¿Qué explica la desestabilización del sistema de partidos alemán?

El secreto mejor guardado de las elecciones alemanas de 2021 es que los partidos gobernantes fueron reelegidos. En principio, Alemania podía continuar con la llamada coalición GroKo entre la CDU/CSU cristianodemócrata y el SPD socialdemócrata; pero casi nadie contempla esa posibilidad. Los meses anteriores a las elecciones habían estado dominados por el acuerdo tácito, y casi universalmente compartido, de que el país necesita un nuevo gobierno.

En los sistemas de partidos típicamente institucionalizados, los ciudadanos eligen entre un número limitado de alternativas de gobierno. Alemania solía tener un sistema estable por excelencia, en el que la elección se limitaba a una coalición de centro-derecha, liderada por la CDU/CSU, una coalición de centro-izquierda, liderada por el SPD, y una gran coalición entre ambos partidos. Por el contrario, en septiembre los alemanes se enfrentaron a un desconcertante conjunto de opciones.

Dado que todos los partidos alemanes tienen colores (CDU/CSU: negro; SDP: rojo; el liberal FDP: amarillo; la izquierda radical Die Linke: rojo; la derecha radical AfD: azul; los Verdes: no hay que adivinar), y dado que los votantes germanos tienden a pensar en banderas cuando oyen hablar de posibles combinaciones de coaliciones, las alternativas de Gobierno suelen asociarse con banderas nacionales. Jamaica se refiere a una coalición entre la CDU/CSU, el FDP y los Verdes; Kenia (o Afganistán) se refiere a la CDU/CSU, el SPD y los Verdes; y Alemania se refiere a la CDU/CSU, el SPD y el FDP. Una coalición de SDP, FDP y Verdes podría denominarse Lituania, pero es más conocida como coalición semáforo.

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Una quinta combinación, al menos teóricamente posible, sería una coalición entre la CDU/CSU, el FDP y la AfD. Aunque esta composición (‘Bahamas’) contaría con una clara mayoría en el ‘Bundestag’, en la práctica se considera tabú, como demostró claramente la crisis de gobierno de Turingia en 2020. El Estado Libre de Turingia es también un ejemplo de otra posible fórmula, que es la favorita de los votantes de izquierda, entre el SPD, Die Linke y los Verdes. Finalmente, esta coalición (por alguna razón no llamada Transnistria, sino rojo-rojo-verde) no logró obtener una mayoría operativa, ni siquiera con el apoyo del partido minoritario danés SSW, que está en el Parlamento por primera vez desde 1949.

Lo que muestra este panorama es que las elecciones federales alemanas de 2021 fueron inusualmente abiertas. El antaño cerrado y muy estructurado sistema de partidos de este país mostró su cara abierta e imprevisible. La pregunta que un observador puede hacerse con razón es: ¿cómo ha llegado la política alemana, un oasis de estabilidad y previsibilidad hasta hace poco, a este estado? En un libro reciente en el que se analizan las causas y consecuencias de la institucionalización de los sistemas de partidos en Europa desde 1848, se ofrece una respuesta parcial al describir la cadena causal que ha conducido a la desestabilización de los sistemas de partidos en muchos países europeos, incluida Alemania.

Por qué cambian los sistemas de partidos

En nuestro análisis del proceso de desarrollo y estabilización de los sistemas de partidos en 47 países europeos, mostramos cuatro factores que empujan a los partidos políticos a comportarse de forma predecible y estructurada: la experiencia democrática, la institucionalización de los partidos, los bajos niveles de fragmentación parlamentaria y la polarización.

Encontramos que los votantes serán capaces de elegir entre alternativas de Gobierno claras y bien establecidas cuando se cumplan ciertas condiciones. Éstas son que la democracia se convierta en «el único juego en la ciudad», que los partidos políticos estén socialmente arraigados y sean fuertes organizativamente, que el número de partidos «efectivos» en el Parlamento no sea superior a cuatro, y que el nivel de apoyo a los partidos anti-políticos-establishment (por ejemplo, partidos populistas y radicales) sea inferior al 10%.

Por el contrario, cuando los ciudadanos están insatisfechos con la democracia, los partidos van y vienen, los nuevos consiguen obtener representación parlamentaria y los extremistas logran atraer un apoyo electoral considerable, los sistemas de partidos permanecen cambiantes y la formación de gobiernos se vuelve imprevisible. Esta lógica es aplicable a Alemania.

De la estabilidad a la inestabilidad

La siguiente figura resume la historia de la política de partidos alemana desde 1949 y describe lo que llamamos «la ruta real» hacia la estabilidad del sistema de partidos. Dadas sus peculiares circunstancias (ocupación, división territorial, etc.), la democracia en Alemania Occidental se convirtió en «el único juego en la ciudad» casi desde el principio. En consecuencia, el sistema de partidos pronto se convirtió en una contienda tripartita entre los democristianos de la derecha, los socialdemócratas de la izquierda y los liberales del centro.

Finalmente, y sobre todo a raíz de la prohibición de los partidos neonazi y comunista por parte del Tribunal Constitucional en la década de 1950, el sistema de partidos alemán desarrolló una estructura de competición centrípeta e ideológicamente moderada en la que las coaliciones CDU/CSU-FDP se alternaban con las SPD-FDP. El contraste con el periodo de entreguerras, que también se muestra en nuestro libro, no podía ser más marcado, ya que Alemania dejó atrás una época de golpes de estado, partidos débiles, gran fragmentación y una gran polarización.

Las cosas empezaron a cambiar tras la reunificación alemana en 1990, cuando cinco nuevos estados federados, con más de medio siglo de experiencia autoritaria, se incorporaron a la República Federal. El espacio político post-comunista convergió en la izquierda (Die Linke), mientras que la fusión de varias agrupaciones ecologistas dio lugar al ascenso de los Verdes. El número de partidos creció, la polarización aumentó (especialmente tras la crisis de los refugiados) y los partidos tradicionales (CDU/CSU, SPD y FPD) se redujeron. Estos acontecimientos prepararon el terreno para un cambio en la estructura de la competencia entre partidos y condujeron a la proliferación de alternativas gubernamentales viables.

¿’Quo Vadis’ Germania?

Actualmente, la coalición Lituana o del semáforo es la combinación más probable. La historia también parece estar de su lado. En primer lugar, mientras que el SPD ha estado en coalición tanto con el FDP como con los Verdes, no hay antecedentes de una coalición de Gobierno entre los Verdes y la CDU/CSU. En segundo lugar, en 16 de las 19 elecciones celebradas desde 1949, el canciller procedía del partido ganador. En tercer lugar, la última vez que un canciller no se presentó a la reelección (Helmut Schmidt en 1982), la oposición ganó las elecciones y formó Gobierno.

Sea cual fuere la combinación final, la política alemana está condenada a seguir siendo imprevisible durante algún tiempo, y la inestabilidad del sistema de partidos puede convertirse en la ‘nueva normalidad’. Parece que por fin ha llegado el momento de seguir el dictado de Goethe: «Siempre debemos cambiar, renovar, rejuvenecer; de lo contrario, nos endurecemos».

(Este análisis se publicó originalmente en EUROPP de la London School of Economics and Political Science)

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