Tras décadas de fuego lento, el
mercado de la defensa en Europa está en plena ebullición. Incluso quedando muchísimo por hacer, se observan importantes avances: por ejemplo,
una mayor conciencia de la excesiva dependencia de terceros países y un incremento de los recursos disponibles a nivel nacional (aumentos de presupuestos de defensa) y comunitario (los 150.000 millones de euros del programa Security Action for Europe (SAFE), el propio Fondo Europeo de Defensa (FED) o los cinco macroproyectos recientemente aprobados —European Defence Projects of Common Interest (EDPCI)—). Pero
el impulso financiero por sí solo puede no ser suficiente. Como el propio comisario europeo de Defensa
Andrius Kubilius expresó recientemente, "hemos conseguido los fondos para nuestra defensa. Hemos establecido las leyes para nuestra defensa. Ahora debemos crear un mercado para nuestra defensa".
Resta, sin embargo, y en nuestra opinión,
un enorme desafío que a veces pasa desapercibido: asegurar que los nuevos recursos económicos, tecnológicos y humanos disponibles estén
perfectamente alineados con las necesidades operativas de las Fuerzas Armadas.
"El mercado de la defensa en Europa está en plena ebullición. Incluso quedando muchísimo por hacer, se observan importantes avances"
Durante la Guerra Fría, buena parte de las innovaciones tecnológicas estratégicas (como la energía nuclear, los misiles balísticos, las tecnologías espaciales o los primeros desarrollos de Internet) surgieron de programas de investigación impulsados desde el sector de la defensa y financiados bajo
un modelo de gobernanza muy simple: un mercado esencialmente monopsónico (un único comprador, el Estado), actores industriales integrados en el ecosistema de defensa y cada uno vinculado a una rama de los Ejércitos (una empresa suministra a Tierra, otra suministra a la Armada, otra suministra a Aire) y con requisitos, estándares y procesos de certificación muy consolidados.
La alineación entre los recursos y las necesidades era, pues, más sencilla: un único cliente, muy pocos proveedores (los
prime del sector) y muy pocos creadores de tecnología (los mismos actores). En suma, una creación tecnológica y unas necesidades militares fáciles de coordinar.
¿Qué ocurre hoy cuando
el centro de gravedad de la innovación tecnológica (IA, tecnologías cuánticas, robótica, IoT…) se ha desplazado desde el ámbito de la defensa hacia el sector civil? ¿Cómo condensamos las múltiples oportunidades tecnológicas que evolucionan en ecosistemas civiles (uso dual) y que están impulsadas por inversiones privadas y mercados globales para que sean útiles a la seguridad y defensa?
La gobernanza de tantos polos tecnológicos con potenciales aplicaciones militares más allá de los prime se ha vuelto mucho más compleja y su conexión con los desafíos operacionales de los ejércitos es un mandato estratégico para que España y Europa sean capaces de aprovechar todo su potencial. Así lo ilustraba un oficial del Ejército del Aire y del Espacio el pasado 6 de octubre en el Youth Mediterranean Dialogue: "A nosotros no nos sirve que nos llegue una
startup para vender una batería de iones. Necesitamos que lo que llegue a las Fuerzas Armadas sea un programa finalizado". Es decir, que en lugar de componentes intermedios se propongan
soluciones completas y alineadas con sus necesidades.
Siendo este un desafío cuya resolución
aumentaría enormemente la eficiencia de nuestro gasto público en defensa (y, por tanto, reduciría los recursos públicos necesarios para conseguir el nivel de capacidades militares requerido), nuestro análisis plantea que, para lograrlo, hace falta una capa intermedia de actores públicos y privados que conecte a la industria y a las pymes con aportaciones tecnológicas de uso dual y haga el trabajo de traducirlas a soluciones innovadoras para los desafíos del usuario militar final. Es decir,
una mayor imbricación de las oportunidades tecnológicas que el sector civil ofrece con las necesidades reales sobre el terreno de nuestros Ejércitos. Solo así podemos movilizar los recursos de España y Europa de la manera más eficiente,
maximizando el poder geopolítico-militar y la autonomía estratégica obtenidos por cada euro de gasto público.
"Hace falta una capa intermedia de actores públicos y privados que conecte a la industria y a las pymes con aportaciones tecnológicas de uso dual"
Lograr este alineamiento es uno de los principales retos que enfrentan las
pymes tecnológicas con deseos de aportar al esfuerzo en seguridad y defensa: con frecuencia,
carecen del conocimiento técnico-institucional y los recursos necesarios para desenvolverse en la cultura y los procedimientos del sector y hacer útil su tecnología a las unidades militares. Necesitan, pues,
mejores canales de acceso a los usuarios finales y a su conocimiento operacional (doctrina, requisitos, datos y escenarios de empleo), imprescindibles para desarrollar, experimentar y adaptar conjuntamente soluciones tecnológicas civiles que puedan convertirse, con la rapidez necesaria, en capacidades militares efectivas.
