-
+
GETTY

STEP: La apuesta europea por la competitividad en el largo plazo

Miguel Ángel Ortiz-Serrano

7 mins - 18 de Diciembre de 2023, 07:00

El año 2023 se acaba, y con él lo hará la cláusula de escape del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, lo que está dando lugar a una vorágine de negociaciones de última hora para acordar las nuevas reglas fiscales y, de alguna manera, dar por cerrado el ciclo de austeridad que tanto lastró a algunas economías comunitarias durante la década anterior. Todo parece indicar que se pactará una reducción anual del déficit del 0.5% para aquellos países con niveles superiores al 3%, lo que supone una concesión al bloque tradicionalmente alineado con Alemania. No obstante, la clave residirá en cómo de flexible va a ser la Comisión con respecto al cumplimiento de estos objetivos, pues se espera que, al menos, se permita a los países miembros profundizar en sus estrategias de inversión en la “Transición Verde” sin que ello perjudique a las cuentas nacionales. Y es que, el gran problema reside en qué contabilizar o qué no a la hora de analizar que un país comunitario ha cumplido sus objetivos de reducción de déficit, y, teniendo en cuenta que las inversiones ‘verdes’ son aprobadas y monitorizadas por la Comisión, no tendría sentido restringir la capacidad de actuación de los Estados miembros en el contexto actual.

[Recibe los análisis de más actualidad en tu correo electrónico o en tu teléfono a través de nuestro canal de Telegram]
Entonces, ¿qué debemos esperar para el próximo año y por qué podría ser importante? En su discurso sobre el Estado de la Unión de 2023, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, hizo hincapié en la necesidad de aumentar la competitividad de la industria y el sector empresarial comunitario, proponiendo un plan que muchos esperaban: La creación de la estructura primigenia de un fondo soberano europeo, el plan STEP. Esta es una estrategia en la que China, influida por la crisis asiática de 1997, fue pionera, en un intento de dotar a la industria nacional de las herramientas necesarias para seguir desarrollándose, así como de prevenir contra shocks externos futuros. Por su parte, EE.UU. lanzó en 2022 la Inflation Reduction Act, que tenía como objetivos la reducción de la tendencia inflacionaria a través de esfuerzos conjuntos con la FED, y la puesta en marcha de un ambicioso plan de recuperación y protección de la industria nacional, dándole prioridad a todo proceso que implicase una reducción sustancial del uso de combustibles fósiles y adaptar su tejido empresarial a la crisis climática. En respuesta a esto, ya en 2023, es cuando aparece el plan STEP, como eje transformador del Green Deal Industrial Plan.



Diseñar un programa así desde cero implicaría enormes esfuerzos por parte de los Estados miembros, además de un horizonte temporal muy amplio. Sin embargo, la Unión Europea posee una enorme ventaja en este sentido, y es que la matriz de todo este plan se ha ido creando durante las dos décadas anteriores a través de una serie de fondos que, en origen, no estaban pensado en fundirse en una estrategia común. Se trata de Horizon Europe, que se encargará de dar soporte económico a las PYMES que participen de este proyecto; InvestEU, que proporcionará apoyo en términos de acciones y deuda a las compañías bajo su prisma; el Fondo Europeo de Defensa (EDF), que subsidiará proyectos tecnológicos destinados a aplicarse en el nuevo marco de defensa comunitario; y la Institución de Recuperación y Resiliencia (Recovery and Resilience Facility), que, a través de los Fondos de Cohesión, apoyará la investigación activa y la creación de empresas en los sectores de tecnologías/energías limpias. El hecho de que estos programas ya estén en marcha implica menores costos a corto y medio plazo, y permite utilizarlos para desarrollar una arquitectura institucional en torno al nuevo plan. Si todo sale según lo esperado por la Comisión, este debería disponer de alrededor de 13 mil millones de euros una vez se ponga en marcha, a priori, en 2024. STEP contará con un Sovereignty Seal otorgado a las compañías e instituciones que participen en el programa, como un símbolo de calidad. Por otro lado, existirá un Sovereignty Portal, que ayudará a poner en contacto a los agentes que necesiten financiación con las instituciones correspondientes encargadas de asignar los fondos. 
 


Llegados a este punto, cabe preguntarse si será suficiente. Es decir, Estados Unidos y China han invertido enormes cantidades de fondos en proyectos más ambiciosos. Tienen una visión de largo plazo que parece no encajar en el diseño de STEP, ya que prevén un horizonte en el muy largo plazo, dentro de un contexto multipolar con naciones emergentes cuyas industrias serán altamente competitivas. Todo esto requerirá grandes sumas de dinero público para asegurar la viabilidad de sus sectores clave en un mundo futuro que se presume descarbonizado y más proteccionista. La Unión Europea no llega la primera ni tampoco unida, y existen serias dudas sobre si los Estados miembros están dispuestos a invertir tales cantidades de forma continuada para construir un entorno industrial incierto, cuyos beneficios pueden no sentirse de forma inmediata. Si para negociar unas reglas fiscales con unos cambios mínimos con respecto a las anteriores hemos necesitado años, no existen demasiados incentivos a pensar que STEP se pondrá en marcha de forma completa en los siguientes meses, teniendo en cuenta las implicaciones presupuestarias que esto puede representar. Eso sin contar que, para los siguientes cuatro años, se prevé aprobar una ayuda extra de 50.000 millones de Euros a Ucrania para ayudar a la reconstrucción y a su defensa, algo en lo que no todos los países están de acuerdo. Además, se abre la puerta a la ampliación definitiva de la UE, con la potencial inclusión de naciones como Albania, Moldavia, Serbia o Ucrania (lo que, hoy por hoy, significaría incluir como Estado miembro a un país en guerra, con las implicaciones que eso podría tener), o la aceptación de Georgia como país candidato. La ampliación de la UE, defendida vehementemente por la presidenta de la Comisión, cambiaría drásticamente la distribución de los roles dentro de la Unión. En el caso de nuestro país, esto supondría el salto definitivo de ser receptor a aportador neto, lo que afectaría a nuestra política fiscal y económica.

Para finalizar, la ampliación comunitaria cambiaría por completo la organización institucional de la Unión, dando paso a múltiples propuestas, como la Europa de diferentes velocidades. ¿Cómo afectaría la inclusión de economías tan dispares entre sí a la UE, al Green Deal Industrial Plan y a STEP? Habría que verlo, pero las exigencias no podrían ser las mismas para unos que para otros. Además, deja la puerta abierta a futuros desequilibrios no solo presupuestarios, sino también de poder y decisión. Necesitamos un plan. Europa necesita un plan coordinado de desarrollo industrial y, a poder ser, un fondo soberano que parta de STEP, pero tenga un horizonte claramente más ambicioso, ya que la competitividad de nuestro territorio se juega en las próximas décadas en una carrera de fondo que va a requerir un rol muy activo del Estado, tumbando muchos de los dogmas del pasado.

¿Qué te ha parecido el artículo?
Participación