Esta semana, cientos de personas se han manifestado en las
oficinas centrales de Meta en São Paulo bajo la consigna "META no te metas". En sus plataformas, Facebook (con más de 175 millones de usuarios activos en Brasil) e Instagram (con alrededor de 147 millones),
se libra una parte fundamental de la batalla política y electoral. Hay indicios para sostener que el gigante tecnológico podría estar favoreciendo a uno de los bandos, una sospecha que se relaciona con
las tensiones entre la compañía y el Gobierno de Lula
por los intentos de este último de regular las redes sociales en Brasil, además de los vínculos de Meta con Donald Trump. Dinero y política. Y ahora dinero, tecnología y política.
El nuevo tridente que corroe nuestras democracias.
Un repaso por la lucha contra Meta
Durante el Gobierno de Lula hubo una serie de tensiones con la compañía que se remontan a enero de 2023, cuando se produjo el
asalto a la plaza de los Tres Poderes por parte de un grupo de simpatizantes de Bolsonaro. A partir de ese momento comenzó
una disputa entre el Gobierno de Lula, el Supremo Tribunal Federal y Meta por la posible responsabilidad de la empresa en las fake news que derivaron en el asalto de los bolsonaristas. Esto terminó parcialmente cuando fue archivado un proyecto de ley, que venía dando vueltas en el legislativo desde 2020,
que buscaba responsabilizar a las empresas por el contenido que podría ser falso.
"Hay indicios para sostener que el gigante tecnológico podría estar favoreciendo a uno de los bandos, una sospecha que se relaciona con las tensiones entre la compañía y el Gobierno de Lula"
Pero el enfrentamiento de Meta con el Gobierno de Lula
llegó a su punto máximo en enero de 2025, cuando la Abogacía General de la Unión dio setenta y dos horas a la empresa para explicar por qué finalizaban
los protocolos de verificación de veracidad de lo que se publicaba. El Gobierno de Lula dijo que respondería a ello con diferentes acciones
institucionales, judiciales y legislativas. Una de ellas fue
una demanda que presentaron contra Meta por 1.770 anuncios con estafas que utilizan símbolos gubernamentales e imágenes manipuladas en las redes sociales.
Las elecciones
En agosto de este año, un mes y unos días antes de
las elecciones de primera vuelta, Amnistía Internacional publicó un reportaje en el que mostraba cómo
Meta fallaba a la hora de bloquear anuncios con desinformación electoral en Facebook. Y el 10 de octubre, la campaña de Lula acusó a Meta de influir en las elecciones desde el pasado mes de diciembre. Señalaron que ya en ese momento
las cuentas del presidente y de otros líderes de la izquierda en Brasil fueron restringidas en los sistemas de búsqueda. Algo parecido a lo que ocurrió en la segunda vuelta, cuando
muchos usuarios denunciaron que, si se buscaba "Lula" en Instagram, salían muchas cuentas que no eran las del presidente, pero si se buscaba "Flávio", salía en primer lugar y sin problema la de Flávio Bolsonaro. En la misma denuncia, la campaña del PT señaló que
la publicidad de Lula habría sido restringida por la plataforma. Lula anunció entonces que
escalaría la interferencia a la OEA para que pudiera juzgar a la compañía.
"El 10 de octubre, la campaña de Lula acusó a Meta de influir en las elecciones desde el pasado mes de diciembre"
Meta ha reconocido errores. La plataforma ha admitido que habrían ocurrido algunos
errores con la cuenta de Lula, pero
ha negado rotundamente que sus algoritmos hayan tomado partido por algún candidato.
Folha de S.Paulo reveló unos mensajes internos en los que
empleados de Meta admiten errores graves con la campaña de Lula y también que hubo problemas para solucionarlos. En los mensajes se puede ver que
los empleados sabían perfectamente lo que estaba ocurriendo y que debían mostrar otros errores ocurridos con Flávio Bolsonaro para contrarrestar la narrativa de que Meta estaba interfiriendo en las elecciones. ¿Errores o sesgos? ¿Errores o decisiones tecnopolíticas?
La respuesta del "Ejército de Lula"
Hemos seguido muy de cerca la respuesta a todo esto que se ha realizado desde la campaña de Lula o, mejor dicho, casi desde fuera de su control, en
una campaña parcialmente liberada de la rígida supervisión de un comando estratégico. Frente a una cada vez más visible alianza tecnopolítica (plataformas y opciones políticas), solo existe una mínima opción con una gran movilización híbrida (en las plazas y en las redes en un proceso de complementariedad creativa).
