Permítanme empezar con una confesión:
no ha sido fácil organizar esta octava edición del Foro La Toja. Nos enfrentábamos a dos desafíos principales: por un lado, intentar igualar la calidad del foro anterior —el séptimo fue excelente— y, por otro, adaptarnos a
un entorno global cambiante, cada vez más dinámico y complejo. Aunque la volatilidad no es un fenómeno nuevo, este último año ha sido especialmente intenso.
En las primeras ediciones centrábamos la atención sobre un único gran problema global alrededor del cual articulábamos toda la agenda. Así, en 2019 dedicamos el encuentro inicial a la democracia liberal; la segunda y tercera edición abordaron el impacto de la pandemia; la de 2023 se centró en la globalización, y la de 2024, en el papel de Europa.
Ya el año pasado nos resultó difícil acotar el debate a una sola variable y titulamos el encuentro
Explorando un nuevo orden mundial, en un ejercicio de optimismo que ha dado paso al realismo de esta octava edición:
Un mundo en desorden.
"Aunque la volatilidad no es un fenómeno nuevo, este último año ha sido especialmente intenso"
Con esta fórmula no pretendemos formular un juicio de valor, sino
ofrecer un diagnóstico descriptivo de un tiempo en el que los acontecimientos disruptivos ya no llegan de forma aislada, sino en cadena. Un escenario respecto al cual el expresidente Felipe González llegó a sugerir que el término más preciso habría sido
Un mundo en caos.
En estos ocho años el contexto internacional ha mutado profundamente y el propio foro ha evolucionado, pero se mantienen inalterados nuestros pilares fundacionales: la defensa de la democracia liberal y representativa, la lucha contra la polarización y el populismo, y la reivindicación de la moderación y el acuerdo como centro de la vida política nacional e internacional;
el fortalecimiento del vínculo atlántico, concebido de manera amplia como un triángulo de cooperación entre Estados Unidos, Europa y América Latina; la naturaleza de espacio independiente de la sociedad civil, organizado sin financiación ni tutela económica pública y sin ningún grupo de comunicación detrás; y el recuerdo permanente a la figura de Josep Piqué, cuyo impulso inicial sigue estando en el origen de este proyecto.
"Se mantienen inalterados nuestros pilares fundacionales: la defensa de la democracia liberal y representativa, la lucha contra la polarización y el populismo, y la reivindicación de la moderación y el acuerdo"
A todo ello se añade
nuestro reconocimiento a Su Majestad el rey por su continuo respaldo y su presencia en la sesión inaugural de todas las ediciones del foro. En esta ocasión, la apertura contó además con la participación del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al presidente de la Xunta de Galicia, Alfonso Rueda, y Amancio López Seijas. Resulta imprescindible destacar
el mensaje de Felipe VI sobre la necesidad de redefinir el orden mundial a partir del respeto irrenunciable a la dignidad humana, con una oportuna evocación de los principios éticos de la Escuela de Salamanca.
En esta edición,
la entrega del Premio Josep Piqué al expresidente de la República Portuguesa, Marcelo Rebelo de Sousa, ha poseído un significado singular. Su concesión no solo reconoce a un líder que nos ha apoyado desde los inicios, sino que plasma nuestra visión del marco atlántico como un proyecto plenamente ibérico. Asimismo, constituye una obligación moral recordar que
nuestras premiadas en 2023, las mujeres afganas, continúan sometidas a una intolerable vulneración de sus derechos fundamentales ante la indiferencia de la comunidad internacional.
Moderados por Álex Romero, Dean Ball, Carme Artigas y Louis Mosley hicieron un diagnóstico del presente y el futuro de la inteligencia artificial. Foto: Agenda Pública / Yanka Soto
Geopolítica, vínculo atlántico e inteligencia artificial
Con estos mimbres hemos tratado de
analizar la naturaleza del desorden global y dilucidar si estamos ante una coyuntura pasajera o ante un escenario estructural. En el plano geopolítico, las aportaciones de analistas como Robert Kaplan y Arancha González Laya permitieron constatar cómo
la relación entre Estados Unidos y Europa ha experimentado transformaciones de fondo que trascienden las coyunturas electorales norteamericanas. Trasladaron, además, la idea de que la sociedad civil transatlántica mantiene vínculos más sólidos que los gubernamentales, que Europa ha comenzado a asumir la necesidad de reforzar sus capacidades de defensa, y que el papel del continente resulta decisivo como elemento articulador entre potencias medias.
"La sociedad civil transatlántica mantiene vínculos más sólidos que los gubernamentales, que Europa ha comenzado a asumir la necesidad de reforzar sus capacidades de defensa"
El impacto de la tecnología ocupó un espacio central en los debates.
La conclusión unánime de los expertos en inteligencia artificial es que esta herramienta no va a destruir a la humanidad. Sin embargo, esa constatación no debe restar atención a los riesgos reales que plantea su despliegue:
la pérdida de control sobre los agentes autónomos, la automejora no supervisada de códigos y la erosión acelerada de competencias y habilidades humanas.
Por su parte, el diálogo entre los expresidentes Felipe González y Mariano Rajoy abordó
las consecuencias de gobernar sin mayorías estables ni presupuestos aprobados, defendiendo el papel del bipartidismo en la vertebración del Estado, la necesidad de proteger a las clases medias ante el problema de la vivienda y la exigencia de proyectar firmeza internacional, bajo la premisa de que cuando un país emite señales de debilidad, sus vecinos tienden a actuar en consecuencia.
España ante sus desafíos internos y exteriores
En la agenda autonómica, el foro congregó por primera vez a
los presidentes de las tres nacionalidades históricas —Alfonso Rueda, Imanol Pradales y Salvador Illa— en un debate enfocado en la competitividad y la política industrial, donde emergieron visiones contrapuestas en materia de vivienda y financiación autonómica. Paralelamente, el análisis sobre la
crisis en Ceuta puso de manifiesto que
el deterioro de la relación con Marruecos responde a una quiebra de la confianza bilateral, haciendo suya la exigencia planteada por la vicepresidenta ceutí, Kissy Chandiramani, de esclarecer los hechos, restaurar la normalidad institucional y contar con un respaldo europeo firme.
Las sesiones finales examinaron
la pérdida de influencia política y económica de España y Europa en América Latina, la amenaza que representa el crimen organizado transnacional para la gobernanza democrática y
el testimonio de resistencia de Svetlana Tijanóvskaya y Josep Borrell en defensa de la frontera oriental de Europa frente al autoritarismo.
Sviatlana Tsikhanouskaya y Josep Borrell. Foto: Agenda Pública / Yanka Soto
Un diagnóstico moderadamente optimista
Nos despedimos de esta edición con un diagnóstico moderadamente optimista. La inteligencia artificial no destruirá nuestras sociedades; Europa avanza hacia una estrategia de defensa realista;
Ucrania resiste porque enfrente no tiene a un simple ejército, sino a toda una nación; y los principios vertebradores de la democracia representativa y la alianza atlántica continúan siendo cauce y garantía de progreso.
"Los principios vertebradores de la democracia representativa y la alianza atlántica continúan siendo cauce y garantía de progreso"
La perspectiva histórica demuestra que
a los periodos de desestabilización suceden ciclos de orden y certidumbre. Confiamos en que la comunidad internacional sea capaz de acelerar esa transición hacia
un orden más justo, sólido y compartido. Nos reencontraremos dentro de un año en la novena edición del Foro La Toja.
El discurso corresponde al pronunciado por Carlos López Blanco en La Toja, ligeramente editado por claridad y precisión.