En toda Europa,
el calor extremo, los incendios forestales y la contaminación atmosférica se están convirtiendo en una amenaza cada vez más visible para la salud humana. Las olas de calor son más frecuentes, intensas y prolongadas. El
humo de los incendios forestales puede desplazarse cientos o incluso miles de kilómetros, exponiendo a poblaciones situadas mucho más allá de las zonas afectadas por las llamas. Además,
la quema de combustibles fósiles contribuye cada día a la contaminación atmosférica, lo que aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares y respiratorias, cáncer y muerte prematura.
Sin embargo, mientras los gobiernos y los servicios de salud trabajan para proteger a la población de estas amenazas,
nuestras calles, aeropuertos, sistemas de transporte y espacios públicos siguen mostrando publicidad de productos y actividades que contribuyen a agravar estas amenazas.
Esto plantea una contradicción fundamental. No podemos advertir a la población sobre los peligros que el cambio climático y la contaminación atmosférica representan para la salud mientras, al mismo tiempo, utilizamos el espacio público para promover un mayor consumo de combustibles fósiles. Tampoco podemos invertir miles de millones en medidas de adaptación al calor, las inundaciones y el aumento del nivel del mar mientras
fomentamos comportamientos y productos que agravan esas amenazas.
"No podemos advertir a la población sobre los peligros que la contaminación atmosférica representa para la salud mientras promovemos un mayor consumo de combustibles fósiles"
Esta fue precisamente la contradicción a la que nos enfrentamos en La Haya.
El aumento del nivel del mar causado por el calentamiento global representa una seria amenaza para la costa neerlandesa, la ciudad y sus habitantes. Tenía poco sentido planificar obras de defensa contra el mar por valor de miles de millones de euros y, al mismo tiempo, permitir publicidad que alentara a las personas a realizar actividades que contribuían al problema.
Por esta razón, La Haya se convirtió en la primera ciudad del mundo en prohibir por ley la publicidad de combustibles fósiles. Sabíamos que la medida podía ser impugnada ante los tribunales, pero también sabíamos que
la protección de la salud y la seguridad de la ciudadanía debía ser la prioridad. Cuando el sector turístico impugnó la prohibición, el tribunal falló a favor de la ciudad, confirmando la legitimidad de limitar los intereses comerciales en favor de objetivos climáticos y de salud pública.
Esa decisión tiene implicaciones que van mucho más allá de una sola ciudad.
Otros gobiernos y ciudades están avanzando en la misma dirección, entre ellos
Francia,
Edimburgo y
Sídney. Lo que comenzó como una idea relativamente radical ahora forma parte de
un debate mucho más amplio sobre qué deberían y no deberían permitir los gobiernos que se promocione en el espacio público.
"La Haya se convirtió en la primera ciudad del mundo en prohibir por ley la publicidad de combustibles fósiles"
Ya nos hemos enfrentado a una cuestión similar. Durante décadas, el tabaco se promocionó como algo glamoroso, sofisticado e incluso liberador, mientras la evidencia sobre sus devastadoras consecuencias para la salud no dejaba de acumularse. Con el tiempo, los gobiernos aceptaron un principio sencillo:
si un producto causa un daño enorme a la salud, la sociedad no tiene la obligación de ayudar a comercializarlo.
La comparación con los combustibles fósiles no es exacta, pero
la magnitud de sus efectos sobre la salud es potencialmente aún mayor. Los combustibles fósiles perjudican la salud a través de dos vías interconectadas. Su uso a lo largo de todo su ciclo de vida envenena nuestro medioambiente y contamina el aire que respiramos hoy, lo que contribuye a las enfermedades cardiovasculares y respiratorias, el cáncer y la mortalidad prematura. Al mismo tiempo,
sus emisiones de gases de efecto invernadero están desestabilizando el clima, aumentando la exposición al calor extremo, los incendios y las inundaciones, así como a la inseguridad alimentaria, los riesgos de enfermedades infecciosas y otras amenazas para la salud.
En otras palabras, la dependencia de los combustibles fósiles no es únicamente un problema ambiental o climático. Es
uno de los grandes desafíos de salud pública de nuestro tiempo.
