El 10 de noviembre de 2019 el PP fue tercero en Ceuta. Vox ganó el escaño con
11.752 votos, el 35,2%; el PSOE sacó 10.455 y el PP, que gobierna la ciudad desde 2001, 7.439, el 22,3%. El 28 de abril de ese mismo año, el diputado había sido socialista, con 13.800 votos. El 23 de julio de 2023 volvió a ser popular, con 12.918. Son
tres elecciones con tres ganadores distintos en una ciudad de poco más de 80.000 habitantes que
elige un solo diputado por mayoría simple.
El PP podría estar repitiendo en 2026 los errores de la campaña de noviembre de 2019, encuadrando su marco narrativo
en el mismo espacio que el de Vox sobre asuntos claves para su electorado, como podrían ser la migración y la defensa de la frontera. La imitación del léxico del partido de Abascal lleva, además, al votante a una confusión de las identidades de ambas marcas, acabando subsumida la moderada dentro de la radical. En una ciudad como Ceuta, por ejemplo,
sumarse a esa línea argumental produce un efecto movilizador sobre las comunidades que son más directamente atacadas por este mensaje,
activando un voto de la izquierda anteriormente desmovilizado por la percepción sobre la gestión de la crisis del pasado verano.
Lo que pasó el 7 y el 25 de octubre
El 7 de octubre, en Ceuta y con Juan Jesús Vivas al lado, Alberto Núñez Feijóo dijo que quedan en la ciudad
"15.000 personas que de forma irregular han invadido la ciudad" y que
"la única solución es que los 15.000 se vayan de Ceuta y de España". Prometió una ley de extranjería "que permita la devolución inmediata de todos los que entren por tierra o por mar" y recurrir, si hace falta, al
artículo 8 de la Constitución, que es el de las Fuerzas Armadas. El domingo 25 de octubre, al final de la marcha de Mujeres Caballas frente al Congreso, Vivas pidió
"que no se vuelva a repetir otra invasión", volvió a hablar de en torno a 15.000 personas, acusó al Gobierno de "sumisión a Marruecos" y cerró con "Ceuta no se vende, Ceuta se defiende". La Delegación del Gobierno en Madrid contó
unas 30.000 personas.
"La imitación del léxico del partido de Abascal lleva, además, al votante a una confusión de las identidades de ambas marcas, acabando subsumida la moderada dentro de la radical"
El manifiesto de la plaza de las Cortes pide cosas razonables, entre ellas
un estatus específico en la Unión Europea para las dos ciudades parecido al de las regiones ultraperiféricas, y que la situación sigue siendo excepcional no lo discute nadie.
Lo que no cuadra es la cifra, y en eso el Gobierno tiene su parte de culpa, porque ha dado cinco distintas. Según la
cronología de Maldita, desde el 30 de julio entraron 72.000 personas y 70.000 habían regresado el 4 de agosto; Interior contaba 2.000 ese día, 5.000 el 13 de agosto, y el 21 de septiembre el ministro Torres sumaba 6.000 adultos y 2.000 menores en recursos y más de 3.000 personas en la calle, es decir, unas 11.000. La ciudad dijo 13.000 el 16 de septiembre. La cifra de 15.000 que repiten Feijóo y Vivas es la que el presidente de la asociación de vecinos de Sidi Embarek le dio a
El Faro el 4 de agosto, la noche en que la Delegación hablaba de 2.500.
Murieron 75 personas según el Ministerio y 88 según la ciudad, y eso sí que no admite dos cifras.
El PP ha elegido rendir cuentas de la crisis con la palabra "invasión", que es el vocabulario de Vox, y con la cifra más alta de todas, cuando la del Gobierno, con todas sus correcciones, ya le daba la razón sobre la magnitud. Y esa cifra contrasta con una realidad paulatina de mejora en los barrios más afectados, lenta pero progresiva, que se ve en los recursos de acogida que han ido sacando gente de la calle y que el Gobierno cifra en el
plan de choque de 309 millones del 1 de septiembre, 90 para seguridad y 118 para acogida.
Esa mejora deja sin corazón emocional la campaña del PP, porque sus votantes más impactados por la crisis seguirán optando por Vox, que fue quien la nombró primero, y a los demás la normalidad que vuelve les quita el motivo. Marc López Plana se preguntaba hace una semana en este medio:
"¿Por qué Sánchez calló sobre Marruecos?" y concluía que la discreción en una crisis exige rendir cuentas después. En este sentido, la pregunta simétrica es
qué cuenta rinde quien habla con las palabras de otro.
Tres elecciones, una regla
El 28 de abril de 2019, la derecha ceutí llegó en tres listas:
Vox, con 9.092 votos; el PP, con 8.147; y Ciudadanos, con
4.546.
