Todo es posible en la Alemania pos-Merkel

Las elecciones regionales celebradas en los estados de Baden-Wurtemberg y Renania-Palatinado depararon pocas sorpresas, pero consolidaron las tendencias que vive la política alemana en los últimos meses. Ganaron los Verdes, que arrasaron en Baden y crecieron en Renania; se estancaron los socialdemócratas (SPD), que retuvieron la Presidencia renana pero quedaron quintos en Baden; y se hundió la CDU de Armin Laschet, salpicada por un reciente escándalo de corrupción e incapaz de dar con la tecla política en la era pos-Merkel. 

Pese a que no habrá cambio de Gobierno en ninguno de los Länder, las regionales pueden haber supuesto un punto de inflexión en el debate político alemán: por primera vez en años, se plantea la posibilidad de una ‘coalición semáforo’ en las elecciones federales de septiembre, liderada por los Verdes e incluyendo al SPD y a los liberales. Asimismo, la derrota de la CDU, en su primera noche electoral tras la elección de Laschet, puede condicionar la candidatura democristiana en septiembre.

Los Verdes arrollan

Por tercera legislatura consecutiva, Los Verdes gobernarán Baden-Wurtemberg, un Estado gobernado por la CDU entre 1958 y 2010: el popular presidente regional, Winifried Kretschmann, apodado como el Merkel Verde, mejoró su resultado de 2016, pasando de 30,3% a 32,6%, y podrá elegir si repetir Gobierno con los conservadores o negociar uno nuevo con SPD y liberales. En Renania, donde la formación verde formaba parte de una coalición semáforo liderada por el SPD, han sido el único miembro de la coalición en mejorar su resultado (pasando de 5,3.% a 9,3%), frente a las pérdidas mínimas de socialdemócratas (-0,5) y liberales (-0,7). Es previsible que se mantengan en un nuevo Gobierno semáforo, pasando los Verdes a ser su segunda fuerza.

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Los resultados son una nueva demonstración de fuerza, que consolida al partido como única alternativa a la CDU de cara a los comicios federales. A falta de elegir su candidato –Los Verdes tienen dos presidentes, Annalena Baerbock y Robert Habeck–, los ecologistas no sólo han arrebatado el liderazgo de la izquierda al SPD, también la logrado disputarle el centro (e incluso el centro-derecha) a una CDU en la que, pese a su ventaja en las encuestas nacionales (32% frente a 18%, según ‘Politico’), cunde el nerviosismo.

Un ‘síndrome Schulz’?

El gran perdedor de la noche es, sin lugar a dudas, la CDU, que puede verse fuera del Gobierno en Baden-Wurtemberg y repetirá en la oposición renana. El resultado es especialmente desolador en Baden, un feudo histórico de los democristianos, en el que han sido primera fuerza en 15 elecciones y sumado 20 años de mayorías absolutas. Más importantes, sin embargo, son las posibles consecuencias a nivel federal.

En parte, la derrota de anoche se puede achacar a los escándalos de corrupción que han salpicado al partido en las últimas semanas, los cuales supusieron la dimisión de varios diputados federales tras publicarse que, en lo peor de la pandemia, se habían lucrado mediante la adjudicación de contratos para la venta de mascarillas. Sin embargo, la magnitud del batacazo electoral no puede reducirse a estos casos de corrupción: desde hace meses, la CDU da unas señales de fatiga que apuntan a problemas estructurales más graves

Por una parte, ha pasado factura la gestión de la segunda ola de la pandemia, así como de la campaña de vacunación. Una encuesta publicada a principios de mes mostraba los índices de valoración del Ejecutivo más bajos desde abril de 2020, y la figura del ministro de Sanidad, Jens Spahn, que también ejerce de vicepresidente de la CDU, ha quedado especialmente en entredicho. 

Por otro lado, el partido no ha encontrado un discurso político que pueda suplir la pérdida de Angela Merkel, su principal activo electoral. Pese a que la AfD parece haber alcanzado su techo electoral, y con ello se ha reducido el riesgo de un trasvase masivo de votos a la derecha, el auge de los Verdes supone una amenaza muy seria. Estos últimos, descritos por el politólogo Jan-Werner Müller como un partido «liberal con un chic radical», se nutren, en gran medida, de votantes de clase media, de funcionarios públicos, y de profesionales liberales –(el electorado predominante en Baden-Wurtemberg), pero también uno que tradicionalmente se había decantado por los democristianos. 