"Frente a una cada vez más visible alianza tecnopolítica (plataformas y opciones políticas), solo existe una mínima opción con una gran movilización híbrida"
Una respuesta muy sólida es
la organización encabezada por André Janones, comandante en jefe del
Ejército de Lula, un canal de WhatsApp con casi ocho millones de seguidores, que
ha conseguido sobrevivir y no desaparecer por orden del Tribunal Superior Electoral en más de una ocasión.
En el canal, Janones envía audios diciendo "
Pessoal, Urgente, Explodam" ("Gente, urgente, ¡hacedlo estallar!") a los seguidores más fieles de Lula para que repliquen mensajes e interaccionen con los vídeos del presidente, con el fin de que
un impulso inicial haga que lleguen a más personas. Y hackear cívicamente de manera orgánica
las lógicas del algoritmo y sus sesgos. No se trata solo de coordinación digital y dinámica viral. Se trata de aceptar que
en la batalla digital hay algunas opciones para competir —¿y ganar?—, si se coordinan con eficacia militar las acciones de los ciberactivistas para sortear y revertir el sesgo político de las plataformas.
Pero la respuesta más fuerte a todo esto es
la inundación de la zona con contenido hecho con IA y la acción ciudadana. Lo de Janones es una parte, pero la campaña de Lula, independientemente del resultado, ha logrado organizar y activar a una gran parte de su electorado con tácticas de guerrilla digital.
Hay vídeos de Lula bailando en todo tipo de vídeos de videojuegos, canciones de musicales y vídeos virales.
"La campaña de Lula, independientemente del resultado, ha logrado organizar y activar a una gran parte de su electorado con tácticas de guerrilla digital"
Un ejemplo de ello lo encontramos el pasado 17 de octubre, cuando el Ejército de Lula
inundó las redes sociales con lulistas con camisetas de la selección brasileña, recurrió a cosas tan simples como las estrellas y los fondos rojos en las notas de Instagram, impulsó
los estados de WhatsApp y
convirtió a cualquier votante aburrido con un teléfono móvil en un prescriptor clave.
Ahora, hacen hasta
memes de la misma movilización con lenguaje militar de
Janones. Y
este es el resultado: se logra alterar los algoritmos llenando de contenido las redes alrededor de un candidato, con solo unos cuantos posts originales de la campaña dando vueltas.
Lo mejor del caso es que
algorítmicamente Meta no tiene cómo responder ante la invasión roja del Ejército de Lula. No hay forma de poder sacar de sus plataformas la cara de Lula, porque incluso si lo hacen, con
una canción chistosa dramatizada en un videojuego para niños y
un baile en TikTok,
el mensaje se expande de abajo hacia arriba, con comandantes
organizados y líderes sólidos en redes sociales. Pero, sobre todo, con
un apoyo popular tan fuerte que permite hacer frente a las compañías más grandes del mundo en su propio campo de juego.
¿Qué significa la interferencia de Meta en la región?
Esta no es la primera vez que una empresa tecnológica es acusada de interferir en una campaña electoral. Años atrás, el propio Mark Zuckerberg debió comparecer ante el Congreso de Estados Unidos por el escándalo de Cambridge Analytica, por el que la compañía ha sido condenada nada más y nada menos que
diez años después por un juzgado de Nuevo México. Tampoco será la última si
las plataformas digitales siguen operando sin una regulación clara, como espacios privados con capacidad para condicionar el debate público sin asumir plenamente la responsabilidad que ese poder implica, una situación similar al
vacío judicial en el que existen los mercados de predicción, como se analiza en
"Polymarket y Kalshi: los mercados de predicción y la manipulación política y electoral".
"Tampoco será la última si las plataformas digitales siguen operando sin una regulación clara, como espacios privados con capacidad para condicionar el debate público sin asumir plenamente la responsabilidad que ese poder implica"
La cuestión ya no es solo si Meta puede interferir en una campaña electoral, sino
quién controla a quienes tienen capacidad para alterar las condiciones en las que se forman las opiniones, circula la información y se decide el voto. Porque, cuando una empresa puede influir en la conversación pública sin rendir cuentas de sus decisiones,
la frontera entre la moderación de contenidos y la intervención política se vuelve cada vez más difusa. Y con ella, también se debilita una de las condiciones esenciales de la democracia:
que la ciudadanía pueda decidir libremente, sin que intereses privados opacos inclinen la balanza. No se trata solo de Brasil, se trata de ahora y aquí. En todas partes. Y en todas las campañas.