¿Un Gobierno liderado por Scholz supondrá cambios en la política económica?

Contra todo pronóstico, las conversaciones sobre la coalición alemana avanzan más rápido de lo esperado, y el discurso de Navidad de la canciller de este año podría ser pronunciado por alguien que no sea la veterana y estoica Mutti de Alemania (y de la UE). Tras coordinarse entre ellos, el FDP (pro-mercado aunque a veces euro-crítico), y los Verdes alemanes han iniciado conversaciones con el pragmático socialdemócrata Olaf Scholz, cuya rápida remontada tras perder las primarias de su partido a el probable heredero de Angela Merkel sería objeto de telefilmes en el mundo anglosajón. Finalmente, el viernes pasado, los tres partidos publicaron conjuntamente un documento de 12 páginas que servirá de base para las negociaciones, una especie de preacuerdo que allana el camino hacia una coalición. Así, ante la creciente probabilidad de que Scholz no sólo tome las riendas de la Cancillería, sino que lo haga antes de lo previsto, merece la pena examinar lo que supondría tener a este antiguo alcalde de Hamburgo como líder de la mayor economía europea.

A lo largo de su campaña, Scholz se presentó como el candidato de la continuidad, reclamando el lugar de Merkel con mensajes explícitos como «está preparado para ser la señora canciller» (Er kann Kanzlerin). También se le percibe generalmente como un europeo convencido, más cercano a las ambiciones de Francia en la eurozona que cualquier otro político alemán de primer nivel. Como ministro de Finanzas durante la pandemia, no sólo capitaneó la respuesta expansiva de Alemania (conocida coloquialmente como el bazooka alemán), sino que también impulsó a su Gobierno por la senda de una mayor integración fiscal en Europa que culminó con la propuesta franco-alemana y, posteriormente, con el fondo de recuperación de la UE. Ya en 2019, él y su aliado formado en Chicago y Goldman Sachs, Jörg Kukies, secretario de Estado dentro de su Ministerio, se desmarcaron de la larga ambigüedad del Gobierno alemán con ambiciosas propuestas de reforma de la unión bancaria. Éstas incluían el apoyo a un sistema común de seguro de depósitos e introducía la idea de una cartera segura de productos de deuda soberana. Esto último podría haber sentado las bases de un producto estructurado de bonos soberanos de los distintos estados miembros como activo seguro sintético, una idea muy novedosa en aquel momento (que perdió relevancia con la emisión de deuda común de la UE para financiar el fondo de recuperación).

La política económica de Scholz no sólo será clave para la recuperación de Alemania, sino también para la de toda la eurozona. El carácter temporal y excepcional del fondo de recuperación y de la emisión común europea es visto por muchos como un primer paso hacia una mayor integración fiscal de la UE, y los próximos años pueden ser decisivos en este sentido. Al mismo tiempo, tenemos pendiente una reforma de las normas fiscales europeas, antes de que venza su suspensión a causa de la pandemia. Nos hace falta tener un debate serio sobre la estructura fiscal de la UE, y Scholz estará probablemente al frente de su mayor contribuyente neto. A nivel doméstico, la economía germana se benefició de una generosa respuesta a la pandemia, pero aún quedan importantes debates sobre la política fiscal, el freno de la deuda y muchas otras cuestiones económicas fundamentales. En este contexto es importante, en primer lugar, advertir contra el exceso de optimismo: el inmovilismo político caracteriza la política alemana y Scholz (de tener éxito) presidirá una coalición (‘semaforizada’ o no) de partidos con puntos de vista bastante divergentes en lo que respecta a la política económica. Teniendo esto en cuenta, hay un par de elementos que hay que considerar y que pueden apuntar a un cierto alejamiento de la época anterior y proporcionar algunas pistas sobre su futura política económica.

