Dos sospechosos son interrogados por separado, sin posibilidad de hablar entre ellos. En este escenario se pueden dar varias posibilidades: si uno de ellos confiesa y su cómplice no, el primero queda libre y el segundo recibe la pena máxima; si ambos confiesan, los dos serán condenados a una pena intermedia. Y si ninguno de los dos confiesa, uno y otro serán condenados a una pena mínima.
La lógica apunta a que, ante la ausencia de confianza mutua y aun siendo la cooperación la opción más idónea, lo racional es traicionar antes de ser traicionado. El dilema del prisionero ilustra la lógica que sostiene la
carrera armamentística nuclear desde hace ochenta años.
"El dilema del prisionero ilustra la lógica que sostiene la carrera armamentística nuclear desde hace ochenta años"
Tras la Segunda Guerra Mundial y, más concretamente, tras la Guerra Fría,
fueron múltiples los intentos de frenar la carrera armamentística nuclear frente al riesgo exponencial derivado del desarrollo tecnológico. Durante este periodo, Daniel Ellsberg, analista de defensa estadounidense y activista en materia de desarme, expuso en su obra
The Doomsday Machine: Confessions of a Nuclear War Planner la distinción doctrinal entre
First Strike y
First Use.
El
First Strike hace referencia a
un intento de ataque a gran escala para desarmar previamente al oponente con armas nucleares. El objetivo principal es destruir bases aéreas, silos de misiles, bases de submarinos y centros de mando para anular o degradar su capacidad de respuesta. El
First Use, en cambio, hace referencia a
la decisión de introducir por primera vez las armas nucleares en un conflicto, ya sea para complementar una defensa no nuclear o revertir una operación militar en fracaso.
En la lectura de Ellsberg, esta distinción refleja
una contradicción dentro de la propia doctrina de la disuasión basada en la represalia, ya que se contempla el
First Strike como una opción real; esto es, se prioriza la traición frente a la cooperación. No por maldad, sino por lógica de supervivencia.
Trasladado al ámbito internacional,
el dilema del prisionero adquiere unas dimensiones colosales y verdaderamente complejas. Jonathan Cave, en
Introduction to Game Theory (1987), presenta el dilema mediante dos estrategias: cooperación (
Helpful, H) o traición (
Greedy, G).
Si ambos Estados deciden desarmarse (cooperación mutua),
el resultado es el mejor posible: disminuye el riesgo global y reduce el gasto militar. En un segundo escenario, si un Estado decide modernizar su arsenal nuclear y preservar la opción de un
First Strike (no coopera), mientras que el otro se desarma unilateralmente (coopera), el segundo queda en una posición de vulnerabilidad crítica, expuesto a un ataque decisivo. En el tercer escenario, si ambos deciden no desarmarse (no cooperan),
se alcanza un equilibrio de subsistencia peor que la cooperación compartida, pero mejor que la indefensión unilateral.
El análisis de Cave demuestra que, en una sola interacción,
la estrategia dominante para ambos actores es la traición. Sin embargo, en un marco de juego repetido indefinidamente, la cooperación resulta más plausible. No por generosidad, sino por el incentivo disuasorio de la represalia futura. Paradójicamente, esto revela un riesgo central en la arquitectura de la disuasión nuclear: cuanto mayor es la convicción de una escalada hacia el fin del mundo, menor es el incentivo de cooperar. La cooperación durante la Guerra Fría, por medio de acuerdos de reducción de arsenales como
START I,
no cristalizó en momentos de pánico, como la crisis de los misiles de Cuba, sino en periodos de distensión en los que ambas partes contemplaban un horizonte.
"Hay un riesgo central en la arquitectura de la disuasión nuclear: cuanto mayor es la convicción de una escalada hacia el fin del mundo, menor es el incentivo de cooperar"
Para que un acuerdo internacional resulte vinculante y efectivo,
no basta con la buena voluntad, pues, sin incentivos reales, resulta mucho más conveniente romper lo pactado. Cave propone alterar la propia matriz de pagos introduciendo un coste adicional en caso de traición, lo que denomina "instituciones de rehenes". En el ámbito nuclear, la máxima expresión de esta garantía es la destrucción mutua asegurada (MAD), que el propio Cave cita como ejemplo. No obstante, el autor advierte de un riesgo sustancial que puede leerse hoy como una de las claves del debilitamiento del régimen de no proliferación y desarme: un sistema de rehenes funciona solo si estos son verificables como reales.
Sin un mecanismo capaz de confirmar, con independencia y fiabilidad, que los compromisos de desarme y no proliferación se cumplen realmente, cualquier avance normativo corre el riesgo de sostenerse sobre promesas que ninguna de las partes puede verificar ni, por tanto, confiar.
Este es el caso del
Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares, abierto a la firma en 1968 y concebido como un pacto por el que se podía superar este paradigma. Por un lado,
los Estados no poseedores de armas nucleares se comprometían a no fabricarlas ni adquirirlas, mientras que el Tratado reconoce el derecho de todas las partes al uso pacífico de la energía nuclear; por otro, las partes asumían la obligación jurídica de negociar de buena fe medidas efectivas relativas al desarme nuclear. En la actualidad, la obligación de desarme carece de una eficacia restrictiva real, mientras que la arquitectura del
régimen internacional de no proliferación afronta una erosión sin precedentes.
"En la actualidad, la obligación de desarme carece de una eficacia restrictiva real, mientras que la arquitectura del régimen internacional de no proliferación afronta una erosión sin precedentes"
El deterioro del marco regulatorio se constata en
la suspensión rusa de la aplicación del tratado New START en 2023 y su expiración el 5 de febrero de 2026, así como en la irrupción de
tecnologías emergentes como la
inteligencia artificial en los sistemas relacionados con el mando nuclear y la proliferación de
misiles hipersónicos, elementos que
plantean desafíos no plenamente cubiertos por los marcos de control existentes y tensionan las garantías de cooperación.
Es una paradoja.
Cuanto más inminente se percibe la amenaza a la seguridad nacional, menor es el incentivo para desarmarse por medio de un tratado. La teoría de los juegos aplicada al análisis del derecho internacional enseña que la paz no se sostiene sobre la buena voluntad ni sobre el miedo, sino sobre
la certeza garantizada de que el otro también cumple con lo pactado. Sin mecanismos institucionales de verificación independiente y con valor probatorio, cualquier avance normativo en materia de desarme se traduce en papel mojado.