Domingo, 18 de octubre de 2026
LITERATURA

¿Por qué seguimos fascinados por los tiranos?

De Dionisio de Siracusa a Stalin, la historia de la tiranía también es la del miedo a perder el poder. "A lo mejor nos contentamos con rechazar las atrocidades de los totalitarismos del siglo XX, pero no acabamos de enterarnos de que eso no ha marcado el fin de las tiranías", escribe Antonio R. Rubio Plo, escritor y analista de política internacional, en una reflexión a partir del libro de Ben Gazur sobre cincuenta tiranos.

Antonio R. Rubio Plo Antonio R. Rubio Plo 18 de octubre de 2026
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'La espada de Damocles' (1812), de Richard Westall, representa el temor permanente que acompaña al ejercicio del poder. | Ackland Art Museum
'La espada de Damocles' (1812), de Richard Westall, representa el temor permanente que acompaña al ejercicio del poder. | Ackland Art Museum
Hace unos meses, en la librería de un aeropuerto inglés, adquirí un curioso libro de bolsillo, A Short History of the World in 50 Tyrants, de Ben Gazur. Me pareció una forma llamativa de entender la historia universal, como la sucesión de una galería de tiranos que empieza en la antigua Grecia y culmina en el nutrido repertorio de las tiranías del siglo XX en los diversos continentes. Las biografías de los cincuenta tiranos son breves, de apenas cinco páginas cada una. Sin embargo, la clasificación del autor sería discutible en no pocos países. Muchos no aceptarían que se incluyera a algunos de sus gobernantes, pues hay una identificación entre ellos y la nación, aunque lleguen a reconocer que esos gobernantes cometieron ciertas arbitrariedades. Sin ir más lejos, en 2025, coincidiendo con el 80.º aniversario de la victoria sobre el nazismo, se repuso un bajorrelieve de Stalin en el metro de Moscú que había sido retirado sesenta años antes. Un francés no estaría de acuerdo en poner en la lista a Napoleón y un paraguayo no aceptaría incluir al mariscal Solano López. Por el contrario, la percepción de Ben Gazur es totalmente opuesta. Después de todo, es un ciudadano de una democracia liberal y parlamentaria, cuyas tradiciones son contrarias a los regímenes tiránicos, aunque también es verdad que hubo gobiernos en Gran Bretaña que actuaron de forma pragmática, como es el caso de Churchill, aliado con Stalin para combatir a Hitler.

A decir verdad, tiranía no es una palabra muy usada en la actualidad. Se habla más de dictadura o de autoritarismo. Se empleó en Grecia y Roma, y se popularizó en el siglo XVIII, durante la Ilustración y la Revolución francesa, cuando se puso de moda el estudio de la Antigüedad clásica y eso se reflejó incluso en el arte o las modas. Por lo demás, el diccionario de la RAE define escuetamente la tiranía como "Abuso o imposición en grado extraordinario de cualquier poder, fuerza o superioridad". Mucho más concreto es el Diccionario panhispánico del español jurídico: "Forma de gobierno en la que el gobernante tiene un poder total o absoluto, no limitado por unas leyes, especialmente cuando lo obtiene por medios ilícitos, y abusa de él". Se diría que esta definición está pensada para alguien que llega al poder por un acto de fuerza al margen de la voluntad popular. Sin embargo, la historia nos demuestra que un gobernante puede tener una legitimidad de origen en las urnas y, sin embargo, comportarse de forma tiránica. Lo vemos en los populismos actuales que, por cierto, dan la impresión de que no gobiernan o que no gestionan los asuntos ordinarios de un país. Se diría que una de sus principales obsesiones es hacer oposición a la oposición, y eso indica claramente que tienen miedo a perder el poder.

"La historia nos demuestra que un gobernante puede tener una legitimidad de origen en las urnas y, sin embargo, comportarse de forma tiránica"
En efecto, no hay que olvidar la estrecha relación entre la tiranía y el miedo. No nos referimos tanto al miedo que despierta el tirano entre sus súbditos, sino al miedo en el que vive el propio tirano, que puede llevarle a la paranoia. Según Ben Gazur, "los tiranos disfrutan de sus palacios mientras el pueblo sufre", pero a la vez los tiranos sufren porque no saben el tiempo que les queda por delante. El libro está lleno de toda clase de ejemplos, aunque pocos hay que sean tan expresivos como el de la espada de Damocles. Damocles era un cortesano que admiraba la riqueza y el poder del tirano Dionisio de Siracusa. Dionisio le permitió ocupar su lugar en un banquete, pero su alegría se transformó en miedo cuando vio una espada suspendida sobre su cabeza por un único pelo de caballo. Aprendió entonces que el tirano vive bajo un peligro permanente.