La derrota del domingo también supone un duro golpe para el recién elegido Armin Laschet. Robert Roßmann, periodista de la Süddeutsche Zeitung, se pregunta si se puede hablar de un efecto Martin Schulz, el candidato socialdemócrata en las federales de 2017. Tras un inicio arrollador en las encuestas, añade Roßmann, Schulz afrontó el año electoral con dos elecciones cruciales en Westfalia del Norte y Schleswig-Holstein. Pese a las expectativas generadas por el efecto Schulz, el SPD perdió ambas elecciones (en Westfalia, contra el propio Laschet), se desinfló en las encuestas y su campaña electoral se convirtió en un penoso via crucis.

Todavía es pronto para evaluar su alcance, pero la derrota del domingo, similarmente dolorosa para Laschet, puede condicionar la candidatura democristiana en septiembre. Gran parte dependerá del análisis interno que haga el partido y de los cálculos políticos del conservador bávaro Marcus Söder, el elefante en la habitación en las tertulias pos-electorales del domingo. Pese a su insistencia, a lo largo del lunes, de que el liderazgo de Laschet no está en entredicho, algunas voces dentro del partido se plantean la necesidad de un político más carismático que pueda hacer de revulsivo

Nada indica, sin embargo, que Markus Söder sea garantía de éxito. Los precedentes históricos, explica la socióloga Saskia Richter, juegan en su contra: tanto en 1980 como en 2002, cuando la coalición CDU/CSU optó por un candidato bávaro, perdió. En gran medida, ello se debe al posicionamiento de la propia CSU, más conservadora que la CDU y vista con recelo por gran parte del electorado alemán. Por otra parte, un Söder que quiera ganar unas elecciones federales necesitará una CDU mucho más fuerte. Urge, por lo tanto, un análisis más detallado, que analice las causas de fondo de las derrotas del domingo.

La ‘coalición semáforo’ 

¿Qué ha cambiado para que, por primera vez en años, la CDU tema no sólo perder la Cancillería, sino quedarse fuera del Gobierno federal? Por una parte, la consolidación de los Verdes, descrita anteriormente, como Volkspartei (partido de Estado) a nivel nacional. Por otro, el crecimiento de unos liberales con los que poca gente contaba: como indicaba su presidente, Christian Lindner, los resultados del domingo suponen una recompensa por su oposición durante la pandemia, les da un mayor peso político y les permitirá gobernar en ambos estados. Si el partido es capaz de mantener el impulso electoral, se abren las puertas a una eventual coalición semáforo, inédita a nivel federal. 

Sin embargo, no será fácil: el partido pagó cara su ruptura de las negociaciones con democristianos y verdes tras las elecciones de 2017, y debe recuperar, escribe Daniel Brössler, la imagen de partido de Gobierno. Es probable, además, que su liberalismo económico, mucho más acentuado que hace unos años, le genere problemas, tanto a la hora de acercarse a un electorado más progresista como a la hora de justificar pactos federales con la izquierda con su base más conservadora.

Para el SPD, el tercer miembro de la coalición semáforo, la noche electoral fue extraña: la popular Malu Dreyer mantuvo la Presidencia de Renania, mientras en Baden-Wurtemberg apenas alcanzó el 11% de los votos. Podría entrar en ambos gobiernos, pero las sensaciones que transmite son de un techo electoral cada vez más bajo, y resulta imposible imaginar que pueda disputarle la Cancillería a la CDU. Como indicaba un conocido humorista alemán a lo largo del escrutinio, todo parece indicar que el vice-canciller y ministro de Finanzas, Olaf Scholz, candidato socialdemócrata en septiembre, deberá conformarse con repetir como ministro de un canciller verde.

Las elecciones regionales, por lo tanto, dejan un panorama político más abierto que nunca: ganan Los Verdes, que dan un golpe sobre la mesa; suben los liberales, que podrían tener la llave del próximo Gobierno; se estancan los socialdemócratas; y pierde la CDU, que podría concurrir a las elecciones federales con el bávaro Söder, más conservador y populista que Laschet. Por primera vez en 15 años, una coalición de centro-izquierda puede sacar a la CDU del Gobierno. Y como celebraba el periodista Joachim Käppner, por primera vez en años la AfD no dominó las tertulias televisivas. Todo es posible, en otras palabras, en la Alemania pos-Merkel. 

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