El PSOE ganó el escaño con 13.800. El 26 de mayo Vox entró en la Asamblea con
seis diputados y el 22,4% y el 15 de junio Juan Vivas fue investido solo con los nueve votos del PP. El 10 de noviembre, en la repetición electoral, con la campaña nacional jugada en la frontera y en la identidad,
Vox subió a 11.752 votos, el PP bajó a 7.439 y Ciudadanos a
1.138. El 28 de mayo de 2023 el PP ganó la Asamblea con nueve escaños y Vox bajó a cinco. El 23 de julio
el PP recuperó el escaño del Congreso con
12.918 votos frente a 7.752 de Vox y le sacó 1.586 al PSOE.
Cuando, como en 2023, el Partido Popular apuesta por
competir por el centro liberal que representaba anteriormente Ciudadanos, gana votos por el centro y mantiene anclado el de su derecha siempre y cuando evite una entrada directa en temas éticos clásicos sensibles. El imaginario de su electorado asume que esos planteamientos morales son parte del ideario fundador del partido y
el voto blando deja de ver como una amenaza a las libertades sociales una apuesta por una opción conservadora.
Precisamente
Ciudadanos fue víctima de esta estrategia de competencia directa a un único lado del espectro, abandonando su alma original socioliberal y confundiendo su marca con la del Partido Popular, que la acabó absorbiendo. Entre el 28 de abril y el 10 de noviembre de 2019 pasó del
15,9% y 57 escaños al 6,8% y 10 en España, y en Ceuta de 4.546 votos a 1.138.
Lo que dice la literatura sobre copiar
Bonnie Meguid publicó en 2005 en
American Political Science Review el modelo que la ciencia política llama
competencia entre desiguales, sobre qué pasa cuando un partido grande adopta la posición de uno de nicho en un tema que es del nicho. En Ceuta el tema migratorio era una bandera de Vox desde 2019 y sus estandartes eran
Carlos Verdejo y Juan Sergio Redondo, al frente de la portavocía del Grupo Vox en la ciudad. A finales de noviembre de 2020, cuando Vox y el PP rompieron en la ciudad, Redondo escribió en Facebook que a Vivas
"la marca PP era la que le daba los votos".
Esa es la marca que el PP ha dejado de usar desde el 7 de octubre.
Werner Krause, Denis Cohen y Tarik Abou-Chadi publicaron en 2023 en
Political Science Research and Methods un estudio con 108 contextos electorales de doce países de Europa occidental entre 1976 y 2017 y 228 transferencias de voto entre partidos tradicionales y de derecha radical en 70 elecciones. No encontraron ninguna prueba de que acomodarse reste votos a la derecha radical, y sí de que la derecha radical gana más donde ya está consolidada, que es el caso de Vox en Ceuta desde 2019. Los autores avisan de que
su diseño es observacional y de que los partidos pueden copiar cuando ya van perdiendo. Los partidos democristianos y conservadores clásicos han venido siendo arrastrados a su extremo y fagocitados por ellos cuando no han puesto barreras de contención en lo que los diferencia,
creando un canal de transferencia poroso y osmótico que siempre beneficia al nicho por radical.
"Los investigadores no encontraron ninguna prueba de que acomodarse reste votos a la derecha radical, y sí de que la derecha radical gana más donde ya está consolidada"
El 19 de octubre Vox anunció que Redondo iría de
número tres por Madrid, detrás de Abascal y de Montse Lluis, y Redondo dijo a
El Pueblo de Ceuta que la ciudad es "epicentro de nuestra prioridad nacional". El 21 de octubre designó a Ana Belén Cifuentes, portavoz adjunta en la Asamblea, candidata al Congreso por Ceuta. Si las encuestas que dan a Vox ocho o nueve escaños en Madrid aciertan,
Vox tendrá un diputado ceutí pase lo que pase en la circunscripción, y a Cifuentes le basta con disputar el escaño.
El PP, sin embargo, no tiene esa red. Quiere competir con un electorado a su derecha al que la crisis de la frontera movilizó y convirtió en voto duro y que va a depositar la papeleta a quien considera que representaba originalmente el ideario más eficiente, que suele ser el populista.
Lo que el PP tiene que perder por el centro
El 28 de mayo de 2023 el PP de Ceuta ganó la Asamblea con
11.774 votos, el 34,35%. El 24 de octubre de 2026 aprobó su
candidatura para el 29N: Rafael Martínez Peñalver al Congreso con la consejera de Sanidad Nabila Benzina de suplente, y al Senado los senadores Abdelhakim Abdeselam y Cristina Díaz.
Es una lista plural porque el voto del PP en Ceuta lo es: en él caben familias conservadoras cristianas y musulmanas, y eso no lo recoge la idea que se tiene de la ciudad desde Madrid. En Ceuta la frontera es una economía de familias. Hay parientes a los dos lados, negocios que viven del paso y matrimonios con dos pasaportes, y lo sé por los años en que ejercí la extranjería en la ciudad.
