Viernes, 25 de septiembre de 2026
ARMAS NUCLEARES

El juego nuclear: nadie quiere atacar, nadie puede dejar de prepararse

La jurista y experta en legislación sobre armamento nuclear Teresa Rangel aplica el dilema del prisionero a la carrera armamentística nuclear para explicar por qué los Estados mantienen sus arsenales incluso cuando la cooperación reduciría el riesgo para todos. La clave está en la capacidad de verificar los compromisos: "Sin mecanismos institucionales de verificación independiente y con valor probatorio, cualquier avance normativo en materia de desarme se traduce en papel mojado".

Teresa Rangel Suárez Teresa Rangel Suárez 25 de septiembre de 2026
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Lanzamiento de un misil estratégico desde un submarino nuclear de la Armada china, en julio de 2026. | Li Xiangchao / Xinhua News / Europa Press
Lanzamiento de un misil estratégico desde un submarino nuclear de la Armada china, en julio de 2026. | Li Xiangchao / Xinhua News / Europa Press
Dos sospechosos son interrogados por separado, sin posibilidad de hablar entre ellos. En este escenario se pueden dar varias posibilidades: si uno de ellos confiesa y su cómplice no, el primero queda libre y el segundo recibe la pena máxima; si ambos confiesan, los dos serán condenados a una pena intermedia. Y si ninguno de los dos confiesa, uno y otro serán condenados a una pena mínima. La lógica apunta a que, ante la ausencia de confianza mutua y aun siendo la cooperación la opción más idónea, lo racional es traicionar antes de ser traicionado. El dilema del prisionero ilustra la lógica que sostiene la carrera armamentística nuclear desde hace ochenta años.

"El dilema del prisionero ilustra la lógica que sostiene la carrera armamentística nuclear desde hace ochenta años"
Tras la Segunda Guerra Mundial y, más concretamente, tras la Guerra Fría, fueron múltiples los intentos de frenar la carrera armamentística nuclear frente al riesgo exponencial derivado del desarrollo tecnológico. Durante este periodo, Daniel Ellsberg, analista de defensa estadounidense y activista en materia de desarme, expuso en su obra The Doomsday Machine: Confessions of a Nuclear War Planner la distinción doctrinal entre First Strike y First Use.

El First Strike hace referencia a un intento de ataque a gran escala para desarmar previamente al oponente con armas nucleares. El objetivo principal es destruir bases aéreas, silos de misiles, bases de submarinos y centros de mando para anular o degradar su capacidad de respuesta. El First Use, en cambio, hace referencia a la decisión de introducir por primera vez las armas nucleares en un conflicto, ya sea para complementar una defensa no nuclear o revertir una operación militar en fracaso.

En la lectura de Ellsberg, esta distinción refleja una contradicción dentro de la propia doctrina de la disuasión basada en la represalia, ya que se contempla el First Strike como una opción real; esto es, se prioriza la traición frente a la cooperación. No por maldad, sino por lógica de supervivencia.

Trasladado al ámbito internacional, el dilema del prisionero adquiere unas dimensiones colosales y verdaderamente complejas. Jonathan Cave, en Introduction to Game Theory (1987), presenta el dilema mediante dos estrategias: cooperación (Helpful, H) o traición (Greedy, G).

Si ambos Estados deciden desarmarse (cooperación mutua), el resultado es el mejor posible: disminuye el riesgo global y reduce el gasto militar. En un segundo escenario, si un Estado decide modernizar su arsenal nuclear y preservar la opción de un First Strike (no coopera), mientras que el otro se desarma unilateralmente (coopera), el segundo queda en una posición de vulnerabilidad crítica, expuesto a un ataque decisivo. En el tercer escenario, si ambos deciden no desarmarse (no cooperan), se alcanza un equilibrio de subsistencia peor que la cooperación compartida, pero mejor que la indefensión unilateral.

