¿Qué me ofreces a cambio de mi voto?

Las elecciones del martes pasado en Madrid han vuelto a poner de manifiesto algo que a veces olvidamos: cada vez más, el elector exige a los partidos que le den razones para votarlos. El voto automático, el de aquellos que optan por una fuerza política porque lo han hecho siempre o porque la consideran su partido es cada vez menor. En cambio, crece el voto de quienes sólo acuden al colegio electoral si se sienten llamados, si se les interpela desde las diferentes candidaturas. Es como si el elector le exigiera al partido que responda a una sola pregunta: ¿por qué te tengo que votar?

Los datos de las encuestas son contundentes. El voto automático, el que opta por un partido concreto pase lo que pase y presente a quien presente, está en proceso de desaparición. Cada vez son menos los que tienen decidido el voto desde antes de que se convoquen las elecciones, y más los que esperan a ser convencidos por los mensajes que lanzan los partidos y vehiculan los medios. Cada vez son menos los electores que votan a los suyos y más los que se miran la oferta desde cierta distancia y preguntan: y tú, ¿qué me ofreces a cambio de mi voto?

En Madrid, esta necesidad de razones para llevar al elector ante la urna se ha hecho evidente, y explica en buena medida los resultados de las diferentes fuerzas. Por un lado, el elector de derecha llegaba a la cita con el saco lleno de razones para participar. Su voto servía para enviar un mensaje al odiado Gobierno central y, concretamente, a Pedro Sánchez, su bestia negra. Además, votar al PP le servía a ese votante para defender el ‘hecho diferencial’ madrileño frente a los que pretendían cargárselo, ya fuera con el toque de queda o con la amenaza de armonización fiscal (socialismo o libertad).

Del otro lado, al votante de la izquierda madrileña se le pedía que fuera a votar porque sí, porque tocaba, y se le exigía que votara a los ‘suyos‘. Las explicaciones de Juan Carlos Monedero en el programa de Josep Cuní en SER Catalunya el miércoles eran una prueba evidente de la manera en que alguna izquierda entiende que debe conseguirse el voto: o me lo das a mí o eres un gilipollas. Tal cual.

[Recibe los análisis de más actualidad en tu correo electrónico o en tu teléfono a través de nuestro canal de Telegram]

La diferencia entre cómo unos y otros encaraban estas elecciones ha sido abismal; como mínimo, hasta la última semana de campaña. Al elector de derechas se le ha ido nutriendo de razones desde hace tres años, exactamente desde que el malévolo Sánchez sacó a Mariano Rajoy de la Moncloa para instaurar un Gobierno “ilegítimo”, gracias al apoyo de los cuatro jinetes del apocalipsis (radicales, terroristas, independentistas y chavistas). Desde el verano de 2018 el elector de derecha de toda España, pero especialmente el de Madrid, ha sido instruido de forma constante, coherente y coordinada, tanto por el PP como por los medios afines, utilizando para ello cualquier noticia (la pandemia, el Gobierno de coalición, la Ley Celáa) para percutir sobre los mismos puntos. Con el estallido de la pandemia, el PP de Madrid encontró el argumento definitivo: la libertad. Imbatible.

En cambio, durante este tiempo al elector madrileño de izquierdas se le ha ido convenciendo que Isabel Díaz Ayuso era poco más que un accidente, una persona que sólo dice tonterías y se equivoca cada vez que le ponen un micrófono delante, que hace hospitales sin camas, se deja fotografiar como una mater dolorosa para la portada de un periódico y da apoyo a las teorías de la conspiración más inverosímiles (como cuando afirmó que la D de Covid quería decir diciembre). Un personaje cuyo único mérito había sido el de gestionar la cuenta de Twitter de Pecas, el perro de Esperanza Aguirre.

Una vez convocadas las elecciones, se vieron los efectos de todo esto. El votante de derecha salió en masa, con una rabia y una convicción aplastantes. Las encuestas preelectorales señalaban que casi el 90% se mostraba seguro de ir a votar, el 86% de los votantes del PP declaraba que volverían a hacerlo y Ayuso conseguía una valoración media de 8 y 9 entre los que se situaban del centro a la derecha.

