintos foros apoyando la actuación de Mattarella. Analicémosla. La conformación del Gobierno en Italia requiere de varios pasos. El presidente de la República realiza consultas para proponer un candidato a presidente del Consejo de Ministros que cuente con una mayoría en el Parlamento (en la Cámara de los Diputados y en el Senado, debido al sistema del bicameralismo perfecto). Pero no es el presidente del Consejo de Ministros el que se somete al voto de la confianza de las cámaras, sino todo el Gobierno (artículo 94 de la Constitución italiana), que está compuesto por aquél y por los ministros (artículo 92). Dentro del Gobierno, es el presidente del Consejo el que dirige la política general del Ejecutivo e impulsa y coordina la acción política y administrativa del Estado, siendo su máximo responsable. Este dato es relevante porque, de acuerdo de nuevo con el mencionado artículo 92 (origen de toda la controversia), el presidente de la República nomina, como es obvio, al presidente del Consejo, pero también a los ministros, aunque a propuesta de éste. He aquí el problema: el alcance y el valor del poder de nombramiento de los distintos ministros por parte del presidente de la República. Tradicionalmente, esta función de separación de los ministerios y de elección de las personas encargadas de los mismos ha entrado en la esfera de la dirección política que compete al presidente del Consejo. Esta lista se presentaba al Quirinale y ya entonces el Gobierno de la República, que no de su presidente, requería la confianza a las cámaras. Es cierto que no es el primer caso, y abundan, en el que el presidente de la República desaconsejaba el nombramiento de determinadas personas por razones de inoportunidad política. Lo que convierte éste en diferente son las razones de Mattarella para el veto del euroescéptico Savona y la airada reacción de los partidos que apoyaban la conformación de este Gobierno. Empezando por lo último, la reacción de la Liga y del M5S ha extralimitado toda cortesía constitucional, llegando incluso a proponer un imposible impeachement contra el presidente Mattarella, puesto que el artículo 90 sólo prevé la alta traición y el atentado contra la Constitución como motivos para apartar al presidente de la República. Lo curioso es que, con su actuación, Mattarella sí ha querido evitar un atentado contra la Constitución italiana, dado que ha considerado que el nombramiento de Savona como ministro de Economía podía ir en contra de la adhesión de Italia en la Unión Europea (artículo 11 de la Constitución), el respeto de las obligaciones internacionales y europeas (artículos 80 y 117) o la protección del ahorro (artículo 47). Siguiendo ese papel de guardián político de la Constitución, ha evitado -podríamos decir- un quebranto del orden constitucional italiano, lanzando un mensaje claro de firmeza ante las derivas populistas que están resquebrajando el continente europeo. Al tiempo, consciente o no, Mattarella ha ejecutado lo que, a mi juicio, supone el gran símbolo en esta crisis: Europa está dentro de la Constitución italiana, la construcción europea no es ajena al orden constitucional italiano y, por tanto, la Unión se encuentra dentro de la Constitución material que el presidente de la República está dispuesto a defender con ese prestigio político que acompaña a su cargo. Empero, esta loable acción tiene su contrapunto, basado en el cuestionamiento de la deriva de la Unión y su asimilación a la sola idea del neoliberalismo. La Europa defendida por Mattarella, de acuerdo con sus argumentos, ejemplifica el gobierno de los mercados frente al gobierno de los pueblos. El mensaje del presidente de la República deja fuera del juego político las legítimas aspiraciones de los partidos sobre la política económica y monetaria. Y nada lo simboliza mejor que el nombramiento como candidato a la Presidencia del Consejo de Ministros del tecnócrata Carlo Cottarelli, ex economista del Fondo Monetario Internacional.Recibe nuestro análisis diario en tu correo
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