¿’Quo vadis’ la política climática y energética alemana?

Los siguientes años son decisivos para fortalecer a Alemania y Europa para los grandes retos como el cambio climático, la digitalización, garantizar nuestro bienestar, la cohesión social y el cambio demográfico. La primera frase de un documento inicial suscrito entre los tres partidos aspirantes a formar el próximo Gobierno de coalición en Alemania deja claro que no son ni pocos ni pequeños los retos para la política germana y europea. 

Renovación, partida y progreso son palabras que se repiten en el documento, lo que contrasta con la percepción de muchos alemanes de que, después de 16 años de Angela Merkel como canciller, la política alemana se había estancado en la gestión del statu quo.

El clima y la energía fueron temas prominentes durante la campaña electoral. La expansión de las energías renovables, la transición de la movilidad, el precio del CO2, el rol del hidrógeno; pero también la prevención y gestión de desastres naturales relacionados con el cambio climático como las inundaciones del valle del río Ahr fueron objeto de muchos debates. 

Hay acuerdo respecto a la necesidad de actuar; pero existen marcadas diferencias entre los tres partidos del semáforo (por los colores de los partidos: rojo, amarrillo y verde) acerca de cómo ejecutar la transición hacia la sostenibilidad. Mientras que los liberales prefieren marcar objetivos ‘macro’ y dejar actuar el mercado para llegar a esa meta, los verdes prefieren actuar sobre el derecho reglamentario con prohibiciones e incentivos concretos. La posición del SPD es a menudo mucho más cercana a la de los verdes que a la de los liberales, y parece que los principales conflictos se producen entre FDP y los verdes. Puede sorprender que los socialdemócratas, al fin y al cabo el mayor partido del semáforo, estén actualmente tan callados

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En el ámbito de la movilidad, los liberales insisten en no excluir el rol de los ‘e-fuels’, combustibles sintéticos producidos con electricidad renovable. Una de sus ventajas es la compatibilidad con gran parte de la infraestructura existente, desde coches hasta gasolineras y gaseoductos. Sin embargo, casi todos los estudios científicos recientes al respecto (por ejemplo, ‘Long Term Scenarios for the Transformation of the German Energy System III’, del Ministerio de Economía y Energía (BMWi); ‘Ariadne’, del Ministerio de Educación e Investigación (BMBF); ‘Climate Neutral Germany by 2045’, de Agora Energiewende; y ‘Climate Paths 2.0’, de la Federación de las Industrias Alemanas (BDI) indican que son comparativamente más caros que otras alternativas y que requieren una gran cantidad adicional de electricidad renovable; además de la que de por sí se necesita para la transición energética.

Los verdes están claramente a favor de la movilidad eléctrica con hincapié en la necesidad de expandir rápidamente la infraestructura de recarga. Su argumento es que se perdería mucho tiempo si se dejase al mercado ‘decidir’ qué tecnología es la preferible y, consecuentemente, la dominante. Al decidir el Estado, se puede elaborar un marco regulatorio relativamente rápido y las empresas pueden elaborar sus modelos de negocio, estrategias y actividades de innovación dentro de ese marco, eliminando el riesgo de apostar por una tecnología no-ganadora. No hace falta mencionar que estas decisiones se tienen que tomar en el contexto europeo y, preferiblemente, para toda Europa.

Otro ejemplo de las diferencias entre los partidos del semáforo es el límite de velocidad. Alemania es el único país en Europa donde no existe uno general en las autovías. Y se estima que sólo lo hay en un 30% de la red actual. Durante la campaña electoral, los verdes hablaron frecuentemente de este tema. Han defendido que el sector de la movilidad no ha bajado sus emisiones de CO2 como otros y sigue siendo uno de los más contaminantes. Según el partido, un límite de velocidad ayudaría a reducir dichas emisiones “de forma significativa”, “en muy corto plazo” y “con poco esfuerzo”, además de aumentar la seguridad vial. Sin embargo, un límite de velocidad en las autovías es una línea roja (en mayúsculas) para los liberales, que no admiten que se quite esta libertad a los alemanes. El debate público al respecto es muy intenso y poco racional en muchas ocasiones. Pero está decidido: los liberales han anunciado que los verdes han cedido y no habrá límite de velocidad con el Gobierno ‘semáforo’

No obstante, hasta ahora ha sido muy poca la información pública sobre el estado actual de las negociaciones. Únicamente se han comunicado las líneas generales de las mismas, repartidas en 22 grupos de trabajo de los tres partidos de los que no se ha filtrado ningún detalle adicional. Eso sí, este 10 de noviembre, a las 18.00 horas, llegó el deadline y los grupos de trabajo entregaron sus respectivos documentos de resultados y, a partir de ahora, los jefes de los tres partidos negocian el acuerdo final.

En cuanto a la política climática y a la “economía de mercado socio-ecológica”, en el documento se afirma la necesidad y urgencia de actuar frente a la crisis, as´í como se precisan las “oportunidades” que brinda para la industria alemana. El semáforo planea incentivar la innovación en tecnologías y modelos de negocio para generar bienestar neutro en emisiones a la vez que trabajo digno. 

Los partidos se comprometen con la senda de los 1,5º C, con el cumplimiento del Acuerdo de París y con la reciente sentencia del Tribunal Constitucional. Ésta obligó al Gobierno anterior a precisar los objetivos por sectores y a adelantar en el tiempo los compromisos. El nuevo Gobierno va seguirá exigiendo a los sectores esfuerzos concretos. Pero el enfoque va a estar en la economía y la sociedad en su conjunto: el cumplimiento de los objetivos se fijará en un marco general (no especifico por sectores) y plurianual. 

En cuanto a la expansión de las energías renovables, el semáforo quiere simplificar los procesos administrativos de planificación y autorización. Las instalaciones fotovoltaicas sobre techos serán obligatorias para las nuevas construcciones comerciales (ya es ley en algunas comunidades autónomas o ‘Länder’) y “deberán ser la regla” para las residenciales. Para la eólica en tierra, objeto también de mucho debate y, parcialmente, de rechazo social, el 2% de la superficie deberá destinarse a la misma. Para combatir el citado rechazo social, una parte de las ganancias de los parques eólicos se destinarán a los municipios vecinos. El objetivo es hacer tangibles los beneficios de la transición energética. 

De toda la electricidad generada en el primer semestre de 2021, el 27% proviene del carbón, un 6% más que en el 2020 y cinco puntos más que la procedente de la eólica, número dos en el mix alemán. La ley vigente de la salida del carbón obliga al Gobierno realizar el ‘phase-out’ antes del año 2038; demasiado tarde en opinión de muchos expertos, que no lo consideran necesario para garantizar el suministro eléctrico frente al phase-out de la nuclear, que se culminará el año que viene. El ‘semáforo’ prevé adelantar el abandono total del carbón “idealmente a 2030”

Otras de las líneas generales son la transición justa en zonas afectadas por la transición energética (por la salida del carbón, por ejemplo), una revisión del funcionamiento del comercio de emisiones y la reducción del precio de la luz, eliminando el suplemento ligado a los costes adicionales de red que, a su vez, están relacionados con las renovables. Asimismo, el semáforo planea rediseñar el funcionamiento del mercado alemán de electricidad. 

Aún quedan muchos detalles por definirse. “Nada está decidido hasta que no esté decidido todo”, dicen los partidos del semáforo.

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