¿Una crisis de alcance civilizatorio?

Convencido de que nos enfrentamos al mayor reto que la humanidad ha tenido a lo largo de su historia y superadas en el ámbito científico, mal que le pese a Trump, las tesis negacionistas, se abre ahora un debate de extraordinaria importancia sobre qué hacer entre personas que podemos compartir el diagnóstico sobre la gravedad de la situación y, a la vez, diferir sobre cómo abordarla para evitar sus desenlaces más dramáticos. Me sumo al cruce de opiniones entre Florent Marcellesi y Pedro Fresco, con una decena de ideas complementarias a las expuestas. Ojalá que otras personas se sumen y enriquezcan un debate fundamental.

Una. Lo que afrontamos en el Antropoceno es un nuevo ciclo histórico determinado por el creciente desbordamiento de los límites biosféricos del planeta inducido por con la acción humana. Es decir, la crisis eco-social trata sobre un desafío que, más allá de sus expresiones concretas, tendría carácter de cambio histórico, con la complejidad y transversalidad que ello comporta.

Dos. En esa línea, el reputado informe de J. Rockstrom, ‘Planetary Boundaries’, del Centro de Resiliencia de la Universidad de Estocolmo, establece siete ciclos clave (apunta dos más, pero que aún no pueden evaluarse) y sus correspondientes líneas rojas para preservar la vida actual en la Tierra. De esos siete ciclos, sólo uno (el ozono estratosférico) se mantiene por debajo de los límites establecidos, tres (biodiversidad, carbono en la atmósfera y nitrógeno/fósforo) han desbordado tales límites y otros tres (agua dulce, acidificación y usos del suelo) evolucionan contradictoriamente. Es decir, según dicho estudio, nos enfrentamos a fuertes dinámicas de desbordamiento del sistema-Tierra, muy interdependientes y de enorme complejidad.

[Con la colaboración de Red Eléctrica de España]

Tres. Así, la cuestión del calentamiento global exige vincular, al menos, la energía, el clima y la economía y establecer sus relaciones recíprocas con la crisis de la biodiversidad (y otros subsistemas) que, a su vez, interactúa con la sobrexplotación de recursos y el deterioro de los bosques, el agua y el suelo, y con el exceso de carbono y fósforo como resultado de la expansión de una agricultura dopada de energía y química ajena a la vida natural… y así hasta el infinito, lo que plantea que una cosa es la indiscutible urgencia de luchar contra el cambio climático mediante la descarbonización de la economía y otra, que ello zanje una crisis global que, por ejemplo, es calificada desde la biodiversidad como la sexta extinción.

Cuatro.- La Universidad de Leeds elaboró en 2018 el reconocido informe ‘A Good life for all within planetary boundaries’ en el que, a partir del trabajo de K. Raworth, establece las interdependencias entre niveles de bienestar e impacto ecológico en 150 países. Y, tras constatar que en ninguno se resuelve satisfactoriamente esa relación (es tanto peor cuanto mayores son los niveles de bienestar), concluye que esa deseable compatibilidad no parece que pueda alcanzarse bajo los paradigmas socio-económicos actuales.

Cinco.- Así pues, de lo que se trata es de reducir el impacto ecológico generado en múltiples campos por la acción humana. Ello requiere tener claro si la innovación tecnológica en la oferta (por ejemplo, a través de las energías renovables) permitiría seguir creciendo en términos económicos y de consumo y, a la vez, darle la vuelta al proceso de desbordamiento y destrucción. Sin duda es la posición dominante, pero también existen múltiples testimonios que apuntan lo contrario e indican que se precisan medidas de mayor calado para reconducir tales procesos. Así lo manifiesta el informe del Club de Roma ‘Come on’ (2019) cuando recuerda que la reducción de las emisiones de carbono a cero a mediados de siglo requeriría, como mínimo, una reducción anual del 7% acumulativo, cuando ningún país ha conseguido recortes superiores al 1,5%.

Así lo reiteraba, ya en 2015, la propia Agencia Europea de Medio Ambiente cuando, en el informe ‘El medio ambiente en Europa’afirmaba que “un análisis de conjunto denota que ni las políticas medioambientales ni la mejora en la eficiencia a través de la tecnología bastan para lograr la Visión de 2050. Vivir bien sin rebasar los límites ecológicos requiere transiciones fundamentales en los sistemas de producción y consumo, los responsables últimos de las presiones medioambientales y climáticas. La propia naturaleza de estas transiciones hará necesarios cambios de gran calado en las instituciones, las prácticas, las tecnologías, las políticas, los estilos de vida y el pensamiento predominante”.

Seis.- ¿No será que, más allá de las necesarias aportaciones tecnológicas, lo que está emergiendo es la transición a un nuevo ciclo histórico en el que las lógicas del crecimiento ilimitado de acumulación de capital y de consumo habrían de dar paso, en el mejor de los casos, a un nuevo paradigma histórico que pusiera en el centro de todo la preservación de la vida? Porque, en caso contrario, en una hipótesis de cambio fallido, la situación podría derivar hacia una crisis civilizatoria y en la desestabilización del orden inaugurado con la modernidad.

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Siete.- Porque no debemos ignorar que en la historia abundan las crisis civilizatorias y que, más allá de la diversidad de factores que las provocaron, puede decirse que tuvieron lugar en sociedades relativamente complejas que, en un momento dado, fracasaron frente a desafíos que terminaron por desestabilizar los propios sistemas que las sustentaban. Y, hoy puede decirse, con apoyo científico, que esa hipótesis está abierta y que su progresión va a depender de la capacidad de la sociedad de hacerle frente con la decisión necesaria. Eludamos llamar catastrofista a quienes anticipan desafíos y demandan actuaciones a la medida, porque tal vez lo que sea realmente catastrófico sea negarse a aceptar la dimensión de los retos y a actuar en consecuencia.

Ocho.- Así, adquiere todo su sentido la exigencia de los jóvenes compañeros de Greta Thunberg en Fridays for Future cuando exigen declaraciones de emergencia climática y, sobre todo, la adopción de las medidas correspondientes, mientras que las elites gobernantes y fácticas se enzarzan en disputas, incapaces de afrontar el riesgo cierto de crisis existencial que se cierne sobre la humanidad. ¿Quiénes son más irresponsables? ¿Greta y los suyos o los gobernantes que no consiguen hacer posible lo que es imprescindible?

Nueve.- En todo caso, lo que sí es cierto es que el principal escollo para el despliegue de una respuesta contundente a la crisis eco-social tiene que ver con el profundo arraigo de los imaginarios sociales vigentes, instalados en parámetros socio-culturales basados en la acumulación de bienes materiales como el máximo exponente del éxito personal y social. Y por eso es tan importante la rebelión de los jóvenes frente a una sociedad que, tan irresponsablemente, les puede legar un mundo plagado de conflictos dramáticos.

Diez.- En el Foro Transiciones le damos la máxima importancia a la necesidad de debatir sobre estos asuntos con todos aquellos con los que coincidimos en querer evitar sufrimientos a nuestros hijos/as y nietos/as. Porque, sin duda, los tiempos por venir serán difíciles, pero también tendrán en su seno las semillas de un futuro en el que las renuncias a formas de vida que sólo podrían mantener minorías dispuestas a forzar estados de indigencia existencial sobre amplios sectores de la población, abran las puertas a otros sentidos de vida más humanos, solidarios y satisfactorios en los que seamos capaces de alumbrar proyectos más sencillos, saludables, ricos de espíritu y compatibles con la naturaleza y la vida.

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