En estos días proliferarán múltiples análisis sobre a quién votarán los españoles el 29N, y se harán
sobre un tablero que todavía se mueve. Por ejemplo, parece que Aliança Catalana no se presentará a las generales y la militancia de la CUP ha avalado no hacerlo. Podemos irá en las listas de ERC en Catalunya, mientras el Frente Amplio proponía a Ada Colau como candidata y sigue invitando a Podemos, incluso si eso implica renunciar al liderazgo de Colau.
El plazo para registrar coaliciones vence el 16 de octubre y el de presentar listas, diez días después.
Antes de preguntarnos a quién votará cada cual,
conviene preguntarse cuándo se deciden los votantes. Y ahí
el adelanto electoral importa por sí mismo.
Un adelanto no es una elección cualquiera
Solemos tratar las elecciones anticipadas simplemente como elecciones que llegan antes de lo previsto, pero no lo son.
Quien convoca elige el momento y limita, por tanto, el margen de maniobra del resto. Además, afectan a los propios votantes. Estas elecciones son cada vez más frecuentes: en Europa, cerca del 45% de las elecciones nacionales celebradas entre 2020 y 2024 fueron anticipadas, frente al 11% de comienzos de siglo. España no es excepción: aunque por distintos motivos,
todas las generales convocadas desde 2019 han llegado antes de agotar la legislatura.
"En Europa, cerca del 45% de las elecciones nacionales celebradas entre 2020 y 2024 fueron anticipadas"
En un
artículo reciente publicado en la revista académica
Electoral Studies, Klara Müller y yo
estudiamos qué les ocurre a los indecisos justo después de un anuncio de convocatoria electoral anticipada. Medimos la indecisión con el cambio en la proporción de personas que responden "no sé" cuando se les pregunta a quién votarían.
Lo que encontramos en Alemania y Reino Unido
En Alemania, Olaf Scholz anunció en noviembre de 2024 que se sometería a una cuestión de confianza en plena recogida de datos del Estudio Electoral Alemán (GLES), lo que nos permitió
comparar a quienes respondieron antes con quienes lo hicieron después, a modo de experimento natural. En Reino Unido, Rishi Sunak convocó en mayo de 2024,
justo entre dos oleadas consecutivas del panel online del Estudio Electoral Británico (BESIP).
Lo que encontramos fue que, en Reino Unido, la proporción de quienes no sabían a quién votar cayó del 17,3% al 12,8% en cuestión de días, una reducción relativa del 26%. En Alemania, entre quienes no se identificaban con ningún partido,
la probabilidad de declararse indeciso bajó 6,5 puntos, un 21% menos.
"En Reino Unido, la proporción de quienes no sabían a quién votar cayó del 17,3% al 12,8% en cuestión de días, una reducción relativa del 26%"
Esto no ocurre antes de cualquier elección: repetimos el mismo análisis en periodos equivalentes previos a las generales alemanas de 2009, 2013, 2017 y 2021, y a las británicas de 2015, todas celebradas en las fechas previstas (es decir, no adelantadas).
En Alemania no apareció ninguna reducción de incertidumbre sobre el voto y en Reino Unido fue pequeña y gradual. Es decir, los adelantos electorales actúan como una especie de despertador: llevan a los votantes a decidir antes.
¿Y en España?
Si el mismo mecanismo se cumple aquí,
las encuestas de octubre deberían mostrar menos indecisos que las de finales de septiembre, y esa caída no debería leerse como éxito de ninguna precampaña, sino como
un efecto natural de la convocatoria anticipada.
"Los adelantos electorales actúan como una especie de despertador: llevan a los votantes a decidir antes"
Los primeros datos, sin embargo, no lo muestran todavía. El barómetro de 40dB. nos da algunas pistas. En
su oleada del 25 al 28 de septiembre, con 2.000 entrevistas, un 8,4% respondía "no lo sé" a qué partido votaría; en
la encuesta flash del 7 y 8 de octubre, con 800 entrevistas, era el 9,1%. La diferencia entra dentro del margen de error, pero
la caída esperada no aparece de momento.
Llama la atención, eso sí, que
baja la proporción de quienes dicen que no votarán, del 5,5% al 4,1%. Y quienes dicen que votarán "seguro" (un 10 en una escala de 0 a 10)
pasan del 56,7% al 66,7%, aunque la pregunta cambió: en septiembre era hipotética y en octubre ya se refería al 29N. Una lectura posible es que el adelanto haya
movilizado a abstencionistas que ahora quieren votar, pero aún no saben a quién.
En España hay
una razón clave para esperar un efecto menor o más tardío. En Alemania y Reino Unido, la convocatoria puso fecha a un menú de partidos conocido. En España, a la izquierda del PSOE, ese menú sigue abierto y, en Catalunya, los
votantes de Aliança Catalana y de la CUP tendrán que buscar otra papeleta. La propia encuesta de 40dB. nos da otra pista: si se pregunta suponiendo que Frente Amplio y Podemos concurren juntos,
el "no lo sé" baja del 9,1% al 7,4%. Es difícil decidirse por una opción que todavía no existe.
"En Alemania y Reino Unido, la convocatoria puso fecha a un menú de partidos conocido. En España, a la izquierda del PSOE, ese menú sigue abierto"
Mi hipótesis es que, con un sistema de partidos fragmentado,
España se parece algo más al caso alemán que al británico, donde el sistema mayoritario y una holgada ventaja laborista dejaban claro el desenlace más probable. En Alemania,
la reducción en la incertidumbre sobre el voto se concentraba en quienes no se identificaban con ningún partido, y en Reino Unido el efecto era más homogéneo en todo el electorado.
Cómo leer las encuestas de las próximas semanas
Primero,
hay que comparar a cada encuestadora consigo misma, porque el porcentaje de indecisos depende de cómo y a quién se pregunte: en septiembre, el "no lo sé" era del 8,4% en el caso de 40dB. y del 14,3% en el CIS. Y segundo,
importa cuándo cambia: una caída brusca justo tras la consolidación de las candidaturas, antes de que la precampaña y la campaña arranquen, apuntaría al calendario; una caída gradual más adelante, a efectos de campaña.
"Una caída brusca justo tras la consolidación de las candidaturas, antes de que la precampaña y la campaña arranquen, apuntaría al calendario; una caída gradual más adelante, a efectos de campaña"
Declarar antes una intención de voto no garantiza mantenerla ni tampoco acudir a las urnas. Nuestro estudio mide el punto de partida, no el de llegada; pero la salida es clave, sin duda. Cuando, como muestra
Alma Ruiz en estas páginas, medio punto de voto provincial podría alterar varios escaños,
el ritmo al que se decide cada grupo de votantes podría ser casi tan importante como el sentido de su voto.