PSC y ERC, ‘sit and talk’

En la primera comparecencia tras los resultados electorales el líder de ERC, Pere Aragonès, tenía un mensaje en clave europea: “Sit and talk. I would like to send a message to European authorities; the results are clear”. En efecto, los resultados son claros: la ciudadanía en Cataluña ha votado diálogo por la izquierda. Con 83 diputados, ha obtenido en conjunto 22 diputados más que en 2017, y la mayor suma de parlamentarios en la historia reciente de Cataluña. Las últimas dos veces que la izquierda tuvo mayoría en el Parlament (en 2003 y 2006), PSC, ERC e ICV (actualmente integrados en En Comú Podem, ECP) se pusieron de acuerdo para formar un tripartit. Esta vez la fórmula debería ser distinta, pero con un objetivo similar: respetar las diferentes lecturas de los resultados y, al mismo tiempo, priorizar el eje izquierda-derecha sobre el nacionalista.

Tras las elecciones de 2019, decíamos que el horizonte de ERC es el PNV. La coalición independentista catalana ERC-CiU/Junts ha sido un fracaso completo desde el punto de vista de la política social (e incluso de la territorial), y ha llegado el día que ERC tome la decisión de convertirse en el PNV catalán.

El relato independentista nos tiene acostumbrados a expresiones épicas y a días históricos, pero el resultado del 14-F pone sobre la mesa de ERC un verdadero compromiso con la Historia: gobernar la Generalitat por primera vez en 80 años; que es el mismo tiempo que hacía que no se constituía un Gobierno español de coalición. Esquerra, consciente de que tenía que ampliar su base para sorpassar a Convergència/Junts y convertirse en el partido independentista hegemónico, lleva desde el liderazgo de Oriol Junqueras yendo por el voto de clase trabajadora y que votaba tradicionalmente socialista. A la vista está que era una estrategia acertada, pero ha llegado el momento de hacerse mayor y tomar el mando del independentismo catalán. ERC tiene la oportunidad de dejar de decir (como Quirce en la maravillosa novela Los Santos Inocentes, de Miguel Delibes) lo mismo que su padre Paco el Bajo («a mandar; para eso estamos, señorito») y enviar a Junts y sus políticas liberales a la oposición. Este partido está lleno de discrepancias internas (ellos lo llaman transversalidad) y, si no gobierna, se desintegra.

No se trata de inventar nada nuevo, sino de seguir el camino que abrieron Gabriel Rufián, Joan Tardà o Aitor Esteban en Madrid, que es ser el partido útil y conseguir el mejor acuerdo sin renunciar a sus principios. Durante años (y décadas), la misma Convergència (CiU) que ahora defiende la independencia pactó con el PP de José María Aznar en Madrid, y el PP catalán de Alicia Sánchez-Camacho fue el socio preferente de Artur Mas hasta 2010; y nadie dudó de la catalanidad de CiU. ERC debe escuchar no sólo a sus votantes, sino a la abrumadora mayoría de izquierdas que existe en el Parlament.

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Socialistas y republicanos son dos partidos históricos que se definen como socialdemócratas, y ERC y En Comú Podem comparten el Grupo Verde en el Parlamento Europeo. ECP puede ejercer de puente entre ambos partidos y hacer que éstos busquen, y encuentren, sus similitudes: un modelo de país basado en el fortalecimiento de los servicios públicos (con énfasis en la Sanidad y la Educación), la protección del medio ambiente a través del Green New Deal, el combate contra las desigualdades y la pobreza, el feminismo, así como presionar para que el Gobierno central vire más a la izquierda. Particularmente en medio de una pandemia, hace falta un Gobierno catalán con capacidad de gestión y sensibilidad social.

Dicho todo esto, hacen falta dos para bailar un tango. El PSC ha ganado las elecciones en votos y empatado en escaños, pero no tiene una mayoría parlamentaria para gobernar. El PSOE mostró responsabilidad de Estado formando una coalición con Podemos a nivel nacional, a pesar de su reticencia inicial. De forma similar, el PSC tiene la oportunidad de ejercer esa misma responsabilidad si facilitase la formación de un Ejecutivo de izquierdas catalanista (ERC+ECP), pero no independentista. Este pacto sería parecido al del Ayuntamiento de Barcelona (aunque a la inversa, con PSC apoyando desde fuera), que ha sido un ejemplo de que es posible no estar en el Gobierno pero condicionarlo.

El PSOE titubeará sobre la posibilidad de apoyar a un Gobierno de Esquerra en Cataluña. Sin embargo, un pacto PSC-ERC, que probablemente incluiría indultos para los independentistas en prisión, puede precisamente bajar la tensión política que ha habido en España con la cuestión catalana desde 2012. Por primera vez desde 2010, la derecha nacionalista de CiU/Junts no estaría al frente del Govern. El pacto facilitaría la gobernanza a nivel nacional: históricamente, es muy difícil gobernar España sin tener una cierta implantación social y política en Cataluña y el País Vasco. Las derechas tradicionales, tanto las españolas (PP, Cs) como las catalanas (Junts, PDeCat) están en crisis, y la crispación con Cataluña es justo lo que ha permitido el auge de la extrema derecha (Vox).

En clave europea, este pacto supondría un respiro para el Gobierno progresista español. Con la marcha de Reino Unido, España se ha convertido en un país aún más importante en la Unión Europea. En este contexto, debiera ser una prioridad evitar que se repita un camino como el de 2017 (referéndum y posterior declaración de independencia unilateral). El conflicto catalán es un arma arrojadiza para las derechas que no sólo marca la agenda catalana, sino también la española y, hasta cierto punto, la europea. Recientemente, en el famoso viaje de Josep Borrell a Rusia, el ministro de Asuntos Exteriores de este país utilizó precisamente los presos políticos catalanes para justificar la detención de Alekséi Navalny. En un país históricamente europeísta como España, más polarización en torno a las banderas es un error no forzado. Además, sabiendo que los nacionalismos se retroalimentan, que CiU/Junts y Vox son dos caras de la misma moneda, es hora de priorizar el eje social por encima del nacional.

Apelamos, por tanto, al espíritu internacionalista de la izquierda para apoyar un Gobierno catalanista pero no independentista, formado por ERC y ECP y apoyado desde fuera por el PSC. De la misma forma que Esquerra mostró generosidad apoyando el Gobierno de coalición español, es el momento de la reciprocidad por parte del PSC y el PSOE.

Y si todos los argumentos dados hasta aquí no han convencido a ERC y PSC a entenderse, quizá valdría la pena recordar otro: la alternativa es (mucho) peor. Junts no sólo tiene varios casos de corrupción heredados de la Convergència que ahora reniegan, sino que sus líderes tienen los suyos propios. Además, un Gobierno catalán con Junts significa lo peor de los dos mundos: por un lado, una falta absoluta de política social de izquierdas y, por otro, un nacionalismo que amenaza constantemente con la vía unilateral. La repetición electoral es una opción que ni planteamos en un contexto de emergencia sanitaria y social.

PSC, ERC, sit and talk. La valentía será recompensada.

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