Por una respuesta común a la seguridad en la UE

Los movimientos actuales en el sistema internacional colocan a Europa, y a la Unión Europea en particular, en una posición privilegiada para desempeñar un papel activo como actor internacional. Y este contexto, condicionado a numerosos retos en materia de seguridad, obligan a la UE y a sus países miembros a dar un paso al frente, en un entorno donde la separación entre seguridad interior y seguridad exterior está cada vez más difusa.

Una de las grandes lecciones aprendidas de los últimos años es que muchos de los riesgos a la seguridad de hoy son globales, y no pueden afrontarse, de manera completa y eficaz, en solitario. Tampoco mañana. El terrorismo yihadista o los ciber-riesgos son dos claros ejemplos de esta realidad. Amenazas complejas que no pueden afrontarse sólo desde la soberanía nacional, y más en un entorno en que surgen nuevas amenazas de carácter híbrido y transnacional. Tampoco abordarse desde un solo ángulo. Desafíos a la seguridad que van desde el cambio climático al crimen organizado, del tráfico de armas y de personas al surgimiento de pandemias o amenazas biológicas, entre muchas otras. Y todo en un contexto donde otros grandes actores internacionales se están re-posicionando.

Durante la campaña electoral europea del 26-M, publicaremos en colaboración con Instrategies think&do una selección de artículos sobre los principales retos a los que se enfrenta el nuevo Parlamento Europeo

Hablemos claro: lo que pasa fuera de las fronteras europeas tiene un impacto en la UE, y no podemos ignorarlo. Gran parte de las regiones más inestables y conflictivas del mundo se encuentran en las fronteras de Europa o muy próximas: Siria, África Subsahariana, Oriente Próximo, Turquía, etc., y esta proximidad debe obligar a la Unión Europea a implicarse de forma más activa en la búsqueda de soluciones. El primer reto actual para la UE es la estabilidad geopolítica en el Mediterráneo, y es que el propio orden de seguridad europeo se va extendiendo geográficamente a modo de capas concéntricas.

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El ejemplo más claro lo tuvimos durante la mal denominada crisis de refugiados, que puso sobre la mesa la necesidad de ampliar y reforzar la acción exterior de la UE. Durante años numerosos conflictos bélicos y crisis humanitarias forzaron la salida de miles de personas de sus hogares en Oriente Medio y África y, a pesar que la UE fue y es un actor activo -como principal donante internacional en ayuda humanitaria y de cooperación- en hacer frente a estas crisis, este papel resultó insuficiente para revertir una situación que, a todas luces, desbordó las previsiones de las autoridades europeas e internacionales. Un asunto humanitario y de resolución de conflictos fuera de las fronteras europeas se convirtió en un problema político y social para varios gobiernos europeos, además de seguridad interior. Una clara advertencia de los retos que la UE afrontará los próximos años. Las previsiones apuntadas por organismos y organizaciones internacionales avisan de que, si no se actúa a escala global y de forma coordinada, el número de desplazados internos y personas refugiadas seguirá aumentando, con el consiguiente riesgo de desborde.

Más allá de los retos tradicionales de seguridad, se está avanzando en la detección de nuevas amenazas; por ejemplo, en materia de ciber-seguridad. Aquí, la UE está dirigiendo importantes esfuerzos para hacer frente a las crecientes vulnerabilidades de la Red, ya sea por ciber-ataques a sectores estratégicos, ciber-delitos y campañas de desinformación. Resultará clave para revertirlas la colaboración e implicación no sólo de los gobiernos nacionales, sino también de las empresas tecnológicas.

El nuevo ciclo político que se abre en la Unión Europea en las próximas semanas tras las elecciones europeas y la designación de los nuevos líderes comunitarios debe ser aprovechada para avanzar en una política comunitaria común que afronte los innumerables retos y desafíos en materia de seguridad, interior y exterior, que la UE y todos sus miembros tienen y tendrán los próximos años. Para ello, será necesario que los estados miembros aumenten la confianza entre ellos, como por ejemplo se está haciendo en la lucha antiterrorista, y se refuerce la integración europea en materia de seguridad, empezando por identificar áreas donde operar conjuntamente. Nos lo jugamos todo.

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