No importa desde dónde leas esto. Parece una constante en diferentes contextos. El éxito de los gobiernos que pretenden defender los derechos de esas mayorías electorales no es real si las minorías (o una parte de la población) se sienten amenazadas. América Latina, Europa e incluso Estados Unidos nos lo han enseñado. Vivir con miedo no puede ser una opción.
La polarización afectiva en España ha crecido notablemente desde 2018, especialmente tras la irrupción de Vox. Este fenómeno va más allá del desacuerdo político: convierte al adversario en enemigo. Su avance amenaza la convivencia democrática al sustituir el debate por identidades enfrentadas y percepciones extremas entre ciudadanos y líderes.