Es más fácil entender las posturas de los demás cuando no hay un océano entre medias. Si bien el Foro La Toja consigue eliminar el Atlántico de la ecuación, escuchando a Carlos Díaz-Rosillo, está claro que aún hay, no un océano, pero quizá un mar de diferencias entre Estados Unidos y Europa.
Aunque tal vez no sea tan grande como creemos.
Nuestro continente lleva años discutiendo cómo depender menos de Estados Unidos, pero es difícil tener esa conversación sin hablar antes de Donald Trump, a quien Díaz-Rosillo conoció muy bien cuando fue director de Políticas Públicas de la Casa Blanca. Durante aquella primera Administración Trump, el politólogo se empapó del ya conocido
Art of the Deal, el arte de la negociación, al que le pedí que le diera la vuelta para explicarnos a los europeos cómo lidiar con Trump:
"Es fácil saber qué quiere [Trump] y, cuando uno conoce los objetivos de la otra parte, negociar resulta mucho más sencillo", me contestó.
Asimismo, tocamos otros puntos de la política exterior estadounidense. Díaz-Rosillo, que actualmente es el director fundador del Adam Smith Center for Economic Freedom, cree que
las próximas elecciones legislativas pueden empujar a Trump a concentrar sus esfuerzos fuera de Estados Unidos y está convencido de que algunas de sus políticas, como los aranceles, sobrevivirán incluso a una presidencia demócrata.
Hablamos también de la OTAN, de China y de una Europa que, a su juicio, tiene más oportunidades que amenazas en su relación con Washington. Y, como ambos compartimos orígenes cubanos, le pregunté por la situación geopolítica de la isla y los posibles pasos de Trump. En este caso, el exasesor del presidente anticipa un cambio político que no pasaría por una intervención militar directa,
al estilo de la de Venezuela, sino que piensa en un movimiento
"desde dentro".
Después de escucharlo, uno puede pensar que la distancia entre las dos orillas, la europea y la estadounidense, no está tanto en sus intereses como en lo que cada una espera de la otra.
Díaz-Rosillo es el director fundador del Adam Smith Center for Economic Freedom, un centro de pensamiento en la Universidad Internacional de la Florida. Foto: Agenda Pública / Yanka Soto
Quiero empezar por una cuestión que ha comentado durante el foro y que me ha parecido muy interesante: la versión Trump 3.0. ¿Qué consecuencias cree que puede tener esta nueva fase, primero en la política interna estadounidense y después en las relaciones con Europa?
En política interna creo que vamos a ver muy poca actividad legislativa. Para introducir cambios profundos en las políticas públicas se necesita al Congreso. Si los demócratas
ganan el Congreso, Trump no contará con las mayorías necesarias para aprobar proyectos de ley y se centrará en lo que pueda hacer mediante el poder ejecutivo, que en política interna no es mucho. Puede aplicar las leyes existentes con mayor o menor intensidad y dar prioridad a determinados temas, pero no puede cambiar las políticas públicas mediante un decreto.
"Si los demócratas ganan el Congreso, Trump no contará con las mayorías necesarias para aprobar proyectos de ley y se centrará en lo que pueda hacer mediante el poder ejecutivo"
Esa situación probablemente le generará frustración y lo llevará a concentrarse en el ámbito donde sí tiene un amplio margen de actuación unilateral: la política exterior. El presidente tiene mucho poder en ese terreno y creo que dedicará a él buena parte de su tiempo.
¿Y esto lo considera un problema o una oportunidad para Europa?
Es una gran oportunidad. Aunque sus comentarios y declaraciones generan controversia, creo que tiene mucha razón en lo que dice. Podemos debatir si lo expresa de la mejor manera, pero, por ejemplo, en
el caso de la OTAN, una cuestión fundamental para Europa, creo que la Alianza es hoy más fuerte porque Trump ha exigido a sus miembros que gasten en defensa lo que habían prometido gastar. Podemos discutir las formas, pero el contenido de su mensaje tiene mucho de cierto.
Usted ha dicho aquí en La Toja que Trump ha asentado algunas ideas que no van a desaparecer con el final de su presidencia. ¿Qué pilares seguirán ahí, incluso aunque llegue una presidencia demócrata?
Destacaría dos cuestiones. La primera son
los aranceles, que creo que están para quedarse. Pueden bajar, pueden cambiar los porcentajes, pero no veo a una administración demócrata renunciando a esos ingresos. Eso da mucha flexibilidad al presidente para financiar proyectos importantes para él. Por eso no creo que los aranceles se reduzcan a cero, aunque llegue un Gobierno demócrata.
"Pueden bajar, pueden cambiar los porcentajes, pero no veo a una Administración demócrata renunciando a esos ingresos"
La segunda es la política de "Estados Unidos primero". El votante norteamericano promedio siente que otros países se han aprovechado de la buena voluntad de Estados Unidos. Y, aunque Estados Unidos ha obtenido ventajas de los tratados de libre comercio y de la globalización, considera que otros países se han beneficiado más. Por eso seguirá existiendo un fuerte énfasis en centrarse más en Estados Unidos que en el resto del mundo y en exigir que cualquier política exterior tenga un beneficio concreto para los votantes norteamericanos. Esa orientación va a permanecer.
