Recuperación económica y transición ecológica van de la mano

Los efectos del Covid-19 están siendo y serán devastadores, no sólo a nivel sanitario sino también socioeconómico. Dicen que tras la tormenta viene la calma pero en este caso, cuando esta crisis haya pasado, nos enfrentaremos a una crisis climática cada vez más inminente. Un estudio liderado por la Universidad de Oxford, que cuenta con la participación del premio Nobel de economía Joseph Stiglitz, presenta resultados esperanzadores sobre políticas que podrían mejorar la situación económica de los países afectados por la pandemia, a la vez que muestran un potencial de impacto climático positivo.

En este proyecto se ha contado con la colaboración de 231 expertos en economía, incluyendo funcionarios del Ministerio de Finanzas y el banco central de 53 países. Éstos respondieron a un cuestionario, reflejando sus diferentes puntos de vista sobre políticas fiscales para hacer frente a la situación provocada por la Covid-19 en la fase de recuperación. Evaluaron subjetivamente cuatro aspectos: (i) velocidad de implementación desde el momento de la legislación (escala de menos de un mes a más de tres años); (ii) multiplicador económico a largo plazo (bajo a alto); (iii) potencial de impacto climático (altamente negativo a altamente positivo), y (iv) deseabilidad general (desde fuerte oposición a fuerte apoyo). En la Figura 1 se ven plasmados los resultados de los encuestados a nivel global, y en la Figura 2, los de aquellos provenientes, específicamente, de la Unión Europea y el Reino Unido.

Las políticas reflejadas en el cuadrante superior derecho de la Figura 1 son aquéllas que tienen un gran multiplicador económico a largo plazo y un impacto potencial positivo sobre el clima. Incluyen la inversión en infraestructura (T) y el gasto en I+D (Y) de energía limpia, infraestructura de conectividad (S), gasto en I+D general (X) e inversión en educación (L). Además, haciendo referencia al cuarto criterio de (deseabilidad general), en repetidas ocasiones las políticas que favorecen la disminución de la emisión de gases de ‘efecto invernadero’ fueron identificadas por los encuestados como ‘deseadas’.

[Con la colaboración de Red Eléctrica de España]

Otras opciones políticas relevantes incluyen la inversión en salud (M) y el reciclaje profesional de trabajadores (N). Dos arquetipos de política obtuvieron muchos puntos en el impacto climático potencial, pero no tantos en el multiplicador económico: inversión en espacios verdes e infraestructura natural (V), y mejoras de edificios para la eficiencia energética, incluidas las modificaciones en hogares (U). No obstante, se estima que estas políticas no requieren una gran formación de los trabajadores y que pueden implementarse rápidamente. De hecho, los encuestados procedentes de la UE y del Reino Unido tienden a considerar que estas políticas tienen un mayor multiplicador económico a largo plazo que la media de encuestados procedentes del resto de los países (Figura 2).

Estos resultados son útiles para guiar a los gobiernos en los próximos meses respecto a las políticas fiscales más adecuadas para la fase de recuperación ante la crisis causada por la Covid-19. Este estudio recomienda a los gobiernos que adopten cinco: creación de infraestructuras de energía limpia, modernización de la eficiencia energética de los hogares, inversión en educación y formación, inversión en capital natural y en I+D en energía limpia.

Además, señala que políticas beneficiosas para el medio ambiente también pueden tener consecuencias positivas en aspectos que no son puramente medioambientales y económicos. Un ejemplo sería conceder una dotación específica para el aislamiento de la vivienda a familias con recursos reducidos, lo cual redundaría en salud y bienestar social.

El informe pone de relieve que los efectos económicos, medioambientales y sociales señalados sólo tendrán lugar si se impulsan políticas que estén bien diseñadas. De lo contrario, estaríamos incurriendo en los mismos errores del pasado. Se hace referencia a la crisis financiera de 2008, en la que el diseño de algunas políticas fiscales no obtuvo los resultados económicos y medioambientales que se hubieran deseado. En el catálogo desarrollado en este estudio se identifican y recogen más de 700, incluidas aquéllas que se propusieron e implementaron en respuesta a la crisis global de 2008.

Además, como durante la pasada crisis, existe el peligro de que se produzca un retroceso en materia de transición ecológica, debido a la creencia de que el incremento de emisiones de efecto invernadero es el resultado inevitable del crecimiento económico tras una recesión. Por tanto, si no queremos acelerar el cambio climático, necesitamos medidas económicas que estén a la altura de las circunstancias y que no den solución a una crisis empeorando otra.

Este estudio puntero refleja que los gobiernos no tienen por qué elegir entre una recuperación económica eficaz o cumplir con los objetivos establecidos en el Acuerdo de París: ambos son compatibles. Asimismo, sugiere que esta combinación es potencialmente más factible teniendo en cuenta la modificación actual de comportamientos en la población. Por ejemplo, la modernización de la eficiencia energética de los hogares, junto al fomento del teletrabajo, al que muchos ciudadanos ya se han habituado, pueden reducir considerablemente la contaminación atmosférica de las ciudades.

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Esperemos que este estudio, en el que han participado líderes económicos mundiales, inspire la política de muchos gobiernos, incluido el español. El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco) ha publicado esta semana el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático (PNACC) 2021-2030 para “construir un país más resiliente a los impactos del cambio climático”, haciendo referencia a la necesidad de mitigar la vulnerabilidad de la sociedad y de la economía ante tales impactos. Documentos como el del Miteco y el de Oxford nos recuerdan que ahora, más que nunca, es el momento de actuar. La implementación de políticas favorables tanto para el medio ambiente como para la economía es esencial para no acelerar la crisis climática; porque, si no, como se argumenta en el artículo, es posible que saltemos de “la sartén del Covid-19 al fuego climático”.

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