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SAMUEL SÁNCHEZ

El error de interpretar Galicia con los parámetros de Madrid

Juan Rodríguez Teruel

15 mins - 26 de Febrero de 2024, 07:00

Pocas veces, las elecciones gallegas habían recibido tanta atención por parte de los observadores externos, buscando en ellas las consecuencias que se podrían derivar para el conjunto de la política española.

Los resultados desmintieron las hipótesis de alternancia, aunque no dejan de trasladar indicios de cambios que también acabarán trasladándose a la política española.

La mayoría de gobierno llegó a imaginar que con la palanca gallega podría desacreditar definitivamente a Feijóo, exponiéndose más de lo que el escenario permitía. 

La oposición quiere ver en los resultados una vez desautorización del gobierno y de la apuesta por la amnistía a los independentistas catalanes. Se suele olvidar que Galicia es la tercera comunidad con menos rechazo a la amnistía (“solo” un 50%, detrás de Cataluña y del País Vasco), algo que Feijóo conoce mejor que algunos de sus colegas de partido. 

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Será necesario esperar a los estudios poselectorales para entender mejor las decisiones del electorado gallego. Por de pronto, es útil poner en perspectiva histórica esos datos para ver qué se podía esperar realmente de estas elecciones y a qué obedecen algunos cambios que sí se vienen produciendo en ella desde hace tiempo.

Al menos, así podremos evitar los cansinos lugares comunes para explicar la política gallega desde fuera, relacionados con el supuesto carácter conservador de la sociedad gallega o su reticencia a generar respuestas demasiado concluyentes a las preguntas tan dicotómicas que plantea la política española actual.

1. Mucha participación en Galicia, muy poca fuera
Se había especulado sobre las consecuencias que podría tener una importante participación y, en particular, sobre la distorsión que podría generar el voto de los residentes en el extranjero (los del CERA).

En total, el 18-F tuvo la quinta participación más baja de toda la serie de elecciones autonómicas en Galicia. Esto tiene mucho que ver con la participación testimonial del voto CERA. Teniendo en cuenta solo los votantes gallegos residentes, la participación superó el 67 % (tomo los datos de eldiario.es), sueprando incluso los comicios de 2005 y 2009. Pero a diferencia de entonces, la bajísima participación de los residentes en el extranjero ha arrastrado hacia abajo el porcentaje total.
 
Gáfico 1.- Evolución del censo y de la participación total (%) en elecciones autonómicas de Galicia
 

2. Sin cambio en el equilibrio entre bloques
La expectativa sobre una posible alternancia en el gobierno no acabó de fraguarse, porque la izquierda quedó lejos del nivel de apoyo que necesitaba para asegurar cambios políticos en Galicia. 

Es cierto que los 40 escaños del PP pueden considerarse una cifra que maximiza su representación parlamentaria respecto a su apoyo electoral. Pequeños cambios de voto habrían favorecido en algunas circunscripciones a la oposición, aunque también podría haber sucedido lo contrario.

Como señalaron todas las encuestas, la distribución de votos resultante hubiera sido igualmente coherente con un PP situado en los 38 escaños y la oposición en 37.

No obstante, al fijar las expectativas en los días y semanas anteriores a las elecciones, desde fuera de Galicia, se tuvo poco en cuenta los tremendos efectos que tiene el actual sistema electoral gallego sobre la competición política.

Ante el lugar común de que Galicia es como es, siempre incierta, y sobre todo de derechas, no hace falta ir muy atrás en la historia para ver que la realidad gallega política es mucho más diversa de lo que suele reflejar el actual parlamento autonómico.
 
Gráfico 2.- Evolución del número de votos por partido segmentados en bloque de izquierda y derecha
 

Y esto tiene mucho que ver con las reglas electorales. En el actual contexto de preocupación por la calidad democrática, no debemos perder de vista que una de las decisiones más importantes que tomó el gobierno de Manuel Fraga nada más llegar al poder fue modificar algunas reglas electorales clave, con el objetivo de beneficiar al propio partido, en detrimento de sus competidores, especialmente de las opciones, de centro político y de los posibles competidores surgidos del mundo local. Aquí Carlos Fernández Esquer y José Rama cuentan algo de ello.

Al elevar el umbral electoral de la provincia al 5 % y al prohibir que se pudieran presentar alcaldes a las elecciones autonómicas, reforzando así la lógica anti-urbana del sistema electoral español, Fraga cerró la puerta a todas aquellas fuerzas y líderes que podían haberle hecho oposición en su propio terreno electoral.

Podemos atribuir más influencia a ese cambio de las reglas de juego que a la propia personalidad del presidente autonómico de entonces el cambio drástico que se dio en la competición política en Galicia a partir de 1995, tal como se refleja en el gráfico 2. 

3. El PP, lejos de sus mejores resultados
El PP situó las elecciones gallegas en el mes de febrero, seguro de su victoria, con el objetivo de contribuir a instalar la idea de cambio de ciclo electoral que no acabó de fraguarse el pasado mes de julio.

