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JAKUB KACZMARCZYK (EFE)

Las elecciones parlamentarias polacas: entre la vía checa y la húngara

Magdalena Musiał-Karg, Fernando Casal Bértoa

7 mins - 14 de Octubre de 2023, 23:05

Este domingo los polacos elegirán los 460 diputados del denominado Sejm, la cámara baja del parlamento, y los 100 miembros del Senado, su cámara alta. Según las últimas encuestas de opinión, el partido gobernante, Ley y Justicia (en su abreviatura polaca PiS), ganará estas elecciones, pero el apoyo a los partidos opositores es cada vez mayor. Esto es especialmente cierto para los liberales de la Coalición Cívica (KO), liderada por el ex-presidente de la Unión Europea (UE) Donald Tusk, y los socialdemócratas de Nueva Izquierda (NL). También se espera que la llamada Tercera Vía (TD), una coalición entre el partido democristiano Polonia 2050 y el partido agrario (PSL), alcance el umbral del 8% requerido para las coaliciones electorales, por lo que KO, NL y TD podrían formar un gobierno conjunto y así terminar con el gobierno populista PiS que ha durado ya ocho años. Todo dependerá cómo le vaya la Confederación (KON), un partido libertario de extrema derecha.

Un panorama político extremadamente polarizado
Desde las elecciones presidenciales de 2005, el panorama político en Polonia ha estado dominado por los dos partidos herederos del sindicato anti-comunista Solidaridad: Plataforma Cívica (PO) de Donald Tusk, y PiS, liderado por Jarosław Kaczyński. Sin embargo, con el declive de la entonces denominada Alianza de Izquierda Democrática (SLD), sucesora del Partido Comunista Polaco y actualmente integrada en KN, y la formación de un gobierno de coalición entre PiS y los dos principales partidos populistas de la época (la Liga de las Familias Polacas y Autodefensa), PiS y PO fueron alejándose cada vez más hasta formar dos nuevos bloques: el nacional-conservador liderado por PiS a la derecha, y el campo liberal liderado por PO a la izquierda.

La victoria de PiS en las elecciones presidenciales y parlamentarias de 2015 aumentó aún más la distancia entre estos dos bloques, especialmente después de que el partido de Kaczynski comenzase a adoptar políticas más estatistas, al tiempo que atacaba la separación de poderes y la libertad de prensa. El resultado fue un incremento exponencial de la polarización, no sólo a nivel político sino también dentro de una sociedad dividida en torno a cuestiones, más que económicas, culturales (v.g. el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la inmigración, el cambio climático, la UE). Es por todo ello que un nuevo gobierno de PiS vendría a dar la puntilla a la ya maltrecha democracia polaca.

La campaña electoral: ¿qué es lo que está en juego?
En primer lugar, la democracia liberal. Una de las primeras cosas que hizo PiS al asumir el poder en 2015 fue iniciar una reforma del poder judicial. Así, a finales de 2015 reemplazó varios jueces del Tribunal Constitucional que habían sido nombrados justo al final de la legislatura anterior. Más tarde, en 2017, cambió las reglas para el nombramiento de jueces del Consejo Nacional del poder judicial con la clara intención de subordinarlo a los intereses del gobierno y poder nombrar jueces ideológicamente afines. Ya finales de 2019, aprobó otra ley que socavaba aún más la independencia judicial al facultar a la Sala Disciplinaria del Tribunal Supremo con la posibilidad de iniciar procedimientos sancionadores, incluidas medidas disciplinarias, de suspensión y traslado, contra aquellos jueces que cuestionaran las políticas y reformas legales del gobierno.

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En segundo lugar, PiS también se apoderó de los medios públicos de comunicación, caracterizados desde 2015 por una propaganda sesgada. Esto, por supuesto, ha afectado también el desarrollo de las elecciones parlamentarias del domingo. Por ejemplo, el jueves pasado la principal emisora de televisión (TVP) emitió un comunicado justo antes de un mensaje de Tomasz Grodzki, presidente del Senado y miembro de KO, acusándolo de agitación electoral. Un nuevo intento de controlar la independencia de la mayor emisora privada del país (TVN, de propiedad estadounidense) fue vetado por el presidente Andrzej Duda tras fuertes críticas desde el extranjero, incluida la UE.