Mi hipótesis es que una parte de ese electorado, que el PP ha atraído durante veinticinco años, no distingue entre una posición sobre las entradas a nado del 30 de julio y una posición sobre él. Ese contraste Vox lo hace a propósito. El PP lo hace sin querer.
"En Ceuta la frontera es una economía de familias. Hay parientes a los dos lados, negocios que viven del paso y matrimonios con dos pasaportes"
Proponer soluciones drásticas de extranjería cuando una parte de tu electorado vive de la convivencia con Marruecos, trabaja a los dos lados de la frontera o tiene raíces marroquíes es
competir con Vox en un terreno en el que Vox no tiene nada que perder y el PP lo tiene todo. A mi juicio, los 7.752 votos de Vox en julio de 2023 se explican casi por entero con el voto cristiano de la ciudad.
Los 12.918 del PP, no. Cada mensaje de expulsión masiva que el PP copia es un mensaje que Vox dirige a su electorado y que el PP dirige, sin querer, contra una parte del suyo.
Y lo que activa por la izquierda
En mayo de 2025 el Ingreso Mínimo Vital llegaba en Ceuta a
11.138 personas en 2.710 hogares, 4.931 de ellas menores, según el INSS. Es
más del 13% de la población, una proporción que solo Melilla iguala; en España, con
2,53 millones de personas en marzo de 2026, es algo más del 5%.
En Ceuta la izquierda se moviliza por amenaza mucho más que por ideología. Vox lleva la
remigración en el centro de su campaña, el PP pide desde el 7 de octubre la salida de 15.000 personas y los dos, con Junts y UPN, tumbaron los decretos de vivienda el 2 de octubre. Eso le da al PSOE lo que no tiene por sí mismo,
un motivo para que quien se quedó en casa el 23 de julio de 2023 vuelva a la urna por miedo. Entre abril y noviembre de 2019 la participación en Ceuta cayó del 61,4% al 54,0% y el escaño pasó del PSOE a Vox. Mi hipótesis, que habría que confirmar con los datos por sección, es que esa caída se concentró en los barrios de menos renta, donde el PSOE es la primera fuerza. El
antivoto lo activa la derecha cuando compite consigo misma en dureza, y de los dos partidos solo el PP lo paga.
Tampoco es un mérito del PSOE. El 28 de septiembre
dimitió Miguel Ángel Pérez Triano, delegado del Gobierno y secretario general del partido en Ceuta, y al día siguiente Ferraz nombró una gestora.
El PSOE llega al 29N con ella, y lo que gane por miedo lo gana sin haberlo trabajado.
"El 'antivoto' lo activa la derecha cuando compite consigo misma en dureza, y de los dos partidos solo el PP lo paga"
Queda una fuerza en sentido contrario, y la planteo como hipótesis porque nadie la ha medido. La crisis de julio y la de mayo de 2021
pueden haber activado un voto ligado a la defensa y a la soberanía, que pesa en una ciudad con guarnición y que Feijóo buscó el 7 de octubre al invocar el artículo 8. Pero es un voto que el 29N también prefiere al original, máxime cuando
el original tendrá su escaño en Madrid para hablar de Ceuta.
Tres salidas y una previsión
Si la campaña se juega en el terreno de Vox, el precedente es el 10 de noviembre de 2019 y el escaño es de Vox. Si el PP vuelve a parecer el proyecto estable, el precedente es el 23 de julio de 2023 y lo conserva. Si la derecha llega partida como el 28 de abril de 2019 y la abstención de 2023 vuelve por miedo,
el escaño puede ser del PSOE con poco más de un tercio de los votos, como entonces.
El escenario más plausible es que el PP tenga dificultades para retener el escaño por el empuje nacional de Vox y las dificultades para una diferenciación de su marca con la marca del partido de Abascal en la Ciudad. Lo desharía que la crisis de julio se reabra en noviembre, porque el voto de orden volvería al partido de gobierno de la Ciudad. Lo confirmará la primera encuesta local con estimación, que a 25 de octubre nadie ha publicado.
"Si la campaña se juega en el terreno de Vox, el precedente es el 10 de noviembre de 2019 y el escaño es de Vox"
La solución es contraintuitiva, porque está en
la estabilidad del proyecto antes que en la dureza del mensaje. El
outsider interesa cuando la solución clásica no comparece ante el electorado como una opción verosímil para responder a las necesidades del pueblo, y el PP de Ceuta, que fue esa solución clásica durante veinticinco años,
ha decidido comparecer disfrazado de outsider. Después del 29N habrá un 30N, y
al PP le toca decidir si ese día tiene el diputado de Ceuta como PP o lo ha perdido como copia.