Tiempo perdido

Marcel es el nombre del protagonista de la obra casi autobiográfica de Proust “A la sombra de las muchachas en flor”, segundo libro de la monumental “En busca del tiempo perdido”. En Balbec, ciudad imaginada por el autor, Marcel vive experiencias vitales, luminosas, no planeadas. Estas tentaciones mundanas hacen del protagonista un ser humano reconocible que olvida cuáles son los objetivos que había diseñado para su vida, para dejarla llevar por otros caminos no planificados.

Haciendo metáfora, el Gobierno español, al igual que Marcel, se ha desviado del objetivo planeado, aquél que convino con la Comisión Europea, y que suponía dejar el déficit público para 2015 en el 4,2 % del PIB, tres décimas menos de lo que se estima será finalmente. Es cierto que una desviación de tres décimas (algo más de tres mil millones de euros) no es excesiva, sino más bien al contrario. Sin embargo, lo relevante del asunto, y por ello la llamada de atención de la Comisión, no es tanto por el cuánto de la desviación, sino por el cómo y el porqué de la misma.

Y es que empezamos a comprender, algunos lo hicimos antes que otros, que nuestro gobierno ha perdido un tiempo precioso. Como en muchas otras cosas, el ejecutivo de Rajoy ha preferido no hacer nada a la espera de que esta actitud sería finalmente compensada por la mejora de la situación económica. Jugada maestra: esperemos a diciembre de 2015, esperemos a que el ciclo nos traiga la solución, regalemos caramelos electoralistas a nuestro ciudadanos, y después ya se verá. Jugada maestra excepto por un simple detalle: no ha salido la carta que esperaban. Y esto es así porque aunque es cierto que con viento de cola la recuperación es un hecho, esta no ha sido lo suficientemente “potente” como para premiar la inacción gubernamental en temas de ingresos y gastos fiscales.

En realidad, la inacción no es una palabra precisa pera definir la actitud del Gobierno. En el centro del debate sobre estas tres décimas están tanto la reforma del IRPF como la incapacidad de la Seguridad Social para incrementar sus recursos al ritmo marcado por el aumento del número de cotizantes. Ambas razones, de un modo u otro, se explican por las políticas aplicadas por el gobierno central. Así, a los casi cuatro mil millones de merma en los ingresos del IRPF motivados por su reforma, hay que sumar la sobre-estimación de los ingresos de la Seguridad Social, y que para este año alcanzará aproximadamente los nueve mil millones de euros (entre 0,8 y 0,9 % del PIB). Por lo tanto, IRPF y cotizaciones explican, solo ellos, una desviación en los ingresos estimados para todo el año de al menos 1,1 ó 1,2 % del PIB. Excesivo para un déficit proyectado del 4,2 %. Sólo las tasas, cuyos ingresos compensan al menos 0,9 puntos, ayudan a corregir tal desviación negativa.

Y da la sensación de que estamos quemando etapas muy rápidamente. El crecimiento económico, aunque momentáneamente consolidado, no va a ser tan intenso en los próximos trimestres, en gran parte por la debilidad que muestra el crecimiento mundial en esta segunda mitad de año. Para el tercero de 2015 se esperan dos décimas menos de crecimiento que en el segundo trimestre. Para el cuarto, cuatro décimas. Esto deja poco margen de mejora en las tasas de crecimiento de los ingresos fiscales. Tan sólo el fin de las bonificaciones en las cuotas de la Seguridad Social podrían compensar esta debilidad, siempre y cuando no tengan un efecto significativo en el ritmo de creación de empleo. En este caso, quien acceda a la presidencia a primeros de año tendrá que realizar ajustes en estos apartados: o revocación de la última reforma fiscal de junio, o encontrar impuestos o tasas que puedan suplir lo que el IRPF ha dejado en el camino y las cotizaciones han perdido.

Por el lado del gasto, en cambio, las pensiones siguen su camino ascendente, algo que no debe sorprendernos dado la fuerte inercia que define esta partida. Los ajustes realizados hace solo un año no han servido para mucho, y cuando todavía no está seca la tinta del BOE que publicó la reforma, ya hay quienes proclaman la necesidad de una nueva. Sin embargo, a las malas noticas que llegan desde la Seguridad Social, los pagos por desempleo y por el servicio de la deuda han venido a compensar en parte el desastre en la estimación de las cotizaciones y gastos de esta administración.

A mi entender, hay otros dos problemas que aparecen en el horizonte. En primer lugar la incapacidad de ajustar los déficits de las CCAA sin provocar a cambio airadas protestas e incluso amenazas de insumisión, cuando no independencia. ¡Hasta Madrid se ha acogido al FLA! En segundo lugar, la más que probable subida de tipos de Yellen, y que aunque no tiene por que ser replicada por Dragui, sí abriría una nueva etapa que pondrían las cosas más complicadas a los presupuestos de aquellos países que como España, poseen una deuda ya elevada, haciendo cada vez más irremediable la búsqueda de superavits primarios.

Quien se calce los zapatos presidenciales a partir del nuevo año deberá afrontar estos y muchos más retos. El año nuevo traerá irremediablemente ajustes que nos harán olvidar “nuestro” Balbec. Esperemos, al menos, que el tiempo perdido no sea recordado como aquél en el que tuvimos que hacer, no lo hicimos, y por ello, nos arrepentimos.

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