De hecho, desde 2015 el gobierno polaco ha estado en permanente colisión con la UE no sólo en cuestiones relativas a la libertad de prensa y la independencia judicial, para las cuales la UE ha llegado parte de los fondos de recuperación destinados a ese país, sino también en cuestiones de inmigración, la guerra de Ucrania o la defensa de los derechos humanos. Respecto a esto último, no debemos olvidar los intentos del gobierno polaco en octubre de 2020 a fin de reformar las leyes sobre el aborto. Esto desencadenó una ola de protesta como nunca se había visto en el país desde las huelgas de trabajadores durante el régimen comunista. Muchos manifestantes (en su mayoría mujeres) tuvieron que enfrentarse a amenazas de violencia y algunas de ellas acabaron incluso en sede judicial.

Los asuntos migratorios y de seguridad nacional también se han convertido en temas importantes durante esta campaña electoral. Especialmente cuando, con la intención de legitimar su agenda anti-inmigración, el gobierno decidió celebrar un referéndum justo el mismo día de las elecciones. Y es que no sólo las preguntas, con frases capciosas y ambiguas como "miles de inmigrantes ilegales de Oriente Medio y África" o "impuestas por la burocracia europea", tienen un carácter deliberadamente manipulador, sino que también pretender tener un efecto movilizador. Así, la intención del gobierno no es otra que la de atraer más votantes a las urnas infundiendo miedo en la sociedad.

Más recientemente, y a pesar de ir a todas luces en contra de los intereses geoestratégicos del país, el gobierno ha dado un giro de 180 grados en materia de política exterior. Así, y por razones puramente electorales, PiS comenzó a cuestionar el apoyo económico y militar dado al esfuerzo bélico ucraniano. PiS teme perder votantes a favor de KON, que parece estar atrayendo el apoyo no sólo de los agricultores que piensan que las importaciones de cereales ucranianos están perjudicando los precios, sino también de aquellos polacos que se quejan de que el gobierno ha ido demasiado lejos al extender los beneficios sociales a miles de refugiados ucranianos.



Ganar elecciones y no es suficiente
Como en nuestro país, la cuestión no es quién ganará las elecciones, sino quién será capaz de formar una coalición de gobierno. La opción de que PiS repita un gobierno de coalición con otros partidos populistas ideológicamente afines (v.g. Polonia Soberana, Kukiz'15), aunque plausible hace unas semanas, ya no parece muy realista. Si PiS quiere permanecer en el poder un tercer mandato (algo que sería verdaderamente histórico pues ningún partido desde la transición democrática de 1989 ha logrado ganar las elecciones más de dos veces seguidas), necesitará primero llegar a un acuerdo con KON, el partido más nacionalista, euroescéptico y económicamente libertario de la cámara. No hace falta decir que tal coalición gubernamental no sólo crearía más conflictos con la UE en general, y con Alemania en particular, sino que también empujaría al país hacia un verdadero régimen electoral-autoritario al estilo de la Hungría de Viktor Orbán.

Si KO logra formar un gobierno pro-democrático y pro-europeo junto a socialdemócratas, democratacristianos y agrarios, Polonia podría adoptar el camino checo y reposicionarse una vez más dentro del campo de las democracias liberales europeas. No será una tarea fácil dadas las diferencias ideológicas entre los partidos (NL, Polonia 2050, PSL) que eventualmente formarían la que sería la tercera administración de Donald Tusk. Además, el nuevo gobierno tendría que enfrentarse a un presidente pro-PiS, cuyo mandato no termina hasta octubre de 2025, y a un poder judicial repleto, especialmente en el Tribunal Constitucional, de acólitos del gobierno saliente.
 
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