-
+
FILIPPO MONTEFORTE (AFP)

¿Qué futuro para Forza Italia sin Berlusconi?

Cesáreo Rodríguez Aguilera de Prat

8 mins - 4 de Octubre de 2023, 07:00

Silvio Berlusconi dominó la política italiana de la convencionalmente denominada Segunda República tras la desintegración del régimen democristiano en 1994 y presidió el Gobierno en 1994-1995, 2001-2006 y 2008-2011. Tras su fallecimiento no hay ningún claro heredero político del fundador de Forza Italia (FI) y el gran interrogante es saber si un partido tan personal como ese puede sobrevivir a la desaparición de su máximo líder. Precisamente uno de los problemas de los partidos carismáticos es el de la sucesión y son escasos los ejemplos de supervivencia de los mismos sin el líder fuerte que los creó (peronismo y gaullismo como principales excepciones), de ahí que se haga difícil imaginar FI sin Berlusconi.

[Recibe los análisis de más actualidad en tu correo electrónico o en tu teléfono a través de nuestro canal de Telegram]

De momento, Antonio Tajani ha sido designado como líder provisional pro tempore hasta un Congreso previsto para el 24 y 25 de febrero de 2024. Se trata de un dirigente que encarna el continuismo absoluto del legado de Berlusconi y cabe recordar que no carece de peso político como Ministro de Asuntos Exteriores y Vicepresidente del Partido Popular Europeo (PPE). En el primer Congreso excepcional tras el fallecimiento de Berlusconi, en junio de este año, se prodigaron loas infinitas al “genial creador del centroderecha italiano” y se decidió que el título de Presidente del partido debía reservarse exclusivamente al fundador para honrar su memoria. En consecuencia, Berlusconi figurará en el frontispicio de los Estatutos de FI como “Presidente y Fundador” y en lo sucesivo quien dirija el partido será solo Secretario Nacional.

Aunque en el Gobierno de Giorgia Meloni FI ocupa un modesto tercer lugar (en cifras redondeadas ha pasado de un tradicional 20% al 8% en 2022) tras Fratelli d’Italia (FdI) y la Lega, es clave tanto porque asegura la mayoría absoluta en las dos Cámaras del Parlamento como porque da un barniz de centroderecha a una coalición que integra a dos partidos de la derecha radical. FI tiene seis Ministros en el Gobierno Meloni, 63 parlamentarios (45 diputados y 18 senadores) y preside diversas comisiones. El futuro de FI depende en parte de lo que pase en las relaciones entre FdI y la Lega pues, sin la mediación de Berlusconi, las tensiones entre Meloni y Matteo Salvini están aumentando. Lo más probable en lo inmediato es que se mantenga la coalición de las tres derechas, pero ciertas maniobras para formar un “nuevo centro” podrían desestabilizarla. El reto más cercano para FI es el de afrontar las elecciones al Parlamento Europeo de 2024 ya que es clave superar el umbral nacional del 4% para obtener representación (las encuestas sitúan hoy a FI sobre el 6%: You Trend). Si eventualmente FI no consiguiera superar la barrera del 4% la paradoja sería que el PPE se quedaría sin representación italiana y esto es lo que suscitó cierto debate interno sobre si sumarse a algunas iniciativas que proponen rebajar el umbral al 3%. En realidad, esta opción podría perjudicar a la actual coalición italiana de gobierno puesto que fragmentaría el espacio del centroderecha, de ahí que Tajani finalmente haya decidido no sumarse a tal propuesta. En efecto, rebajar el umbral beneficiaría a partitini de comportamiento político no siempre previsible (Noi Moderati, Unione di Centro y Azione, por no mencionar a Italia Viva de Matteo Renzi). Meloni ha presionado para no favorecer la dispersión del voto del centroderecha, entre otras razones porque su estrategia apunta a hacerse con una buena parte del electorado de FI. El proyecto de Meloni para las elecciones europeas de 2024 es el de aproximar Conservadores y Reformistas Europeos (CRE) al PPE, a la vez que debilitar a Salvini (la Lega está integrada en Identidad y Democracia- ID). Es decir, se trataría de crear un fuerte polo muy conservador con un PPE bien escorado a la derecha, lo que implicaría reducir notablemente la capacidad de influencia del Partido de los Socialistas Europeos y de los liberales de Renovar Europa. Este objetivo no es fácil porque una buena parte del PPE está en conta y porque CRE e ID están prácticamente empatados en los sondeos.



