¿Sorpresas en el ‘superdomingo’ andino?

El 11 de abril se pusieron las urnas en tres países latinoamericanos. En Ecuador, para la segunda vuelta presidencial; en Perú, para las elecciones presidenciales, legislativas y para el Parlamento andino; y en Bolivia, para la segunda vuelta en cuatro departamentos. En el primer país mencionado perdió el candidato del ex presidente Rafael Correa; en Perú, Pedro Castillo (Perú Libre) y Keiko Fujimori (Fuerza Popular) pasan a balotaje. En Bolivia el MAS perdió en los cuatro departamentos en disputa. ¿Fue inesperado? ¿Qué novedades y qué escenarios inauguran estos resultados? 

Ecuador: “Sinceramente creía que ganábamos”

En Ecuador el banquero Guillermo Lasso (Creo) se impuso cómodamente sobre el candidato del correísmo, Andrés Arauz (Unes), por un 52,4% contra el 47,6% de votos. Frente a los temores de muchos analistas que alertaban sobre los riesgos de un triunfo ajustado, factible considerando las controversias generadas en los procesos electorales recientes, la diferencia de cuatro puntos y la elevada participación (80,9% en la primera vuelta, 81,7% en la segunda) disiparon todas las dudas; hasta las del ex presidente Correa, que se apuró a reconocer la derrota desde su cuenta de Twitter:

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El sistema de partidos, más que transformarse en algo nuevo, parece recuperar las dinámicas previas a la hegemonía de Alianza País. Un dato sorprendente es el porcentaje histórico de votos nulos y blancos (17,9%). ¿Cabe entenderlo como un voto de desafección o como apoyo a Yaku Pérez, el tercero en la primera vuelta y que no aceptó quedar fuera de la contienda?  Para Flavia Freidenberg, que coordinó el seguimiento de la jornada electoral desde el Observatorio de Reformas Políticas, «éste es el mayor porcentaje de voto nulo (16,2%) desde el retorno a la democracia. Ese dato nos dice que una parte de la población expresó un voto de rechazo: rechazó a Lasso, a Arauz, y también una manifestación de hartazgo contra la clase política en general y la dinámica política. Como son votos agregados, no podemos saber cuántos correspondieron a cada grupo. La diferencia con otros procesos es que, en esta ocasión, hubo un actor político que movilizó y pidió expresamente el voto nulo: Pachakutik y la Conaie se pronunciaron por el no«.

¿Es una sorpresa el triunfo de Lasso? Angélica Abad  responde afirmativamente. Sus razones: 1) la distancia de votos que separó a Lasso de Arauz en la primera vuelta. Con tan sólo el 19,74% de la votación, pensar en una victoria tan holgada resultaba poco probable; 2) porque la mayor parte del electorado (67,79%) optó, en primera vuelta, por candidatos de izquierda (sea a la izquierda progresista de Unes, la socialdemocracia de ID o la izquierda ligada a los movimientos sociales y la agenda del movimiento indígena de Pachakutik), lo que no sugería un vuelco a la derecha; 3) por las discrepancias entre los sondeos de opinión, que dificultaron tener una idea clara sobre las tendencias en cuanto a intención de voto; y finalmente, 4) por la campaña sucia en contra de Lasso, aunque eso al final puede hacer sido un factor favorable para él.

Para Juan Pablo Morales, en cambio, el resultado era previsible, porque el de la primera vuelta desbarató los supuestos sobre los que se construyeron las dos campañas. Esto tomó por sorpresa al correísmo, que no pudo captar apoyos relevantes y que se mostraba confiado en ganar apoyo popular en el balotaje con un banquero. Guillermo Lasso dio un giro de 180 grados a su campaña, captando con éxito a indecisos y gran parte de los votantes de Pérez y Hervas. Finalmente, el voto nulo resultó representativo y gravitó a favor de la candidatura ganadora.

En cuanto al futuro, las cartas estaban descubiertas de antemano, mostrando una situación económica y social grave. La dispersión del voto ha dejado un Parlamento sin mayorías. La Asamblea Legislativa cuenta con 137 escaños; para la mayoría absoluta se requieren 69. Unes obtuvo 48, Pachakutick, 27 y el partido del presidente electo queda en quinto lugar, con 12. O Lasso se ocupa de articular alianzas desde ya o cabe esperar que el descontento social no tarde en manifestarse con fuerza

Perú: ¿Lo que las encuestas no supieron ver? 

