Un nuevo estilo de noche electoral europea

A medida que se van procesando los datos sobre los resultados de las elecciones al Parlamento Europeo de los 28 estados miembros, vamos recordando que las elecciones europeas son un producto de elecciones nacionales diferentes y segmentadas. Dos ejemplos: la extrema derecha avanza en Italia, pero se resiente en Austria; y, en segundo lugar, parece que, en algunos países, esta elección podría suponer el abandono de la lógica de las elecciones de segundo orden que ha afectado tradicionalmente a las europeas, mientras que en otros países podría seguir vigente. En consecuencia, la construcción de lo que llamamos resultados de las elecciones europeas es el producto de un esfuerzo interpretativo que comienza la noche de los comicios. El que aquí se pretende hacer se centra en diferentes cuestiones, pero una primera novedad importante es que puede que la campaña haya sido significativa en cada una de las elecciones

Para empezar, ésta ha sido la noche electoral más exitosa para el Parlamento en términos de participación, dado que revierte la tendencia descendente de los últimos 40 años y cuenta con la afluencia más alta desde 1999. Además, este incremento va acompañado de un progreso moderado de los críticos con la integración europea que, cada vez más, se abstienen de impugnar el proyecto europeo en cuanto tal, es decir, a la propia entidad política. Sin duda, esto hará que el nuevo Parlamento sea más representativo y, por tanto, mucho más legítimo. Habrá mucho debate sobre a qué o quién se debe atribuir esto –a la campaña paneuropea, a una mayor atención mediática o a la mera coincidencia de varias elecciones en la mayoría de los países–, pero el hecho es que el Parlamento tendrá mucho que celebrar.  

Una vez dicho esto, puede que sea demasiado pronto para anunciar una nueva era en la política europea. El aumento en la participación podría sugerir que las elecciones europeas ya no son de segundo orden. Sin embargo, también parece que los ciudadanos utilizaron la convocatoria de ayer para castigar a sus gobiernos nacionales en Reino Unido, Países Bajos, Alemania y, especialmente, Francia; y castigar a los gobiernos nacionales es un elemento tradicional de las elecciones de segundo orden. No obstante, mirando más atentamente al panorama francés, no parece que hayan sido de este tipo, dado que el presidente Macron ha hecho de la Unión Europea el asunto principal de su fuerza política y, por definición, la principal oposición a la extrema derecha y a la extrema izquierda. Parece que la política nacional y la europea, en algunos países, se están fusionando cada vez más.

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En segundo lugar, los resultados y la campaña confirman que el futuro de la Unión Europea estará más politizado, pero no hay un solo eje de polarización. La muy enfatizada oposición entre los partidos pro-Europa y los eurófobos constituye solo una de las dinámicas. La preocupación por una ola populista ha sido considerablemente exagerada –obviando que su aumento repentino tuvo lugar en 2014–, pero exitosa en la movilización de los votantes. Y no ha favorecido a los partidos tradicionales (‘populares’ y socialdemócratas), sino más bien a los liberales de Alde y a los Verdes. Esto sugiere que la campaña ha planteado cuestiones en las que los partidos convencionales son menos competitivos. Hemos recuperado las conversaciones de Twitter que tuvieron lugar antes y después del debate televisivo entre los principales candidatos y parece que la principal preocupación de los usuarios no es la inmigración sino el cambio climático. Aunque sabemos que las conversaciones en Twitter no son representativas de las inquietudes generales de los votantes, actúan como una cámara de eco de la campaña paneuropea diferenciada. 

En tercer lugar, es demasiado pronto para afirmar cuál será el efecto en las luchas institucionales, incluida la composición de los grupos. Varias batallas están a punto de empezar a construir las nuevas líneas ideológicas de escisión o cleavages (para saber más sobre los dominantes en el Parlamento europeo, ver este excelente estudio del Instituto Delors). ¿Intentará el Partido Popular Europeo liderar una coalición pro-Europa más diversa, aunque sea a costa de romper sus lazos con Orbán? ¿Podría el grupo socialdemócrata forjar una coalición de Tsipras a Macron, en palabras de Timmermans? ¿Tendría éxito la creación, por parte de Alde, de un espacio intermedio entre el spitzenkandidaten y la lógica intergubernamental, promoviendo al mismo tiempo que uno de los miembros de su equipo pueda reunir una mayoría en el Consejo?

Finalmente, los estudiosos de la política europea saben que, pase lo que pase con la designación del presidente de la Comisión, las lógicas de oposición y coalición serán diferentes durante la legislatura. La composición y el programa de la nueva Comisión sólo reflejará parcialmente el resultado de las elecciones, dado que los comisarios son designados por los estados –incluidos Italia, Hungría y Polonia–, y su programa estará condicionado por una agenda fuertemente influida por el Consejo Europeo.

En cambio, habrá dos lógicas de aplicación en el Parlamento. En primer lugar, las mayorías y las minorías serán definidas tema por tema. En función de la combinación entre las agendas nacionales, los programas políticos de los partidos y la alineación de los grupos de interés, puede haber una mayoría para desarrollar una agenda ambiciosa en algunos sectores, pero no en otros.

En segundo lugar, los europarlamentarios han sido firmes en la defensa de su institución en las luchas de poder con el Consejo y la Comisión, y eso es poco probable que cambie. Así pues, más que una lógica de Gobierno-oposición, lo que puede que veamos es la consolidación de una amplia mayoría pro-europea en asuntos inter-institucionales que vaya desde los liberales y verdes, que han salido reforzados, hasta los ‘populares’ y socialdemócratas, partidos de corte tradicional. Esto puede generar dos efectos: que el Parlamento, y no la Comisión, se convierta en la institución más pro-europea de la Unión; y que se creen tensiones dentro de las familias políticas existentes, de tal forma que haya incentivos para construir nuevos alineamientos partidistas. 

Será necesario elaborar más análisis en los días venideros para entender las razones del voto y el efecto que han tenido la campaña, así como para predecir las nuevas dinámicas que se producirán dentro del Parlamento y en las relaciones interinstitucionales. Pero ya sabemos que, en los siguientes meses, la política europea va a ser de todo menos aburrida

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