El
perfil y la trayectoria de Mario Draghi permitía aventurar que su esperado informe sobre una nueva política industrial para Europa no sería otro mamotreto más, condenado a dormir en el baúl de los recuerdos de Bruselas. Pero
el documento presentado este lunes por el italiano supera incluso las mayores expectativas y coloca a la Unión Europea ante un precipicio que difícilmente podrá ni ser ignorado ni esquivado por cómodos atajos: o da el salto hacia una financiación compartida con eurobonos, o un instrumento similar, o está abocada a un endeudamiento nacional tan insostenible como insuficiente para sufragar la tremenda factura de la transición digital y ecológica en marcha.
"El Producto Interior Bruto de la UE comenzará a menguar a partir de 2050 y el invierno demográfico agravará la situación"
"La UE ha llegado a un punto en el que, si no actúa, tendrá que comprometer su bienestar, el medio ambiente o su libertad", sentencia el italiano, a sabiendas de que su voz es una de las más escuchadas y respetadas en Bruselas y en el resto de las capitales europeas. El expresidente del BCE y exprimer ministro de Italia advierte de que sin una revolución económica y presupuestaria la Unión está condenada a sufrir una lenta agonía que comenzará en apenas 25 años, es decir, en una generación.
Al ritmo actual de crecimiento, según Draghi, el Producto Interior Bruto de la UE comenzará a menguar a partir de 2050 y el invierno demográfico agravará la situación si no se compensa con importantes aumentos de la productividad.
El preocupante augurio del informe, que fue encargado por Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, se cimenta sobre una retahíla de datos que, sin pasar por alto los puntos fuertes de Europa como educación, sanidad o imperio de la ley, dejan al desnudo de modo muy descarnado la pérdida de terreno respecto a EE UU y, cada vez más, respecto a China.
Europa, según el informe, dejó pasar la revolución digital de principios del siglo XXI y se ha mantenido apegada a industrias maduras que no precisan de grandes inversiones en I+D porque las ganancias potenciales de productividad son marginales. Un peligroso círculo vicioso de caída de la innovación y de la competitividad que amenaza con dejar a Europa fuera de la carrera geoeconómica en cuestión de años. Y que
está erosionando la riqueza de los europeos y su calidad de vida de manera tan constante desde principios de este siglo como peligrosa para la cohesión social.
"En términos per cápita, el ingreso real disponible [de los hogares] ha crecido casi el doble en EE UU que en la UE desde el año 2000", subraya Draghi.
"Las recetas que prescribe Draghi para evitar el desastre abrirán un profundo debate entre los socios de la UE partidarios de dar un salto más en la integración"
Casi nadie ha puesto en cuestión su diagnóstico.
Pero las recetas que prescribe para evitar el desastre abrirán, con toda probabilidad, un profundo debate entre los socios de la UE partidarios de dar un salto más en la integración — con la creación de eurobonos a cambio de una camisa de fuerza fiscal sobre el gasto nacional — y los que sueñan con preservar una soberanía nacional y presupuestaria que en realidad sólo existe sobre el papel.
Draghi propone un impulso sin precedentes a la inversión productiva, para elevarla de los 3,7 billones actuales a casi 4,5 billones al año.
Pero la gran novedad no es tanto la magnitud del incremento — casi 800.000 millones de euros anuales — como la vía de financiación, que pasaría en buena parte por las arcas públicas, no solo de los Estados sino también de la UE.
El antiguo banquero aboga por repetir la experiencia del "Fondo de recuperación" tras la pandemia, financiado con una emisión conjunta de deuda, una idea que provoca escalofríos en capitales como Berlín, Viena o La Haya.
Draghi ni siquiera se conforma con esa polémica propuesta y pide ir un paso más allá, con la emisión por primera vez de auténticos eurobonos, es decir,
deuda respaldada de manera conjunta por todos los socios de la UE y no de manera proporcional al tamaño de cada país, como ocurre ahora con los bonos de la pandemia.
"El eurobono o "activo seguro" contribuiría a la integración y transparencia de los mercados financieros europeos, serviría como colateral en todos los mercados, proporcionaría una liquidez muy atractiva para los inversores internacionales y serviría de reserva para los bancos centrales"
El informe evita meticulosamente la palabra "eurobono" porque supone un tabú para Berlín. Pero en su defensa de lo que denomina un "activo seguro", el banquero detalla las características y ventajas de financiar su plan con una emisión de deuda verdaderamente europea.
El eurobono o "activo seguro" contribuiría, según Draghi, a la integración y transparencia de los mercados financieros europeos, serviría como colateral en todos los mercados, proporcionaría una liquidez muy atractiva para los inversores internacionales y serviría de reserva para los bancos centrales. En definitiva, colocaría a la deuda europea a la altura de una deuda soberana de máxima calidad, como la del dólar, con un reconocimiento de los mercados que no han logrado las emisiones del fondo de recuperación.
Los bonos europeos del fondo de recuperación, que no eurobonos, siguen siendo vistos por los inversores como deuda supranacional sin el respaldo de un Tesoro.
El 80% se coloca dentro del continente europeo y apenas se venden en Asia (6,8%) o América (2,3). Y a pesar de su buena calificación, siguen soportando una prima de riesgo superior a la de Estados como Francia.
Draghi cree que esa financiación conjunta será imprescindible, como mínimo, para financiar la ingente inversión necesaria para cerrar la brecha de innovación que ha abierto EE UU en los últimos años. Pero también considera que la deuda europea debería sufragar otras partidas muy abultadas, como la inversión en defensa y redes energéticas transeuropeas.
"El dilema que deja el italiano es claro: o todos juntos hacia adelante, o cada uno por separado hacia abajo"
Sin mutualizar una parte del gasto, Europa difícilmente podrá mantener el paso. Y Draghi lanza un aviso a los halcones: si no se aplica su plan, con financiación conjunta incluida, cada país tendrá que afrontar un nivel de deuda mucho mayor para poder financiar la transición ecológica, digital y de seguridad que está en marcha.
El dilema que deja el italiano es claro: o todos juntos hacia adelante, o cada uno por separado hacia abajo.