Al no tener
una definición clara de las necesidades operacionales ni un acceso efectivo a los conocimientos tácticos, las pymes innovan sin brújula, generando iniciativas redundantes y soluciones tecnológicas aisladas. La falta de alineamiento les impide conseguir contratos, lo que retrasa la incorporación de sus productos a las Fuerzas Armadas y empobrece la base tecnológica nacional.
En los escenarios militares actuales,
acelerar los ciclos de desarrollo y convertir a las startups disruptivas y las empresas duales en proveedoras de soluciones militares es un imperativo estratégico.
La guerra de Ucrania ha introducido una variable decisiva en el campo de batalla:
la capacidad de la industria para comprender los problemas operacionales y desarrollar, probar y adaptar soluciones en estrecha colaboración con las Fuerzas Armadas, a mayor velocidad que el adversario. Por ejemplo, al no contar Ucrania con una flota con la que enfrentarse a la amenaza rusa en el mar Negro, desarrolló el dron naval Magura V5 y
pasó del prototipo al despliegue en apenas tres meses. Y la carrera no culmina una vez lograda cierta capacidad: según algunos analistas, determinados sistemas UAV necesitan actualizarse cada 6-12 semanas para seguir siendo eficaces frente a nuevas contramedidas. Como afirmaba el presidente Zelenski recientemente,
"un mes Rusia lleva la ventaja en drones; el mes siguiente, nosotros".
"La falta de alineamiento les impide conseguir contratos, lo que retrasa la incorporación de sus productos a las Fuerzas Armadas y empobrece la base tecnológica nacional"
En contraposición, recordemos cómo han sido los
ciclos de desarrollo tradicionales: en España,
la incorporación del blindado VCR 8x8 Dragón para el Ejército de Tierra, adjudicado en el 2015, no comenzó hasta 2025, y la de los submarinos S-80 de la Armada (encargados en el 2004) hasta el 2023. Siendo conscientes de las enormes diferencias tecnológicas entre estos programas y los ejemplos de Ucrania, lo que evidencian estos casos es que los tiempos han cambiado, que
una década de desarrollo es inaceptable frente a unos meses y que sacar el máximo partido a las oportunidades de innovación tecnológica para transformarlas en soluciones industriales es obligatorio.
Enfrentar este desafío
no exige necesariamente crear nuevas agencias ni estructuras institucionales de coordinación de alto nivel, cuya rigidez precisamente podría resultar incompatible con la agilidad y los ciclos de innovación que demanda el entorno operacional actual. La propuesta pasa por articular una red de expertos en tecnología dual y el entorno de defensa, capaces de hablar ambos idiomas y
establecer un diálogo permanente entre quienes identifican las necesidades militares, quienes conocen las oportunidades tecnológicas y quienes pueden transformarlas en soluciones industriales.
"La propuesta pasa por articular una red de expertos en tecnología dual y el entorno de defensa, capaces de hablar ambos idiomas"
Su actividad debería materializarse en
mecanismos concretos de identificación y priorización de desafíos operacionales, búsqueda de soluciones en el ecosistema civil, codiseño con los usuarios finales, experimentación en entornos representativos y acompañamiento hacia la industrialización y adquisición. En lugar de sustituir las iniciativas existentes llevadas a cabo por actores como la Fundación Círculo, TEDAE o AESMIDE,
el objetivo debe ser conectarlas, reforzarlas y ampliar su alcance en un planteamiento sistemático que busque integrar esa capa de colaboración en la gobernanza del nuevo ciclo inversor.
Desarrollar esa capa intermedia de gobernanza y análisis de colaboración público-privada que
conecte a las startups, las empresas tecnológicas, las Fuerzas Armadas y el Ministerio de Defensa es el paso clave para responder al cambio de paradigma. La autonomía estratégica no consiste únicamente en disponer de tecnología propia, sino en
lograr que el talento de un país y de nuestra Unión se transforme en capacidades de poder "duro" que disuadan a nuestros rivales (sea en Ceuta, sea en Ucrania, sea en las repúblicas bálticas) de amenazar en lo más mínimo el normal, cotidiano y soberano funcionamiento de nuestras sociedades españolas y europeas.