¿Qué quieres (o podrás) ser de mayor?

“Las personas y las familias deben ser nuestra preocupación fundamental. Especialmente nuestros jóvenes; su nivel de desempleo es altísimo, y no pueden ser los perdedores de esta situación”. Esta frase, del último discurso de Navidad del Rey, apenas ha tenido eco en el debate político.

Los datos en España muestran un problema estructural respecto a las oportunidades de futuro de nuestros jóvenes, persistente en el tiempo. Son ellos quienes, en mayor medida, están sufriendo las consecuencias laborables derivadas de la pandemia, sin todavía haberse recuperado de los estragos causados por la crisis financiera que comenzó en 2008. Según este estudio, los porcentajes de desempleo entre los menores de 25 años superaban a finales de 2019 el 30%, entre 13 y 15 puntos porcentuales por encima de los datos de 2008. En noviembre de 2020, esa cifra ascendía al 41%, según Eurostat, convirtiéndonos de nuevo en el país con los peores datos de la Unión Europea (cuya media se situaba en el 17,7% en dicho mes).

La tasa de temporalidad entre el grupo de edad que va de los 20 a los 24 años alcanza el 66,6%, y tan sólo desciende en 20 puntos porcentuales en la siguiente franja de edad (de 25 a 29), situándose en el 46,6%; muy por encima de la media para el conjunto de los trabajadores que, según datos de Instituto Nacional de Estadística para 2019, se encuentra en el 26,2%.

Las causas de esta situación son sobradamente conocidas y han sido ampliamente estudiadas, destacando entre ellas la temporalidad, la dualidad laboral, bajos salarios, altas tasas de abandono escolar y una formación profesional infra-desarrollada y desprestigiada. De hecho, el Banco de España prueba cómo los jóvenes con mayor formación reciben, comparativamente, salarios menores a los de décadas precedentes; en contraposición con los de las personas menos formadas, cuyos ingresos apenas han variado.

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Según Bruegel, los trabajadores que estuvieron en paro cuando eran jóvenes suelen tener menores salarios a lo largo de su vida y se emancipan más tarde. Según Eurostat, la edad media de emancipación en España es de 29 años, lo que tiene un importante efecto en su bajísima tasa de fertilidad; la segunda más baja de la UE, con 1,26 hijos por mujer en 2018.

La emigración, la falta de oportunidades laborales y los bajos salarios de los jóvenes ahondan más en el problema de una constante reducción del número de personas en edad de trabajar frente a una población jubilada en continuo crecimiento. Los emolumentos de este último grupo no han dejado de crecer en los últimos años, lo que les ha ido permitiendo mantener, e incluso mejorar, su poder adquisitivo; el escenario opuesto al del colectivo más joven, lo que sin duda tendrá un impacto en términos de equidad intergeneracional.

Aparte de las consecuencias económicas y sociales, esto podría tener un reflejo en la composición de nuestro espectro político. El apoyo al bipartidismo claramente se erosiona a medida que analizamos los votos de los tramos de población más jóvenes. En las últimas elecciones generales de 2019, los menores de 30 años se decantaron en mayor medida por nuevos partidos; principalmente, por Vox y Podemos, que obtuvieron en conjunto nueve puntos porcentuales más de apoyo en esta franja de edad que entre el conjunto de la sociedad, según un análisis de Sociométrica explicado aquí).

En los primeros meses del confinamiento, se perdió el 2% de los trabajos fijos y el 16% de los temporales, afectando especialmente a jóvenes y mujeres. Según las previsiones de la OCDE, España será el país europeo con peores perspectivas en su mercado laboral. Con esta situación, las prioridades de las administraciones públicas (como muestra este ‘post’ sobre los Presupuestos Generales del Estado) se encaminan, nuevamente, a subidas salariales generalizadas del personal de la Administración del Estado y de los pensionistas, mientras alcanzamos niveles históricos de endeudamiento a los que deberán hacer frente los hoy jóvenes en el futuro. La falta de equilibrio entre los recursos que el Estado destina per cápita a las generaciones mayores en detrimento de los jóvenes también ha sido analizado en estudios como éste.

Tal vez fuera necesario un mayor análisis sobre cómo esta situación afecta al estado anímico y a la motivación de la juventud, pues no cabe duda de que se está generando una enorme frustración por la falta de oportunidades en el futuro. Hoy, si preguntas a universitarios o estudiantes de bachiller sobre lo que quieren ser de mayores, la mayoría te responderá que funcionarios, de lo que sea, porque saben que aspiran sólo a buscar estabilidad para vivir e intentar, al menos, realizarse en lo personal, pues no tienen esperanzas en lo profesional. Es una clara muestra de nuestro fracaso como sociedad.

El paquete de estímulos recién aprobados por los organismos de la Unión Europea, que incluye el nuevo Presupuesto Plurianual 2021-2027 y el Plan de Recuperación de la UE conocido como NextGenerationEU, suponen una movilización histórica de fondos encaminados a promover una transformación de la sociedad, basada en los pilares de la sostenibilidad y la digitalización. Tenemos que aprovechar esta oportunidad asegurando que la implementación de estos recursos se lleva a cabo de forma justa, de manera que no ahonde más en la dramática situación de una generación que, sin duda, es la más perjudicada por la doble crisis vivida en este siglo.

La Comisión Europea se ha comprometido a destinar 22.000 millones de euros para fomentar el empleo juvenil. Esta financiación debiera servir no sólo para ofrecer opciones de formación o educación más acordes con las necesidades reales de la sociedad, sino para que estos cambios estén ligados a transformaciones del tejido empresarial, económico y social. Cabe decir que dicha cantidad, en cualquier caso, es muy baja en términos comparativos con el monto total de la iniciativa comunitaria (más de 1,8 billones de euros), y que tendrá un impacto casi nulo si no viene acompañada de reformas estructurales de calado.

La Autoridad Independiente de Autoridad Fiscal (Airef) ha reconocido que los efectos positivos derivados de los incentivos existentes para la contratación no perduran en el tiempo una vez que desaparezca el incentivo. El propio organismo recalca que la eficacia de estos mecanismos debe mejorar, y que éstos no pueden sustituir las necesarias reformas estructurales de las que precisa nuestro mercado laboral.

Bruselas parece exigir a España modificaciones de tipo estructural en nuestro mercado de trabajo y en las pensiones. La reforma educativa debiera ser el tercer pilar de un paquete de actuaciones que de verdad tengan un impacto en el futuro laboral de nuestros jóvenes, así como en la recuperación de su autoestima y su motivación.

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