Siempre es arriesgado reaccionar en caliente ante acontecimientos como los que se están produciendo estos días en los institutos. Por un lado, falta la distancia necesaria para analizar la situación con serenidad. Por otro,
las pasiones políticas se apoderan rápidamente de un asunto de este tipo y dificultan tanto la comprensión de los hechos como su interpretación. Conviene, por tanto, mantener una gran prudencia.
Aun así, pueden señalarse de forma preliminar algunos rasgos destacados. Cuando toman la palabra, los estudiantes que participan en los bloqueos mencionan sobre todo
problemas materiales o relacionados con sus condiciones de estudio: equipamientos deficientes o inexistentes, instalaciones deterioradas, ausencia o falta de profesores y horarios sobrecargados.
¿Está la educación secundaria superior tan falta de recursos, especialmente en comparación con nuestros vecinos europeos? A primera vista y en términos generales, la respuesta parece más bien negativa.
Francia destina a esta etapa educativa el 1% del PIB, una cifra superior a la media europea, situada en el 0,91% en 2023. La relación entre alumnos y profesores es de once a uno en Francia, en la media de la Unión Europea y por debajo del Reino Unido, con trece, o de Alemania, con doce.
Este dato, que se limita a relacionar el número total de alumnos con el de docentes, no debe confundirse con el número de estudiantes que tiene un profesor delante en clase, ya que este último depende también de las horas lectivas. Los datos de la OCDE no permiten calcular este indicador de forma comparable para el conjunto de Europa. Sí existen, sin embargo, datos de la DEPP —la Dirección de Evaluación, Prospectiva y Rendimiento del Ministerio de Educación Nacional— únicamente para Francia:
sitúan en 23,9 el número de alumnos por profesor en los institutos de enseñanza general y en 15,3 en los centros de formación profesional.
Estas cifras son, evidentemente, promedios y la situación puede variar mucho entre centros.
El estado de los edificios también puede ser muy desigual y ejercer una fuerte influencia sobre el ambiente que se vive en ellos. Aun así, parece improbable que esta crisis tenga su origen únicamente en la falta de recursos y en las condiciones materiales. ¿Qué otras explicaciones pueden explorarse?
"Parece improbable que esta crisis tenga su origen únicamente en la falta de recursos y en las condiciones materiales"
Algunos comentaristas y dirigentes políticos han señalado el papel de
La Francia Insumisa (LFI).
Parece indudable que LFI ha avivado las brasas y quizá encendió la mecha en Seine-Saint-Denis. Sus propios miembros, además, no lo ocultan. El partido encuentra un terreno abonado para ello, porque los jóvenes son, con diferencia, el grupo de edad más receptivo a sus planteamientos. Se trata de personas algo mayores que los estudiantes de secundaria, pero
el 41% de los jóvenes de entre 18 y 24 años que aseguran que acudirán a votar en las próximas elecciones presidenciales elegiría a Jean-Luc Mélenchon, frente al 8% entre los mayores de 50 años, según la
Encuesta electoral francesa 2026 de Ipsos.
Sin embargo,
la extensión del movimiento por todo el territorio hace difícil pensar que responda únicamente a una instrumentalización política. Las brasas ya estaban ahí, aunque algunos las aviven por oportunismo político.
Llama la atención cierta normalización de la violencia.
Bloquear un instituto constituye en sí mismo un acto violento, puesto que permite que un grupo que puede ser minoritario impida a otros alumnos asistir a clase y a los profesores impartirla. Esta forma de violencia se ha normalizado. Una minoría significativa de los jóvenes —el 22%, según el estudio
Une jeunesse plurielle, de 2021— justifica recurrir a la violencia para "protestar, expresar su enfado o defender sus ideas".
En esta crisis,
la violencia está adoptando formas especialmente llamativas, con la quema casi sistemática de contenedores, palés y otros objetos a las puertas de los centros, con el consiguiente riesgo de provocar incendios, como de hecho ha ocurrido en algunos de ellos. También hemos visto
agresiones a periodistas por considerarlos hostiles al movimiento.
Resulta paradójico que se deterioren los propios centros cuando los estudiantes se quejan precisamente de sus condiciones materiales. Esto demuestra, en cualquier caso, que quienes protagonizan estos actos no sienten por su instituto el apego que cabría esperar hacia un templo del conocimiento que debe preservarse.
En el mejor de los casos se aburren allí; en el peor, lo detestan.
"Quienes protagonizan estos actos no sienten por su instituto el apego que cabría esperar hacia un templo del conocimiento que debe preservarse"
Esta crisis quizá esté poniendo de manifiesto
la distancia que se ha abierto entre la cultura juvenil y la cultura escolar, entre la cultura de las pantallas y la de los libros. ¿Cómo cerrar esa brecha? Una de las medidas planteadas ha sido prohibir los teléfonos móviles en los institutos. Una de las estudiantes con las que hablé ante un centro bloqueado expresaba su oposición a esta medida, que consideraba una restricción intolerable de su libertad.
Otra explicación que merece explorarse son
los efectos sobre la ansiedad provocados por la extensión de la escolarización. A medida que aumenta el número de jóvenes que continúa estudiando, se intensifica la competencia académica y, quizá también, el miedo a quedar rezagado o fuera del sistema. Parcoursup concentra buena parte de esos temores. Este sistema hace tangible una competencia académica que puede resultar implacable, sometida al frío veredicto de un algoritmo, y genera muchísimo estrés entre los jóvenes.
En el estudio sobre juventud y trabajo realizado para el Instituto Montaigne en 2024,
el 77% de los jóvenes encuestados afirmaba sentir ese estrés y el 21% se mostraba partidario de eliminar Parcoursup. ¿Reciben los alumnos suficiente apoyo durante un proceso que se asemeja a una carrera de obstáculos? Será necesario, entre otras cosas, evaluar la reforma de la formación profesional y los programas, como AvenirPro, destinados a ayudar al alumnado a preparar su incorporación al mercado laboral.
"Este sistema hace tangible una competencia académica que puede resultar implacable, sometida al frío veredicto de un algoritmo, y genera muchísimo estrés entre los jóvenes"
En términos más amplios, cabe preguntarse si
el sistema educativo francés está adaptado, en sus estructuras y en su organización, a este nuevo contexto de extensión de la escolarización y creciente diversidad del alumnado de secundaria. Esta crisis muestra que demandas muy distintas se expresan hoy de una forma que puede llegar a ser violenta, como si hasta ahora no hubieran podido formularse o ser escuchadas por cauces normales y no conflictivos.
La iniciativa del ministro de abrir una plataforma para que los estudiantes de secundaria expongan sus quejas parece bastante insuficiente.
¿Qué haría el ministerio con ellas? ¿No deberían plantearse y resolverse más bien en el propio centro?
Pero ¿tienen los institutos franceses capacidad para escuchar esas demandas, responder cuando se plantean y tomar iniciativas para corregir problemas de funcionamiento, por ejemplo en la organización de las clases o en la adaptación de los programas educativos?
La estructura enormemente centralizada y uniforme del sistema educativo francés y las escasas competencias de las que disponen los directores de los centros llevan a responder negativamente.
Esta crisis deja así entrever
un problema más amplio: la falta de autonomía de los centros educativos.
© Telos, 2026.