
Gráfico. Destino de las exportaciones y origen de las importaciones de EE.UU. con diversos socios comerciales. 1992-2015
Fuente: The Economist
Entonces, si cada vez las relaciones con los países NAFTA y con China son más intensas, ¿por qué Trump ha insistido en abolir o reducir al máximo posible los intercambios con dichos países? Una primera hipótesis es que estas declaraciones fuesen fruto de una pura estrategia electoral, pero una vez al frente de la administración americana, Trump se viese en la necesidad de rebajar sus intenciones. Otra alternativa es que estos mensajes únicamente persigan un fin geopolítico. Esto es, pareciese que la nueva administración fuese a usar la política comercial no para favorecer la apertura de mercados y mejorar las relaciones con otros socios comerciales, sino como un instrumento de coacción.
Pretender renegociar tratados ya en vigor o no cerrar los que están en negociación, como el TPP o el TTIP, muestra que Trump quiere recurrir a la política comercial con la intención de que el resto de países cedan a las presiones de EE.UU. De este modo, Trump podría conseguir mejores condiciones en sus intercambios comerciales y favorecer con ello a su industria nacional. Lo que hace décadas podría tener sentido desde el punto de vista unilateral de una potencia económica, en el mundo actual este tipo de estrategias pueden generar problemas, primero dentro del propio sistema de instituciones multilaterales, y segundo, porque el resto de países pueden llevar a cabo represalias. Con el fin de analizar el impacto de la política comercial "trumpiana", el Peterson Institute for International Economics (PIIE) plantea varios escenarios a cada cuál más llamativo. En el caso de que optase por esta subida drástica y unilateral de los aranceles, cabría esperar que tanto China como Méjico aplicasen subidas de aranceles simétricas desencadenando con ello una guerra comercial en abierto, especialmente desde la contraparte china con mucha más influencia en el comercio internacional que Méjico. Se trataría de un ejemplo de libro de políticas que persiguen "empobrecer al vecino". Sus efectos a corto plazo serían bastante devastadores, no sólo para China o Méjico sino también para EE.UU., pudiéndose mantener incluso en el medio plazo. Esto generaría mucha incertidumbre internacional acerca de cómo evolucionaría la principal potencia económica mundial. Tal subida de aranceles dificultaría la llegada de bienes, lo que podría generar el desabastecimiento de las cadenas de producción en el propio país americano. Además, las cadenas de valor internacionales se verían truncadas, forzando a los productores chinos y mejicanos a buscar nuevos proveedores y clientes a los que comprar y vender sus bienes debido a que no podrían enviarlos fácilmente a los Estados Unidos. Por su parte, la economía americana entraría en un proceso inflacionario, pues tendría que suplir la escasez de productos provenientes del exterior a un precio menor, con bienes nacionales más caros y posiblemente de menor calidad. Es en este punto donde cabría esperar una intervención de la Reserva Federal americana a través de la cual subiría los tipos de interés con el objetivo de impedir la escalada de precios. Esto reduciría el nivel de actividad económica ahondando de nuevo en la crisis económica que el país estaría viviendo en ese momento. Es decir, paradójicamente Trump conseguiría el efecto contrario al pretendido gracias a la subida de aranceles. Las estimaciones manejadas por el PIIE para este escenario apuntan a que la tasa de desempleo rozaría el 8,6% en los siguientes cuatro años, mientras que el consumo y la inversión se reducirían en torno al 3% y el 9,5% respectivamente a partir de 2017. Es más, estos impactos tendrían efectos muy diferentes según la exposición que cada Estado de los Estados Unidos tuviese al comercio internacional. Así, el siguiente mapa muestra cómo sería el porcentaje de empleos perdidos en cada Estado (cuanto más oscuro es el color, mayor es la pérdida) de implementarse las medidas comerciales de Trump.Mapa. Porcentaje de pérdidas de empleo en el sector privado dentro de un escenario de guerra comercial
A excepción de Estados cuyo peso del comercio internacional es bastante reducido (Montana, Idaho, Wyoming, Nebraska y las Dakotas), Trump perjudicaría significativamente a los Estados cuyos votantes más le han apoyado en su cruzada personal (prácticamente todo el Midwest más Texas). Pero aún más preocupante, sería la fuerte sacudida que una política de este tipo tendría sobre las regiones más expuestas al comercio internacional y que resultan ser las más dinámicas económicamente, la Costa Oeste (California, Washington y Oregón) y parte de la Costa Este (Massachusetts y New York).
Otro escenario plausible ante la subida de aranceles propuesta por Trump sería que China, gracias a sus compromisos adquiridos con la Organización Mundial del Comercio, optase por no subir sus aranceles en la misma cuantía, pero sí practicase medidas que imposibilitasen de una manera "menos visible" la compra de productos provenientes de EE.UU. De este modo, China a través de sus empresas estatales podría decidir simplemente no comprar productos americanos, imponer cláusulas del tipo "Buy No America", denegar la venta de componentes claves para las cadenas de valor americanas, o incluso forzar que no se comprasen bonos de deuda pública del Tesoro americano. Cualquiera de estas decisiones perjudicaría no sólo a la economía americana a través del comercio y el desabastecimiento de sus procesos de producción, sino que podrían imposibilitar que EE.UU. se pudiese financiar correctamente en los mercados internacionales. Por último, cabría también la posibilidad que tanto China como el resto de países que sufrieran la subida de aranceles americana (Méjico y otros), decidiesen no hacer nada y asumiesen dentro de sus economías los efectos nocivos de la política comercial trumpiana. Dejo al lector que decida la probabilidad de que un escenario de este tipo pudiese tener lugar. Con todo y a la espera de ir conociendo las decisiones que llevará a cabo la nueva administración de los Estados Unidos, podemos intuir que los próximos años no serán muy prometedores en cuanto a la expansión del comercio internacional se refiere. Aunque la realidad pueda acabar frenando los instintos de Trump cabe preguntarse cómo hemos llegado a la situación en que uno de los países que más ha hecho por impulsar la integración a través del comercio y las inversiones, haya optado por dar un giro de 180 grados llegando a coincidir con posturas más propias del proteccionismo o, incluso en algunos puntos, semejantes a las críticas de los movimientos anti-globalización. De ser este el caso, quizás algo estemos haciendo mal.Recibe nuestro análisis diario en tu correo
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