El que todavía sea necesario publicar un libro de divulgación como este puede ser un signo de que no hemos aprendido de la historia. A lo mejor nos contentamos con rechazar las atrocidades de los totalitarismos del siglo XX, pero no acabamos de enterarnos de que eso no ha marcado el fin de las tiranías. Tal fue la ilusión del fin de la historia de Francis Fukuyama, porque ni 1945 ni 1989 fueron los años en que desaparecieron de una vez los dictadores y los líderes supremos. Por eso, Ben Gazur nos habla de tiranos de Grecia, Roma y la antigua China para demostrarnos que las cosas han cambiado muy poco desde el siglo VI a. C.

"Ni 1945 ni 1989 fueron los años en que desaparecieron de una vez los dictadores y los líderes supremos"
Además, estamos ante una antología de la crueldad. Desfilan en estas páginas los tiranos contemporáneos de Asia y África: Pol Pot, Ferdinand Marcos, Kim Jong-il, Sadam Huseín, Gadafi, Bokassa, Macías, Idi Amin, Hastings Banda… La ideología que pudieran tener es algo secundario en comparación con las atrocidades que les han acompañado. En los casos de los tiranos de las Américas, el cine y la literatura los han hecho más cercanos a nosotros. Dos ejemplos han sido Rafael Leónidas Trujillo en la República Dominicana y François Duvalier en Haití. El anticomunismo que decían profesar sirvió para "justificarlos" durante la Guerra Fría, pero escritores como Graham Greene supieron mostrar la auténtica realidad, en el caso de Duvalier, con la novela Los comediantes.

Esta antología de tiranos puede aportarnos algunas enseñanzas. Por ejemplo, que los tiranos suelen ser personas muy intuitivas porque siempre están calculando el momento más oportuno para acceder a los resortes del poder y ganarse el favor del pueblo. En otros casos, la historia nos enseña que una tiranía puede cambiar fácilmente de rostro. Lo comprobamos en Robespierre, que se oponía a la pena de muerte y le horrorizaba la brutalidad de las ejecuciones en el Antiguo Régimen. Pero al llegar al poder no vio ninguna contradicción entre el ejercicio de la virtud cívica y el uso de la guillotina, y terminó por identificar cualquier ataque contra él mismo con un ataque contra la revolución. Por mi parte, añadiré que Diderot no llegó a vivir el gobierno de Robespierre, pero quizás intuyera esa época, décadas antes, cuando arremetía contra el "tirano virtuoso", al estilo de Federico II de Prusia, pues decía que "su virtud es la más peligrosa y segura de las seducciones". Los ciudadanos se convierten en súbditos si se acostumbran al poder absoluto.

"Los tiranos suelen ser personas muy intuitivas porque siempre están calculando el momento más oportuno para acceder a los resortes del poder y ganarse el favor del pueblo"
Otra certera conclusión del libro es que la gente elige muchas veces lo que no le conviene. A menudo se le presentan dos opciones: llevar una vida tranquila, aunque parezca gris y anodina, o ejercer algún tipo de poder, aunque sea a costa de oprimir a otros. De ahí que Ben Gazur haga esta definición de la tiranía: es la culminación del deseo humano de dominar a otros. Pese a todo, no cae en el recurso fácil de deshumanizar a los tiranos. Nos recuerda que eran personas como nosotros. Tenían su familia y sus amistades, y algunas de sus ambiciones no eran muy diferentes de las nuestras.

En la naturaleza humana hay siempre una pizca de ambición, pues los deseos de bienestar y de poder no tienen límites. Sin embargo, el autor no es pesimista, porque opina que el ser humano también tiene una tendencia hacia la libertad y la democracia. Siempre luchará por ellas, aunque esa lucha no terminará nunca. Por eso, aconsejo complementar la lectura de este libro con la de Sobre la tiranía. Veinte lecciones que aprender del siglo XX, del historiador Timothy Snyder. En esa obra se subraya que la historia del mundo no debería ser la historia de los tiranos que lo han gobernado, pues ninguna tiranía dura para siempre. En cambio, Snyder cree que hay una aspiración universal a la libertad y eso constituye una esperanza.
Antonio R. Rubio Plo
Antonio R. Rubio Plo
Escritor y analista de política internacional
Doctor en Derecho y Relaciones Internacionales (UCM) y licenciado en Geografía e Historia (Universidad de Zaragoza), ha sido profesor de Ciencia Política y de Geografía e Historia en la UCM, la UFV y la UNIR y ha colaborado con entidades como el Real Instituto Elcano o CESEDEN. También es autor de varios libros en los que aborda temas de historia, religión y cultura, además de columnista en medios como 'Alfa y Omega'.
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