Francia atraviesa una tormenta política y social que parece no tener fin. La aprobación de la controvertida reforma de las pensiones por decreto, evitando el voto parlamentario, ha encendido una oleada de protestas que refleja el creciente descontento de la sociedad. Emmanuel Macron enfrenta ahora una doble crisis: una oposición parlamentaria que, aunque debilitada, roza la censura, y una población cada vez más alejada de la clase política. Este episodio, lejos de ser un conflicto aislado, pone de manifiesto un agotamiento sistémico que amenaza con fracturar aún más la ya tensa convivencia republicana.