A FI se le abre un doble dilema: o mantiene la coalición con las derechas radicales italianas (FdI y la Lega) o explora la posibilidad de un incierto Terzo Polo o Grande Centro con Renzi y Carlo Calenda (Azione), aunque las relaciones entre estos dos últimos no pasen hoy por su mejor momento. La opción del Terzo Polo le plantea a FI dos problemas: intentar formarlo implica negociar con muchos “generales” que apenas tienen “soldados”- pero sí capacidad de chantaje- y además la famiglia Berlusconi se opone a tal eventualidad. Esto ha sido absolutamente decisivo pues ciertas conversaciones entre dirigentes de FI y Renzi fueron bloqueadas por los hijos de Berlusconi. En consecuencia, Tajani ya ha precisado que FI no comparte la opción centrista “pura” de Renzi pues su opción es mantenerse en el centroderecha.

En cualquier caso, un problema estructural que tiene FI es el de su peculiar carácter, tanto es así que en las clasificaciones politológicas se ha acabado acuñando una nueva categoría, la del business-firm party (Jonathan Hopkin y Caterina Paolucci), en la que encaja como caso casi único. FI es un partido-empresa (es un ejemplo excepcional de un conglomerado- Fininvest/ MFE, ex Mediaset- que se hace partido), con escasa articulación organizativa y funcionamiento piramidal y jerárquico y con técnicas mediáticas de marketing. FI ha sido definido como partito personale (Mauro Calise) en el que el máximo líder lo controlaba absolutamente todo, de ahí que sin Berlusconi resultará más difícil mantener unido el artefacto. Así como la vieja Lega Nord afirmaba Bossi è la Lega e la Lega è Bossi, FI es un producto exclusivo de Berlusconi a su total servicio: el breve experimento de fusionarse con los postfascistas de Alleanza Nazionale de Gianfranco Fini para crear el Popolo della Libertà en 2007 acabó incomodando al Cavaliere que disolvió tal superestructura que nunca funcionó bien. 

Berlusconi ha dejado un legado ideológico que ha contribuido a deteriorar la calidad de la democracia italiana y que, por cierto, se anticipó a Donald Trump: con un discurso oportunista y demagógico (“nuevismo”, “eficientismo”, “moderantismo”, “anticomunismo” y hasta “liberalismo”) que fue siempre banal y superficial se dio paso a un estilo político muy agresivo y descalificador de las izquierdas, con eslóganes simplistas y efectistas que trataron al votante como consumidor. Añádase que las televisiones privadas de su conglomerado empresarial contribuyeron y mucho a degradar y manipular el debate político en Italia.

En suma, Berlusconi no deja herederos políticos (aunque sí un modo negativo de hacer política), pero sus hijos no dejan de tener mucho peso. Ninguno de ellos ha optado por entrar directamente en política pues la prioridad ha sido aceptar los términos testamentarios de la herencia económica, asumida por todos. En este sentido, Pier Silvio y Marina destacan sobre los otros tres hermanos ya que se han hecho con el control del 53% de las empresas. En cualquier caso, los hijos de Berlusconi se niegan a que FI pueda disolverse, al igual que la última novia de Berlusconi, Marta Fascina, que además es diputada. FI arrastra una deuda de cien millones de euros, avalados por la familia Berlusconi, lo que le da mucha fuerza a la hora de decidir qué hacer con este partido (Marco Bellinazzo et al.: I Berlusconi. I numeri, i protagonisti, i nodi cruciali dell’eredità del Cavaliere, Il Sole 24 Ore, Milán, 2023).  

En conclusión, la clave para FI es sobrevivir, superar el reto de las elecciones europeas del 2024 y aclarar su futuro. En este sentido, se pueden abrir potencialmente varios escenarios: 1) FI no resiste y se disuelve, 2) sobrevive y sigue anclada a la coalición con las derechas radicales y 3) opta por impulsar el Terzo Polo. El primer escenario es improbable, al igual que el tercero, mientras que el segundo es el más plausible, al menos a corto y medio plazo. La cuestión  será no dejarse fagocitar por FdI y preservar su posición mediadora en el seno del gobierno Meloni, algo que se irá clarificando en las cruciales elecciones europeas de 2024.
 
Read the article in English

ARTÍCULOS RELACIONADOS
¿Qué te ha parecido el artículo?
Participación