"La dependencia de los combustibles fósiles no es únicamente un problema ambiental o climático. Es uno de los grandes desafíos de salud pública de nuestro tiempo"
La publicidad no es neutral. Su propósito es moldear las preferencias, generar demanda y normalizar el consumo.
La publicidad de combustibles fósiles puede reforzar comportamientos e infraestructuras que dejan a las sociedades atrapadas en la contaminación durante décadas, mientras sofisticadas campañas corporativas presentan cada vez más a las empresas como ambientalmente responsables al destacar sus inversiones relativamente pequeñas en energías más limpias, pese a que continúan produciendo combustibles fósiles.
Mientras tanto, los gobiernos fomentan entre la ciudadanía
un mayor uso del transporte público, los desplazamientos a pie y en bicicleta, la mejora de la eficiencia energética, un aire más limpio y la transición hacia economías más saludables y bajas en carbono.
Es difícil conciliar ambos mensajes. Más de una década después del Acuerdo de París,
el mundo sigue muy alejado de una trayectoria compatible con limitar el calentamiento global a 1,5 °C. Los gobiernos siguen planificando niveles de producción de combustibles fósiles superiores a los compatibles con los objetivos climáticos internacionales. Las consecuencias de esta trayectoria para la salud no serán abstractas ni lejanas.
Se medirán en crisis de asma, cardiopatías, cáncer, muertes relacionadas con el calor, interrupciones de los servicios de salud y muertes prematuras.
Como líderes del sector salud y autoridades municipales,
nuestra primera responsabilidad es prevenir daños y proteger el bienestar de nuestras comunidades. Esa responsabilidad debe extenderse a los entornos en los que viven las personas, incluidos los mensajes informativos y comerciales a los que están expuestas todos los días.
El espacio público debe promover el bienestar de la población, no perjudicarlo. Las restricciones a la publicidad de combustibles fósiles tienen un costo relativamente bajo, pueden implementarse de inmediato y pueden contribuir a una transición mucho más amplia hacia energías más limpias, formas de movilidad más saludables y ciudades más habitables.
No resolverán la crisis climática por sí solas. Pero las prohibiciones de publicidad del tabaco tampoco resolvieron por sí solas la epidemia del tabaquismo.
Formaron parte de una estrategia integral de salud pública que cambió las normas sociales, redujo la demanda y, en última instancia, salvó vidas.
"Las restricciones a la publicidad de combustibles fósiles tienen un costo relativamente bajo, pueden implementarse de inmediato y pueden contribuir a una transición mucho más amplia"
La industria de los combustibles fósiles se opondrá sin duda a las restricciones más estrictas, exactamente igual a como lo hizo la industria tabacalera. Pero
la historia de la salud pública nos enseña algo importante: la libertad comercial no es ilimitada cuando está en juego la salud de la población.
La transición para abandonar los combustibles fósiles no debe plantearse como un sacrificio.
Una energía más limpia equivale a un aire más limpio. Las ciudades diseñadas para caminar, andar en bicicleta y utilizar el transporte público pueden reducir la contaminación al tiempo que aumentan la actividad física.
Los edificios más eficientes pueden proteger a las personas del calor y el frío mientras reducen los costos de energía.
Los beneficios son tanto inmediatos como a largo plazo.
Este es el futuro que deberíamos estar promoviendo. Prohibir la publicidad de combustibles fósiles representa mucho más que una medida climática simbólica.
Es una intervención de salud pública y una declaración sobre el tipo de economía y sociedad que queremos construir.
"Prohibir la publicidad de combustibles fósiles representa mucho más que una medida climática simbólica"
La Haya ha demostrado que
las ciudades tienen capacidad de acción. Y otras están siguiendo su ejemplo. Ahora Europa tiene la oportunidad de ir un paso más allá.
Dejamos de permitir que las tabacaleras nos dijeran que fumar representaba libertad, éxito y aspiraciones. Debemos preguntarnos por qué seguimos permitiendo que
la publicidad de combustibles fósiles nos venda otra versión de un futuro que daña nuestros pulmones, desestabiliza nuestro clima y pone en peligro nuestra salud.
Contamos con la evidencia. Conocemos las consecuencias para la salud. Y, cada vez más, conocemos las soluciones.
Es momento de que nuestros espacios públicos y nuestras políticas públicas reflejen esa realidad.