Siempre hubo dudas para muchos sobre la fuerza de Alfonso Rueda como candidato, y sobre el volumen del desgaste de gobierno acumulado, menos para Alberto Núñez Feijóo. 

A medida que transcurrió una mala campaña del PP, surgieron dudas sobre esos planes. Los resultados finales confirmaron la solidez del apoyo, y la eficacia de la campaña realizada por Feijóo en los feudos electorales del partido.

No obstante, no hay que perder de vista que el apoyo electoral obtenido en 2024 se encuentra en la franja baja de los últimos 30 años, lejos del apoyo obtenido por Manuel Fraga y del que recibió el propio Feijoo en su primera elección, siempre en torno a los 800.000 votos. Reconozco el error en este punto en una afirmación que publiqué en El País: Rueda se queda más cerca de los ajustados apoyos de la pasada década que de los mejores momentos de su partido antes de 2009. 

Habrá que ver si el actual presidente de la Junta de Galicia insufla nuevo brillo en su base electoral, o bien si el PP está topando ya con un techo electoral más bajo respecto a su mejor pasado.
 
Gráfico 3.- Evolución del número de votos del PP por elección autonómica
 

4. El PSOE gallego sigue su declive electoral
La lectura en clave española de los resultados del PSdG insiste en el argumento de que estos pésimos resultados son una desautorización de Pedro Sánchez y un rechazo de la amnistía. El problema para el socialismo gallego es que eso no es cierto. La razón es más profunda y tiene su raíz en Galicia. 

Si dejamos fuera de la serie las excepcionales elecciones de 2005 (y su derivada en 2009), se atisba una tendencia de progresivo deterioro de su base electoral. Una tendencia más impresionista al principio, más evidentes desde la derrota de 2009.
 
Gráfico 4.- Evolución del número de votos del PSOE por elección autonómica
 

Las razones internas podrían tener mucho que ver con la fuerza organizativa del partido, con su capacidad de cohesión territorial, con su nivel de autonomía respecto a Ferraz tal como lo perciben los gallegos… 

Esto se refleja por ejemplo en la inestabilidad de sus liderazgos. Desde 1981 cada vez que el PSdG estrena a un nuevo candidato obtiene malos resultados. Las cuatro elecciones con mayor apoyo (y que destacan entre las demás) coincidieron con candidatos que ya se habían presentado antes (González Laxe, Pérez Touriño).

Más allá, el socialismo gallego deberá reflexionar sobre que pasó en 1989, cuando se cortó una progresión claramente ascendente de su base social. Y por qué el partido sí supo aprovechar las excepcionales circunstancias de 2005, para aparecer como el instrumento de alternancia al gobierno de Fraga.



La derrota del pasado 18-F pudo verse favorecido quizá por el contexto español, no pudo ser revertida por un candidato nuevo, pero esencialmente responde a una pauta de fondo: el PSdG se ha desconectado, desde hace mucho tiempo, de cada vez más votantes del espacio progresista, especialmente entre jóvenes.

5. El voto dual no explica el declive del socialismo gallego
Estos días se ha recordado que en Comunidades con fuerte identidad nacional propia, y por ello con un sistema de partidos con partidos nacionalistas o soberanistas relevantes, el PSOE tiene a experimentar el fenómeno del voto dual. Este implica que un segmento significativo de votantes cambia de partido según el tipo de elección. Así, el piso y suele sacar más votos en las elecciones generales que en las elecciones y autonómicas.
 
Gráfico 5.- Evolución del número de votos del PSOE en elecciones generales y autonómicas más próximas
 

Se han utilizado diversas razones para tratar de explicar este fenómeno: que algunos votantes socialistas consideran menos importantes las elecciones autonómicas, el peso de la marca federal respecto a la marca regional, el peso de los candidatos, el contexto de cada elección… 

Estos días se recurre a este fenómeno cierto para aliviar el sentido del retroceso del voto socialista: las elecciones del pasado julio de 2023 demostrarían que la caída del voto de este mes de febrero, no compromete necesariamente futuros apoyos en las próximas elecciones generales. 

Y es cierto. Pero suele pasarse por alto el reverso del argumento. Un voto dual muy fuerte indica dos realidades: que el PSOE tiene un problema de implantación en ese territorio (muy asimétrica en el territorio o entre su potencial electorado), y que al PSOE de las generales le votan muchos ciudadanos cuya identidad no es socialista en absoluto, sino que prefieren que la Moncloa haya un presidente del gobierno el PSOE y no del PP. No está claro que la narrativa política española, ni siquiera la socialista, haya sabido reconocer plenamente -de una manera constructiva, quiero decir- las implicaciones y las consecuencias que el voto dual comporta para la voluntad general española.

6. El nacionalismo gallego mantiene su expansión electoral
Para entender mejor la evolución del PSOE, hay que contraponerla con la del nacionalismo gallego representado por el BNG. Aunque su evolución se vio afectada por el declive temporal del apoyo y la etapa final de Xosé Manuel Beiras, y sobre todo por la escisión de 2012, lo más prometedor de sus resultados es que son consecuencia de haber reconducido esa ruptura interna.