Los de izquierda mostraban mucho menos convencimiento y una menor movilización, menos apoyo a sus candidatos y tasas de fidelidad inferiores al 60%. El escenario recordaba terriblemente al de las presidenciales americanas de 2016: un candidato despreciado y ridiculizado por sus rivales que, a pesar de ello, galvanizaba a su electorado con un discurso radical y contundente, mientras los demócratas quedaban prisioneros de una estrategia nefasta.

En la última semana de campaña, a raíz de las amenazas contra Pablo Iglesias, Fernando Grande-Marlaska y la directora general de la Guardia Civil, pareció que la izquierda se animaba, intentando darle a su votante alguna razón para acudir ante las urnas, aunque ésa fuera poco sofisticada (democracia o fascismo) y se ciñera al marco polarizador propuesto por el PP (incomprensiblemente, nadie no hizo mención alguna a la corrupción, a pesar de que en ese mismo instante se estaba celebrando el juicio por la caja b del PP en la Audiencia Nacional).

A la vista de los resultados, parece evidente que el cambio llegó tarde para conseguir incentivar la participación del votante de la izquierda. Pero no sólo eso: el error fundamental de la izquierda fue no haber entendido no sólo que es imprescindible dar motivos a los electores para conseguir su voto, sino que estos motivos deben apelar a los intereses de estos electores, les tienen que hablar de su vida, de sus necesidades y expectativas. Ayuso lo entendió perfectamente: por eso hablaba de bares, es decir, de puestos de trabajo, y también de las ganas locas que mostraba una parte de la población de recuperar su vida pre-pandémica.

Mientras ella le hablaba al elector de su vida, la izquierda lo convocaba a un combate conceptual con reminiscencias de hace 90 años, sin ser capaz de aterrizar su discurso en el día a día del elector madrileño de 2021. Mientras Ayuso proponía bajar los impuestos, la izquierda pedía el voto para parar al fascismo, pero sin ser capaz de explicar qué suponía para la vida del elector concreto que ganaran los fascistas.

El caso madrileño deja una lección: es imprescindible dar razones al elector si se quiere que éste se levante del sofá. No hace falta que sean razones muy elevadas ni muy complejas. De hecho, acostumbran a ser más efectivas las razones más bien elementales y simples, así como las reactivas (voto a éste porque no quiero que gane ése otro). Es lo que ha hecho Ayuso y le ha funcionado a la perfección, y es lo que no ha sabido hacer la izquierda, prisionera de un espejismo en el cual pulsas una tecla y el pueblo de izquierdas se pone en marcha como un solo hombre.

Madrid nos muestra que se ha terminado el tiempo del toque de corneta (o del más prosaico toque de pito). El elector quiere ser convencido (seducido, como diría Gutiérrez Rubí), quiere entender que es él el que elige, el que escoge, el que lleva la iniciativa y no que responde como una oveja o como el perro de Pavlov. Se ha acabado el voto porque sí, en Madrid y en todos sitios. Los partidos que no lo entiendan están condenados al fracaso o a la extinción, como los dinosaurios.

Hace 35 años The Smiths, en su canción ‘Panic’, invitaba a su audiencia a quemar las discotecas y a colgar a los disc-jockeys, precisamente porque “la música que pinchan constantemente no me dice nada sobre mi vida”. Las discotecas donde pongan ese tipo de música van a acabar ardiendo, y a sus disc-jockeys sólo les espera un destino. Hang the DJ!

Contra la pandemia, información y análisis de calidad
Colabora con una aportación económica

Autoría

0 Comentarios

  1. Fvj
    Fvj 05-17-2021

    Me ha parecido una conclusión en busca de una tesis: Este artículo olvida que la derecha ha ganado en TODOS (98%) los pueblos y ciudades de la CAM y que la participación ha crecido muchísimo. O sea que no es que la izquierda se haya desmovilizado. Es que han cambiado el voto. Y tampoco está claro que sea un problema de discurso equivocado de la izquierda (véase Mas Madrid).
    Hay varios factores en juego y esta idea de “cúrratelo” si quieres que te vote no me parece explicar lo que ha sucedido.
    Pero gracias siempre por el esfuerzo de escribir y compartir

Deja un comentario

X

Uso de cookies

Esta página utiliza cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle información relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso.. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.