Usted ha trabajado en la Casa Blanca, muy cerca de Trump. Si tuviese que venir a asesorarnos a Europa, ¿cómo diría que deberíamos aproximarnos a Trump?
Negociar con Trump es relativamente sencillo. Es un hombre bastante transparente, que dice lo que hace y hace lo que dice. Como mencioné, en su primer libro [
Trump: The Art of the Deal] explica claramente cuál es su estrategia. Es fácil saber qué quiere y, cuando uno conoce los objetivos de la otra parte, negociar resulta mucho más sencillo.
Lo primero es entender por qué hace lo que hace y dice lo que dice, incluida su frustración ante lo que considera un mundo que se aprovecha de la buena voluntad de Estados Unidos. A él lo eligieron para ser presidente de Estados Unidos, no para ser popular en Bruselas o París, sino para defender los intereses de sus ciudadanos. No le preocupa en absoluto su popularidad en las capitales del mundo. Entender eso puede ayudar mucho a cualquier líder.
"A él lo eligieron para ser presidente de Estados Unidos, no para ser popular en Bruselas o París, sino para defender los intereses de sus ciudadanos"
También hay que comprender la importancia que concede a las relaciones interpersonales. Llevarse bien con su contraparte es importante para él, pero eso no significa decirle lo que quiere oír. Trump respeta mucho la fuerza y no le gustan los líderes que muestran debilidad o buscan complacerlo. Le gusta que proyecten fuerza y que entiendan lo importante que es para él la relación personal.
Además de su sus cargos políticos, Díaz-Rosillo ha impartido clases en la Universida de Harvard. Foto: Agenda Pública / Yanka Soto
Está claro que Europa no compite ahora mismo con Estados Unidos, cuyo principal rival es China. Pero, precisamente, si el rival de Estados Unidos es China, y teniendo en cuenta que Trump también ha tenido una aproximación particular hacia Europa, ¿no sería más fácil para Estados Unidos competir con China si Europa estuviese más cerca de Washington?
Sin duda, y creo que eso es precisamente lo que él quiere. Sin embargo, como mencioné en el panel, la cuestión de la reciprocidad representa un obstáculo. A Trump le gustaría tener una alianza todavía más estrecha con Europa, pero considera que actualmente esa relación no es recíproca.
"A Trump le gustaría tener una alianza todavía más estrecha con Europa, pero considera que actualmente esa relación no es recíproca"
El gran peligro de su estrategia es que Europa se desilusione y termine
acercándose a China. Pero, si Europa es sensata y entiende que su aliado militar, comercial y cultural lógico es Estados Unidos, creo que eso no ocurrirá. Existe un riesgo que sería bastante peligroso, sobre todo para Europa, aunque ninguna estrategia está exenta de riesgos.
Usted, al igual que yo, es de ascendencia cubana: ¿Qué cree que va a pasar en la isla? ¿Qué hay en la cabeza de Trump?
Estoy convencido de que va a haber un cambio. La guerra de Irán ha retrasado su llegada respecto a lo que muchos esperábamos, porque Estados Unidos está muy concentrado en ese conflicto. Trump ha dicho claramente, una y otra vez, que Cuba será el próximo país del hemisferio occidental en el que habrá un cambio. No me cabe la menor duda de que llegará. No veo una invasión militar ni creo que vaya a ocurrir exactamente
lo mismo que en Venezuela. Será algo parecido en el sentido de que habrá un cambio, pero no creo que implique una extracción del líder, porque hay muchas diferencias.
"Trump ha dicho claramente, una y otra vez, que Cuba será el próximo país del hemisferio occidental en el que habrá un cambio"
El actual líder cubano no es quien manda en Cuba, a diferencia de Maduro, que sí mandaba en Venezuela. Además, estamos hablando de un régimen que lleva casi setenta años en el poder. Por eso creo que el
cambio vendrá desde dentro. Trump hará que se produzca desde el propio sistema, de manera que el Gobierno estadounidense pueda trabajar con alguien que probablemente proceda de él para garantizar el control operativo del país. Con el tiempo llegará un proceso democrático, pero eso no sucederá de la noche a la mañana ni de una semana a otra: llevará varios meses, si no años.
Entonces, ¿cree que, en el fondo, el incentivo es democrático o hay otros intereses detrás?
No me cabe la menor duda de que, tanto para Trump como para el secretario de Estado, Marco Rubio, para quien Cuba es un asunto personal, el objetivo final es una Cuba libre y democrática. Pero, para llegar a ese punto, primero hay que garantizar el control operativo del país y, en este momento, los únicos capaces de hacerlo son los propios militares, quienes vienen de dentro del sistema.
"Tanto para Trump como para el secretario de Estado, Marco Rubio, para quien Cuba es un asunto personal, el objetivo final es una Cuba libre y democrática"
Por tanto, aunque el objetivo sea la democracia a largo plazo, las prioridades a corto y medio plazo son tomar el control operativo del país y revitalizar la economía. Y esa recuperación económica no debe beneficiar solamente a los cubanos, que obviamente tienen que beneficiarse, sino también a Estados Unidos. Porque Trump es presidente de Estados Unidos, no de Cuba.