Con el 99% de las actas procesadas y el 95% contabilizadas por la Oficina Nacional de Procesos Electorales (Onpe), está claro que a la segunda vuelta pasan Pedro Castillo y Keiko Fujimori. Para Milagros Campos, «las elecciones han sido atípicas en muchos sentidos; no sólo por la pandemia y la polarización. Se va a segunda vuelta con votaciones magras entre los dos primeros candidatos, con posiciones opuestas en la actitud hacia la empresa privada y hacia las industrias extractivas, pero con posiciones conservadoras en el marco de derechos. El factor del anti-voto también va a desempeñar un rol importante». 

Las encuestas venían dando cuenta de la dispersión del voto entre las 18 candidaturas que concurrieron. Lo que no parecía estar tan claro, y que probablemente explique por qué no se anticipó el triunfo de Castillo, es la marcada división territorial. En Lima, Bernardo López Aliaga, Hernando de Soto, Keiko Fujimori y Veronika Mendoza obtuvieron más votos que Castillo, que quedó en quinto lugar con un 7%. Sin embargo, son varios los departamentos en los que el triunfo de Castillo es contundente: en Apurimac se lleva el 53% de los votos y el siguiente es Yohni Lescano, con el 7%; en Cusco se lleva el 38% y la siguiente es Veronika Mendoza, con el 20%. Al menos en 17 de las 24 regiones Castillo gana con amplias mayorías. Aquí, como en Ecuador, quien gobierne lo hará con una minoría en el Legislativo y con una población aún más desencantada (y menos movilizada). Perú Libre contaría con 32 escaños y Fuerza Popular con 24, sobre los 130 totales. 

Bolivia: ¿’Trade-off’ entre fortaleza gubernamental y pluralismo?

Julio Ascarrunz analizó la primera vuelta de las elecciones sub-nacionales para Agenda Pública señalando que el MAS es el único partido con representación en todo el país y que, pese a haber perdido caudal electoral con respecto a las elecciones de 2015, seguía siendo el partido más fuerte. Aunque la segunda vuelta no invalida estas conclusiones, ¿relativiza el poder territorial del partido en el Ejecutivo? De los nueve departamentos, el MAS queda en el Gobierno apenas en tres, porque el pasado domingo perdió en los cuatro en disputa. Para Ascarrunz, «la cuestión de la derrota es relativa y depende del enfoque que se utilice. Desde una perspectiva de la política simbólica, discursiva, sí es una derrota bastante fuerte; porque pasan de controlar casi todos los departamentos a controlar tres. El mapa ya no está pintado de un solo color, pero tampoco son dos los que predominan. En términos institucionales no tiene tanto efecto porque las asambleas legislativas departamentales estaban conformadas antes de la segunda vuelta y el MAS tiene la mayoría en casi todas, es el partido mayoritario en los cuatro que fueron a elecciones el pasado fin de semana. En La Paz (55,6%), Pando (65%) y Chuquisaca (66,7%), por ejemplo, cuenta con mayorías absolutas».

Fuente: elaboración de Julio Ascarrunz con base en los datos del Cómputo Oficial.

En cuanto a la gobernabilidad, señala Ascarrunz que estamos ante una situación extrema de gobierno divivido en tres departamentos –mayoría absoluta legislativa del MAS y Ejecutivo de otro partido–, y que esto afectará a la gestión en un contexto de escasos recursos y necesidades elevadas. Este escenario de escasa capacidad fiscal, gobiernos divididos y necesidades urgentes parece un caldo de cultivo para el conflicto. Ante la poca capacidad de los departamentos, parece más probable la imposición desde el centro que el incentivo a la negociación, y que esto pueda generar resistencias en algunos departamentos. 

Al comenzar el año dábamos cuenta de la encrucijada en que estaban insertos los procesos electorales de la región (‘América Latina 2021: más opciones de salida y un ‘clamor’ de voces‘). Apenas terminado el primer trimestre, se vislumbra mucha movilización social en el horizonte mientras el crecimiento de las opciones de salida, el desencanto con la política, se ha hecho presente con más fuerza en Perú y con signos de interrogación en Ecuador. Esa desconexión entre los partidos y los votantes que con tanta precisión describió Peter Mair en ‘Gobernando el vacío’ también crece en América del Sur. 

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