El análisis de Cave demuestra que, en una sola interacción, la estrategia dominante para ambos actores es la traición. Sin embargo, en un marco de juego repetido indefinidamente, la cooperación resulta más plausible. No por generosidad, sino por el incentivo disuasorio de la represalia futura. Paradójicamente, esto revela un riesgo central en la arquitectura de la disuasión nuclear: cuanto mayor es la convicción de una escalada hacia el fin del mundo, menor es el incentivo de cooperar. La cooperación durante la Guerra Fría, por medio de acuerdos de reducción de arsenales como START I, no cristalizó en momentos de pánico, como la crisis de los misiles de Cuba, sino en periodos de distensión en los que ambas partes contemplaban un horizonte.

"Hay un riesgo central en la arquitectura de la disuasión nuclear: cuanto mayor es la convicción de una escalada hacia el fin del mundo, menor es el incentivo de cooperar"
Para que un acuerdo internacional resulte vinculante y efectivo, no basta con la buena voluntad, pues, sin incentivos reales, resulta mucho más conveniente romper lo pactado. Cave propone alterar la propia matriz de pagos introduciendo un coste adicional en caso de traición, lo que denomina "instituciones de rehenes". En el ámbito nuclear, la máxima expresión de esta garantía es la destrucción mutua asegurada (MAD), que el propio Cave cita como ejemplo. No obstante, el autor advierte de un riesgo sustancial que puede leerse hoy como una de las claves del debilitamiento del régimen de no proliferación y desarme: un sistema de rehenes funciona solo si estos son verificables como reales. Sin un mecanismo capaz de confirmar, con independencia y fiabilidad, que los compromisos de desarme y no proliferación se cumplen realmente, cualquier avance normativo corre el riesgo de sostenerse sobre promesas que ninguna de las partes puede verificar ni, por tanto, confiar.

Este es el caso del Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares, abierto a la firma en 1968 y concebido como un pacto por el que se podía superar este paradigma. Por un lado, los Estados no poseedores de armas nucleares se comprometían a no fabricarlas ni adquirirlas, mientras que el Tratado reconoce el derecho de todas las partes al uso pacífico de la energía nuclear; por otro, las partes asumían la obligación jurídica de negociar de buena fe medidas efectivas relativas al desarme nuclear. En la actualidad, la obligación de desarme carece de una eficacia restrictiva real, mientras que la arquitectura del régimen internacional de no proliferación afronta una erosión sin precedentes.

"En la actualidad, la obligación de desarme carece de una eficacia restrictiva real, mientras que la arquitectura del régimen internacional de no proliferación afronta una erosión sin precedentes"
El deterioro del marco regulatorio se constata en la suspensión rusa de la aplicación del tratado New START en 2023 y su expiración el 5 de febrero de 2026, así como en la irrupción de tecnologías emergentes como la inteligencia artificial en los sistemas relacionados con el mando nuclear y la proliferación de misiles hipersónicos, elementos que plantean desafíos no plenamente cubiertos por los marcos de control existentes y tensionan las garantías de cooperación.

Es una paradoja. Cuanto más inminente se percibe la amenaza a la seguridad nacional, menor es el incentivo para desarmarse por medio de un tratado. La teoría de los juegos aplicada al análisis del derecho internacional enseña que la paz no se sostiene sobre la buena voluntad ni sobre el miedo, sino sobre la certeza garantizada de que el otro también cumple con lo pactado. Sin mecanismos institucionales de verificación independiente y con valor probatorio, cualquier avance normativo en materia de desarme se traduce en papel mojado.
Teresa Rangel Suárez
Teresa Rangel Suárez
Jurista y especialista en regulación jurídica internacional de la amenaza y el uso de armas nucleares
Es graduada en Derecho por la Universidad de Sevilla y cursa el máster de Acceso a la Abogacía en la UNIR. Su investigación se centra en la regulación internacional del riesgo nuclear, el crimen de ecocidio y la responsabilidad penal internacional. Actualmente desarrolla un proyecto de tesis doctoral sobre mecanismos preventivos y sancionadores frente a la amenaza nuclear, basado en la cláusula Martens y el derecho de gentes.
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