Lo más importante que sucedió en la política gallega desde la marcha de Feijóo fue precisamente el restablecimiento de relaciones entre BNG y ANOVA, que es la verdadera razón, quizá también la consecuencia, del liderazgo emblemático que Ana Pontón ha ejercido en esta campaña. Queda por ver si la líder gallega está dispuesta a intentar mantener esa línea de ascensión en los próximos años.

Por eso, es necesario también tener en cuenta, en la evolución del BNG, los buenos resultados obtenidos por la coalición AGE (2012) y En Marea (2016), que en su momento respondieron menos a la ebullición de la nueva política con la que se aliaron que al apoyo que suscitaba la opción que Beiras defendió infructuosamente en el congreso de ruptura del BNG en 2012.
 
Gráfico 6.- Evolución del número de votos del BNG en elecciones autonómicas, incluyendo el voto de AGE y En Marea 
 

7. Sumar logró lo máximo a lo que podía aspirar
Si los medios estatales se han hecho eco del fracaso de la vicepresidenta del gobierno en conseguir representación en el parlamento gallego, también deberían recordar que esto ha sido así desde siempre, al menos desde que el Partido Comunista gallego de Anxo Guerreiro perdió su escaño en 1985. 

Esas, y no otras, eran las coordinadas sobre las que sumar tenía que valorar sus expectativas reales de representación política. Desde esa perspectiva, Marta Lois ha obtenido un muy buen resultado en términos de votos, el mejor en 30 años.

(Como se ha dicho, en esa perspectiva sería un error tremendo tratar de tomar los buenos resultados de las candidaturas de AGE y Marea como referentes, por lo que hemos explicado en el punto anterior.)

De hecho, es el relativamente buen resultado de Sumar una de las razones que más podrían haber perjudicado a las opciones de alternancia en el gobierno, en el contexto de la reglas electorales que hemos mencionado anteriormente.

Al fin, y al cabo, entre las fuerzas de BNG, PSdG y Sumar (dejemos de lado el extraño caso de Podemos) había una inevitable lógica de suma negativa, que hacía muy improbable una fórmula virtuosa que permitiera hacer crecer a todos, sin perjudicarse entre ellos.

Quedarán para las tertulias de bar las razones por que la frágil operación de Sumar haya elegido este escenario tan adverso, como ocasión de estreno, y qué habría sucedido si Yolanda Díaz hubiera anunciado al final de campaña que retiraba su candidatura para favorecer el cambio en la política gallega. Las ucronías en política son estériles si no se extraen de ellas lecciones para el futuro.

8. ¿Se encamina la izquierda gallega hacia un escenario a la vasca?
Por todo lo expuesto anteriormente, se pueden deducir dos ideas que matizan la digestión postelectoral de la opinión publicada en la prensa y tertulia nacionales. 

Por un lado, las expectativas para una alternancia en el gobierno gallego siempre fueron bajas, porque no hay todavía un desgaste sustantivo en la valoración pública de la acción del gobierno gallego realizada estos años, y porque las reglas electorales dificultarán enormemente que, cuando se de ese desgaste, se materialice en una alternancia de gobierno.

En segundo lugar, la derrota de la izquierda tiene que ver esencialmente con las condiciones derivadas de la evolución que se viene dando en los últimos años en este espacio. El BNG está suplantando al PSOE en las nuevas generaciones políticas, aquellas que en otras regiones siguen apoyando a los socialistas. Desde 1997, y con la excepción de las elecciones de 2005-2009, la suma de votos del nacionalismo gallego ha superado al PSdG en cada elección autonómica.
 
Gráfico 7.- Evolución del número de votos del PSOE y BNG/ANOVA en elecciones autonómicas, incluyendo el voto de AGE y En Marea 
 

Y parece hacerlo porque tiene una mejor valoración entre los votantes de izquierda, sobre su defensa de los intereses gallegos, de la identidad gallega y de la acción de oposición al gobierno del PP. 

Recordemos, según el estudio pre-electoral del CIS (enero 2024), cuál era el estado de opinión de los votantes del PSOE en las anteriores autonómicas: uno de cada cinco prefería a Ana Pontón como presidenta (el 20,9% la veía más capacitada para gobernar que otros candidatos); el 58% pensaba que el BNG había hecho mejor oposición; el 73,2% creían que el BNG defendía mejor la identidad gallega; el 46,7% pensaba que el BNG defendía mejor los intereses de Galicia; el 18,3% decía que el BNG le representaba mejor… Y por encima de todo, uno de cinco votantes del PSdG decían que iban a pasarse al BNG, y casi el 40% la valoraba como segunda opción. 

No hubo castigo por la amnistía, ni apenas desmovilización o trasvase al PP motivado por ella. Hubo movimiento estructural de desafección, como el que podría propulsar a Bildu en las próximas elecciones vascas. Eso no significa que estos votantes trasladados al BNG, dejen de votar el PSOE en las elecciones generales, pero lo harán más por razones tácticas que por identificación estable con él.

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