Una economía maquillada

La economía suele engullirlo todo. Ciertamente suele ser el tema principal durante toda campaña electoral. Aunque en cierto modo también lo es antes y después. En este caso no va a ser menos. Así, ahora que entramos en una nueva campaña electoral, gran parte de los discursos de los candidatos y sus acólitos se centran en el ‘debe ser’ o en ‘el fue’. De este modo, en estas próximas semanas escucharemos varias versiones sobre cómo ha sido la legislatura y qué podemos hacer para cambiarla. O continuarla. Algunos la recordarán como la del cambio. Dirán que de nuevo, como ocurrió en el 96, tomaron el testigo de aquellos que dejaron al país en la más desastrosa de las situaciones, y lo arreglaron. Para otros, esta legislatura es la de la pérdida de derechos, la desigualdad y la de la recuperación injusta. La crisis para ellos no ha acabado, simplemente algunos salen, pero muchos quedan. Finalmente, para el resto, entre los que me incluyo, es la legislatura perdida.

Una síntesis de estas visiones da una imagen, que a mi entender, es lo que realmente ha ocurrido durante estos cuatro años. Es cierto que el ejecutivo de Rajoy se encontró un país desarmado y desalmado, hundido y prácticamente desahuciado. Sin embargo, y a pesar de las debilidades y los problemas que aún tenemos, España está hoy en una posición muy diferente a la de entonces. Algo hemos conseguido y se nota. Pero, y como dicen los otros, aquello que hemos conseguido ni ha sido para todos, ni con todos. La desigualdad ha crecido y la recuperación se hace a costa del bienestar de muchos. En concreto, el mercado de trabajo se recupera aunque mostrando su cara menos amable.

Es cierto que se han hecho cosas importantes, como la Reforma Laboral de 2012. Sin embargo, tanto ésta como por todo lo que no se ha hecho resulta claramente insuficiente. La reforma del mercado de trabajo se ha llevado a cabo sin atender muchos otros problemas del mismo y que igualmente era necesario ajustar. Se ha flexibilizado el despido mucho más que la contratación. No ha habido voluntad por resolver el problema de la dualidad y, por último, las políticas activas de empleo siguen ausentes.

Además, en el resto de las parcelas de la economía se han realizado simples maquillajes, no verdaderas reformas. Recordemos la reforma energética, o las pensiones o la fiscal. Pensaba a raíz de la situación de la empresa sevillana Abengoa, que España adolece de un mal gravísimo que impide nuestro desarrollo en los mismos términos que nuestros vecinos más ricos. Nuestro tejido productivo es altamente dependiente de las acciones gubernamentales. Lo ha sido, y por lo hecho en esta legislatura, lo va a ser. Las reformas de calado no llegan a estos ámbitos y esto claramente hay que apuntarlo en el debe de Rajoy.

En definitiva, España encara una nueva legislatura con las mismas alforjas con las que llegamos a la recesión allá en 2008. Ni siquiera ha habido un cambio ‘lampedusiano’, nada ha cambiado, y todo sigue igual. Encaramos el futuro con las mismas dudas y defectos que en anteriores momentos.

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