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En el frente doméstico, y a pesar de insistir en el mensaje de continuidad, los socialdemócratas hicieron campaña con ciertas propuestas que marcan un cambio respecto a los años de Merkel. En particular, la necesidad de acometer grandes inversiones para actualizar las infraestructuras alemanas ha desempeñado un papel central en la campaña del SPD. Alemania, a pesar de haber disfrutado de un crecimiento estable aunque tibio durante las dos últimas décadas, ha sido incapaz de modernizar sus infraestructuras, hasta el punto de que éstas se presentan a menudo como un obstáculo para un mayor crecimiento y desarrollo. De hecho, la sub-inversión crónica es un problema germano que viene de lejos y que, desde hace muchos años, la Comisión ha destacado en sus recomendaciones específicas para cada país. Los socialdemócratas han destacado esta necesidad de inversión.

El SPD también reclama un salario mínimo de 12 euros, pensiones estables y la construcción de 400.000 viviendas al año. Bajo el lema del respeto y algunas promesas que suponen una vuelta a la socialdemocracia de toda la vida, Scholz ha conseguido mantener un delicado equilibrio entre los votantes socialdemócratas tradicionales y los partidarios más jóvenes y urbanitas que estaban perdiendo en favor de los verdes. El documento conjunto publicado el pasado viernes ofrece algunas pistas en este sentido: pide un notable aumento de la inversión pública y privada, busca modernizar la economía y la burocracia estatal y una «aceleración drástica» del gasto en energías renovables. Los tres partidos destacan, además, la necesidad de que Europa salga de la crisis actual, y elogian la probada flexibilidad del Pacto de Estabilidad y Crecimiento (PEC).

Sin embargo, lo más importante es quizás la posición de sus futuros socios de coalición. El FDP aceptó de buen grado una negociación en forma de semáforo, aunque una coalición jamaicana con los democristianos sea más natural para sus posiciones políticas, así como algunas de las centrales del SPD y de los Verdes, como se refleja en su reciente documento conjunto (aumento del salario mínimo, gran incremento de la inversión pública en energías renovables, etc.). Pedirán importantes concesiones a cambio de apoyar a Scholz. En los últimos años, el partido de Christian Lindner ha sido crítico con la percepción de la laxitud de la eurozona (y del BCE) y no eran grandes admiradores de la emisión común europea. Su ortodoxia general se extiende a las cuestiones económicas internas, son firmes defensores del freno de la deuda y querrían limitar el gasto social, reducir los impuestos de sociedades y oponerse a un impuesto sobre el patrimonio o a la subida del impuesto de sucesiones. Lindner no ha ocultado su interés por el Ministerio de Finanzas (y por los económicos en general) y, dado que han cedido a las negociaciones con un socio poco preferente, es probable que lo consigan. Lindner, como ministro de Finanzas, sería mucho más hostil que Scholz (o incluso que Merkel) a la ampliación de la emisión común de la UE o a un instrumento más permanente similar al fondo de recuperación.

Dicho esto, su papel no está garantizado ya que Robert Habeck, co-líder de los Verdes (que sería el segundo mayor partido de la coalición, por delante del FDP) también compite por el Ministerio de Finanzas. Sus posibilidades de éxito (que parecen escasas) dependen no sólo de la influencia del FDP, sino también de su poder dentro del propio partido, tras los decepcionantes resultados electorales de la co-líder y candidata Annalena Baerbock. Incluso si los Verdes pierden Finanzas, se espera que presidan un Ministerio verde ampliado que puede absorber algunas de las competencias que tradicionalmente han tenido otros ministerios económicos.

Por último, en el improbable caso de que el acuerdo fracase, sigue siendo posible una gran coalición con los democristianos (al menos más que un Gobierno Jamaica dirigido por estos últimos). En ese caso, el Ministerio de Finanzas acabaría probablemente en manos de la CDU/CSU, pero se espera que siga desplazándose hacia la derecha tras la derrota electoral y, por tanto, no necesariamente comparta la postura de Merkel.

Aunque puede que Scholz dé el discurso de Navidad de este año, quedan muchas opciones para un futuro Gobierno liderado por el SPD y quizá especialmente en el frente económico. Sin embargo, a pesar de algunas propuestas innovadoras, el socialdemócrata sigue siendo el candidato de la continuidad, y su camino más seguro hacia la Cancillería se apoya en el ortodoxo FDP. Por lo tanto, si hay algo con lo que podemos contar es con no esperar que cambie mucho.

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